Dorian
La palabra demanda da vueltas en mi cabeza mientras mi prometida habla y habla sin parar. Yo sigo mirándola a ella, que escucha atenta, asiente y no me dedica ni una sola palabra. Bajo la mirada hasta el suelo recordando todo nuestro matrimonio juntos aunque sinceramente eso es lo de menos, el escándalo en el desfile hará que mi padre se fije en ella y no puedo tenerla cerca aunque también están los gemelos, esos dos rubios de ojos azules idénticos a ella de los cuales busqué información, tienen cinco años, lo que significa que Valeria debió estar embarazada cuando nos divorciamos y entonces eso solo me lleva a pensar en una sola cosa y pensar en ello hace que mi corazón lata demasiado rápido porque significa que soy... que soy padre y que ella
—Dorian, ¡Dorian! —el grito de Isabella calla mis pensamientos y logra que la mire —¿no estás escuchando? —miro sus ojos, luego miro a Valeria que al instante deja de mirarme y vuelvo a mirar a Isabella.
—Perdón cariño —noto como Valeria se tensa —¿puedes repetirme lo que decías? —ella suspira.
—Le decía a Valeria que quiero que haga muestras sobre cada uno de los dulces del catálogo, así los probamos todos y escogemos los que queramos para nuestro compromiso —Isabella sonríe de oreja a oreja y respiro hondo, claro, a ella le encantan los dulces, es como una niña que necesita tener algo dulce siempre en su boca, más de una vez le he dicho que es adicta al azúcar y me ignora.
—O podemos elegirlos todos —me pongo de pie —haga todos los dulces del catálogo para el compromiso —los ojos de Valeria se abren como platos.
—Hay más de cien dulces en este catálogo —se pone de pie y sonrío.
—Si no puede hacerlo entonces dígalo y buscaremos otra empresa —soy claro —a fin de cuentas, solo es una repostera más.
—Dorian —me regaña Isabella, pero sin ánimo de seguir aquí camino hacia la puerta con mucha prisa. Necesito tener lejos de mí a Valeria, pero ahora como lo consigo si una parte de mí necesita saber si esos niños son míos y es que estoy seguro de que
—¡Dorian! —la voz de Isabella hace que me detenga al llegar a mi auto —Por dios, ¿puedo saber qué te sucede? —me doy la vuelta y ella abre sus brazos —¿Qué pasa? ¿Ya no quieres casarte conmigo? —suspiro.
—No es eso Isabella, te di mi palabra y voy a cumplirla, pero no entiendo por qué quieres tantas cosas, fiesta de compromiso, boda —bufo —no lo entiendo.
—¿Quizás porque todas las mujeres soñamos con una boda inmensa y preciosa? —ruedo los ojos.
—Isabella sabes que
—Lo sé Dorian —sonríe —pero quiero soñar al menos, además, adoro los dulces —sonríe y me es imposible no sonreír con ella —sabes eso —sus hombros caen sintiéndose mal y sé que está triste así que la atraigo hacia mí y la abrazo con cariño.
—Entonces perdóname preciosa —murmuro sin dejar de abrazarla —escoge tú los dulces que quieras, yo no tengo ahora ganas de eso —beso su cabeza y me separo de ella —daré una vuelta y nos vemos en casa ¿vale? —Isabella sonríe un poco, pero asiente y entonces subo a mi auto.
—Por dios amigo eso sí que es un problema —comenta Raúl mientras observo la botella frente a mí —¿pero no que no podía tener hijos? —suspiro antes de dar un trago.
—Eso mismo pensaba yo —murmuro sin ánimo.
—¿Y si son adoptados? —sonrío.
—No los has visto —susurro —tienen la misma mirada de ella, sus mismos ojos azules, el cabello rubio, las mismas facciones, la niña es una copia exacta de su madre aunque tiene mucho más carácter y el pequeño es idéntico a ella hasta en su forma, parece más humilde y —mi sonrisa se agranda —son sus hijos.
—Pero no lo entiendo —miro a Raúl.
—Valeria estaba embarazada cuando estábamos casados, esa es la única explicación y eso significa —me callo sin siquiera poder pronunciarlo.
—Significa que le pediste el divorcio a tu esposa y ella estaba embarazada de gemelos —aprieto los dientes —Dorian debes tener pruebas y
—Son mis hijos —me pongo de pie —son mis hijos y necesito verlos, haré una prueba de ADN y ella no podrá refutar nada de eso —vuelvo a sonreír.
—No es tan fácil Dorian —Raúl suspira y odio que además de mi amigo sea también mi abogado —Valeria puede demandarte por agresión a los niños —mi ceño se frunce —y si gana podría poner una orden de alejamiento, mi consejo es que no te acerques ahora a ellos —paso las manos por mi rostro.
—O podría demandarla yo pidiendo una prueba de ADN —él suspira.
—Bien, ¿y qué harías con tu familia Dorian? —me tenso por completo volviendo a mi silla sin mirarlo —debes pensar bien todo, recuerda la razón de tu divorcio y recuerda que no solo ella estará en peligro. —asiento pensando en eso —Ahora hay dos niños y está Isabella —paso las manos por mi rostro —ella es tu amiga y tú
—Lo sé —miro sus ojos —pensaré bien todo Raúl. —mi amigo coloca una mano en mi hombro.
—Por lo pronto —sonríe —felicidades Dorian, al parecer eres padre —rio con eso.
—Y debiste ver como esa criatura pequeña de ojos azules y cabello rizo me desafió Raul —mi amigo ríe —por dios me lanzó un pedazo de pastel en mi cara —señalo esta y ambos reímos mientras pienso en ese momento.
Bajo de mi auto, pero me quedo quieto al ver al hombre que está justo frente a mi casa, suspiro y echo a andar con pocas ganas. Al verme él se endereza, quizás quiere con eso parecer más autoritario solo que a mí esas cosas ya poco me importan y me detengo frente a él.
—No me gustan las visitas papá —expreso mirando sus ojos —así que quizás entiendas que no te invite a entrar —paso por su lado.
—Isabella me estuvo hablando de su desfile y el escándalo en este —sus palabras me detienen —y resulta que me habló sobre la repostera de esa empresa que va a preparar la fiesta de compromiso Dorian —volteo a verle y se cruza de brazos —imagina mi sorpresa cuando me dijo que se llamaba Valeria Wolfe —alza una ceja —si mal no recuerdo ese era el nombre de tu exesposa así que significa