Desaparición de Cristal

Capitulo 23

El camino hacia la manada real se le hacía eterno a Cristal. Vivía con el miedo constante de ser atacada otra vez. ¿Por qué ella? ¿Qué tenía de especial? Kiara le respondió con voz serena:

—Con el tiempo lo entenderás.

No dijo nada más. Cristal seguía dándole vueltas en su cabeza a las palabras de la bruja. "Ella necesita mi ayuda para salvar a su hermana, pero ¿cómo lo haré si apenas puedo cuidar de mis hijas y de mí misma?"

Leonidas no le quitaba la vista de encima. Aunque ella estuviera sumida en sus pensamientos, él todavía tenía la rabia ardiendo en su interior. No podía quitarse de la cabeza el sufrimiento que aquel bastardo cazador había causado a su compañera y a sus hijas. No descansaría hasta hacerle pagar.

Apenas estaban a unos pocos kilómetros de distancia de la manada real cuando Leonidas sintió algo extraño. El aire era distinto. Olía a amenaza y a muerte.

No esperó a que el coche se detuviera. Abrió la puerta de golpe y saltó fuera, transformándose en su lobo en un parpadeo. Antes de correr hacia la manada, enlazó mentalmente con la guardia real que escoltaba el coche:

—Protéjanla con su vida y no se detengan hasta que estén en el palacio. Allí los esperaré.

Y sin más, desapareció entre los árboles. Necesitaba saber qué había pasado en su ausencia.

Cuando llegó a las puertas del palacio, el Beta real lo esperaba con expresión tensa.

—¿Qué ha pasado aquí? —preguntó Leonidas con el ceño fruncido.

—Te dije que vinieras rápido. Nos atacaron. Se colaron dentro de la manada y consiguieron matar a varias familias… pero no te preocupes. Te hemos dejado a uno para que puedas hacerle lo que quieras.

Leonidas esbozó una sonrisa fría.

—Perfecto. ¿Dónde está?

—En las celdas. Pero dime, ¿dónde está la guardia real con la que te fuiste?

—Vienen en el coche con mi mate y sus hijas.

El Beta parpadeó, sorprendido.

—¿Cómo? ¿Cuándo…?

—Ya te contaré. De momento, quiero que preparen una habitación pegada a la mía para ella y sus hijas.

El Beta arqueó una ceja.

—¿Pero no dormirá contigo?

Leonidas sonrió de lado.

—Ya habrá tiempo de que conozcas esas respuestas, amigo mío.

Cristal llegó a la puerta del palacio en el coche, con sus hijas ya despiertas.

—¡Mamá, es un palacio de princesas! —exclamó Sandra emocionada.

—¡Siiiiii! —gritó Damaris con la misma alegría.

La guardia real miró hacia atrás y sonrió.

—Claro, pequeñas. Y hay pasadizos secretos que conectan con un jardín donde hay hadas de verdad.

Las dos niñas abrieron los ojos como platos y exclamaron al mismo tiempo:

—¡¿De verdad?!

Antes de que el guardia pudiera responder, la puerta del coche se abrió. Leonidas estaba allí, con su presencia imponente.

En cuanto las niñas lo vieron, se lanzaron con una pregunta urgente:

—¿¡Hay hadas aquí!?

Leonidas sonrió y asintió.

—Sí, claro. Cuando os bañéis y cenéis, os los enseñaré. Pero tenéis que ser muy buenas.

Cristal los miraba a los tres con una sensación cálida en el corazón. Por primera vez en mucho tiempo, sintió que tal vez… solo tal vez, estaban a salvo.

Sé que el capítulo es cortito, lo lamento, pero el próximo será mas largo y de compensación por tardar tanto en actualizar y por tener un capítulo cortito, hoy subiere otro más capitulo mas




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