Desastre asegurado

Capítulo 2: Sin querer

Dorian

Mi teléfono suena, pero lo ignoro como lo he hecho las dos últimas veces que lo he escuchado. Continuo mirando el documento en mi mano y dejo mi firma al acabar de leer. Suspiro al tomar el siguiente documento y frunzo el ceño, es un proyecto, pero lo dejo a un lado sin querer dejar mi firma en este y cuando tomo la siguiente hoja escucho la puerta de mi oficina abriéndose. Aprieto los dientes, nadie entra aquí sin llamar y el perfume dulce llega hasta mí antes de que sus pasos lo hagan dejándome más que claro quien ha entrado así que no levanto la mirada.

—¿Puedo saber por qué has ignorado mis llamadas? —evito bufar cuando aparta los documentos y se sienta en mi escritorio, miro sus ojos.

—Eso debió dejarte algo claro, Isabella —ella sonríe.

—Nuestros padres nos esperan en la casa —dejo de mirarla —debes ir Dorian, papá te invitó a cenar, mañana es el desfile y

—Y luego te pediré matrimonio frente a todos —me pongo de pie y ella sonríe —en una gran fiesta de compromiso —me acerco a Isabella y llevo mis manos a su cintura —y estaremos casados pronto, ahora dime la razón por la que deba aguantar a tu familia cuando aún no estamos casados —la obligo a bajar de mi escritorio y ella rueda los ojos.

—Sabes como es mi padre —suspira y ya no sonríe —Dorian.

—Bien, ya he acabado en la constructora —comienzo a organizar mi mesa —iremos a cenar con tus padres y —detengo mis movimientos cuando caigo en sus palabras y la miro —pero dijiste nuestros padres —Isabella sonríe.

—Por supuesto, los tuyos están invitados —aprieto los dientes con eso, pero solo asiento, mi relación con mi padre hace seis años dejó de ser la misma y solo ha ido de mal en peor, yo no olvido, no perdono y él, él tampoco está arrepentido.

El silencio durante la cena es espeluznante y solo respondo las preguntas de mis suegros con monosílabos, Isabella parece molesta con ello, pero poco me importa y mantengo mi mirada fija en mi plato porque levantarla sería cruzar mi mirada con ellos y eso es algo que no quiero.

—¿Cómo va la constructora hijo? —su pregunta me hace apretar fuerte los cubiertos.

—Pues mejor que como tú la tenías —suelto levantando la mirada para hacerle frente y lejos de ofenderse sonríe.

—Sabía que pasaría Dorian, por eso la dejé en tus manos —sonríe como si nada —lleva seis años creciendo, seis buenos años y sinceramente me alegra que vayas a casarte con Isabella —ella sonríe —después de todo, es la mejor elección que haces, esta vez sí que has elegido bien porque

—¿Porque no es de una familia humilde como Valeria? —todos se tensan y dejo los cubiertos en la mesa —eso solo lo piensas tú —lo señalo —porque crees que la pobreza es una maldita enfermedad.

—Amor —Isabella toca mi brazo.

—Me iré a la habitación —me pongo de pie con brusquedad —yo ya perdí el apetito —me doy la vuelta.

—Sabes que tengo razón —sus palabras me detienen —hace seis años tomaste la mejor decisión Dorian y fue divorciarte —aprieto mis puños —ahora estás tomando otra buena decisión en tener una esposa a la altura —me giro.

—Tienes razón —sonríe — tomé la mejor decisión —añado mirando sus ojos, su sonrisa desaparece y sabe de sobra de lo que hablo. Yo solo me doy la vuelta y salgo del comedor, pero no voy hacia la habitación de Isabella, sé que esta noche no podré dormir y salgo de la casa para ir hacia mi auto, pero me detengo y miro hacia el cielo donde las estrellas brillan y la luna llena ilumina todo, Valeria, su nombre se dibuja en mi mente mientras observo el cielo y es que ella amaba esto, amaba mirar el cielo junto a mí y hablarme de cada una de esas estrellas, niego con la cabeza y entro al auto queriendo olvidar todo aquello.

Asistir a eventos como estos es un completo dolor de cabeza, pero me mantengo quieto en mi silla y aplaudo justo cuando otros lo hacen, también sonrío a veces y más cuando sale Isabella, no negaré que ella se ve hermosa y mis ojos la siguen en todo momento, su mirada siempre que sale se cruza con la mía y me dedica una cálida sonrisa y yo le asiento dejándole saber que lo está haciendo perfecto. Cuando el desfile acaba el evento no lo hace porque la fiesta continúa y me acerco a uno de nuestros mejores socios.

—Dorian tienes mucha suerte —es lo primero que dice sonriéndome —tu novia es una belleza —sonrío sin sentir celos de eso, más bien, me siento orgulloso.

—Tengo más que suerte —sigo sonriendo —pero señor Furt —abro la boca para hablar de negocios que es la única y verdadera razón por la que estoy aquí, pero entonces lo veo, veo al pequeño que sale corriendo no sé de donde, choca con una empleada y hace que los dulces que ella llevaba en una bandeja caigan al suelo, al instante me tenso, las personas miran hacia el desastre y camino hacia el niño, por dios, ¿a quien se le ocurre traer a un niño a un evento así? Es la pregunta que algunos murmuran y que yo me hago enojado porque va a echar a perder todo y ella no merece eso, Isabella ha pasado horas sin dormir organizando todo para que sea perfecto.

—¡Cuidado! —me coloco frente al crío cuando iba a salir corriendo sin siquiera pedir perdón por lo que ha hecho —¿Crees que ahora puedes huir como si nada? —lo tomo del brazo, su cabeza se levanta y veo el miedo en sus ojos —Es un desfile maldita sea y estás destrozando todo —gruño mirando los ojos azules del crío rubio.

—Mamá dice que maldecir es feo —escucho la voz fina y delicada y giro mi cabeza, mis ojos se entrecierran mirando a la niña, rubia, ojos azules y miro al crío que aún sostengo, pero que suelto como si quemara, son idénticos y la única diferencia es el género, diablos, son dos niños y ya eso es demasiado.

—¿A si? —bufo mirando a la niña que a diferencia del niño no me mira con miedo —¿Y nunca les han dicho que correr es de mala educación? —ella alza una ceja como si nada —¿O qué tirar dulces al suelo sí que es feo?

—Fue sin querer —miro al pequeño que se explica —solo queríamos




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