Desastre asegurado

Capítulo 5: Amigos

Valeria

Me muevo por la enorme cocina mientras todo está en silencio, hacer dulces siempre calma mis nervios aunque sinceramente cuando tiene que ver con Dorian, eso no funciona. Suspiro colocando mis manos en la encimera sintiendo un fuerte dolor en mi cabeza, ¿por qué todo tiene que complicarse? Mi vida iba bien, feliz, normal hasta que apareció él. Suspiro sin tener idea de que hacer y lo peor de todo es que Isabella me agrada, hablamos durante más de una hora sobre los dichosos dulces que quería, tomé apuntes sobre como los quería y de que colores o con qué sabor, la chica es agradable y ahora mismo me siento la peor persona del mundo porque tengo un secreto atorado en mi garganta que podría arruinar todos sus planes y ella parece demasiado ilusionada.

—¿Interrumpo? —me sobresalto al escuchar la voz y rápido me doy la vuelta —No quería asustarte —Miguel sonríe

—No te preocupes.

—Te traje algo de comer, deberías comer y luego irte a casa —él se acerca a mí luego de dejar las bolsas sobre la mesa.

—Tenemos demasiado trabajo —explico cuando se detiene frente a mí —la fiesta de compromiso la quieren para dentro de una semana y —me callo cuando Miguel comienza a quitarme el delantal.

—La fiesta de compromiso debe ser especial —sonríe —pero tu salud es lo más importante Valeria —deja el delantal a un lado —y por cierto —él se aleja y toma asiento en la mesa, hago lo mismo mientras saca lo que ha comprado —espero que la comida Italiana te guste —sonrío.

—Gracias Miguel —mira mis ojos y niega.

—¿Sabes en qué estaba pensando? —niego —le prometimos a los gemelos una fiesta Valeria —respiro hondo —¿Qué te parece si la hacemos? —sonrío.

—Ya tenemos suficiente con preparar un compromiso y luego una boda, ¿no te parece? —él niega.

—Les haremos una fiesta —me señala con el cubierto —será antes de ese compromiso y los gemelos estarán felices —lo veo comer, pero yo no siento nada de hambre —Valeria —Miguel suspira —las bodas siempre te han encantado, pero esta, no pareces feliz preparándola —me tenso un poco y revuelvo la comida sin deseos de seguir hablando, pero es Miguel, mi jefe, mi amigo, quizás ahora podría decirle toda la verdad, acabar con esto, pero sinceramente hacerlo sería arruinar sus planes, a él le ilusiona.

—Solo estoy cansada —me pongo de pie —¿sabes qué? —finjo una sonrisa —preparemos la fiesta de los gemelos —la sonrisa de Miguel aparece de nuevo.

—Esa es la Valeria que me gusta —sus palabras logran ruborizarme mientras miro sus ojos y solo hago silencio sin poder decir nada.

—¿Una fiesta? —los niños se miran entre ellos y sonrío asintiendo.

—Así es, en esta casa —siguen callados —pero si no les emociona entonces

—Si sí que lo hace —Caleb se pone de pie —pero, pero —suspira —¿a quien vamos a invitar mamá? En esta ciudad no tenemos amigos —respiro hondo.

—En la otra tampoco tenías Caleb —habla su hermana y la miro mal porque su hermano se llena de tristeza.

—Podemos invitar a los niños del barrio y así harían nuevos amigos —propongo y Kaily rueda los ojos

—O podríamos no hacer ninguna fiesta, después de todo, no quiero amigos —La pequeña se pone de pie.

—Kaily —tomo su mano con cariño —¿mi amor qué sucede? —deja de mirarme —ustedes llevan mucho tiempo pidiendo una fiesta, haremos muchos dulces, contrataremos también a un mago, compraremos muchos globos y podemos jugar en la piscina todos juntos —la pequeña sigue mirando el suelo. —Y pueden hacer amigos que

—¿Y luego qué? —mira mis ojos —ustedes acabarán su trabajo aquí y se irán a otra ciudad o a otro país —menciona triste —siempre es lo mismo, mamá, siempre una casa nueva, un barrio nuevo y unos amigos nuevos —bufa y niega —¿para qué quiero amigos si luego vamos a dejarlos? —ella se aleja soltando mi mano y un nudo se forma en mi garganta, la niña tiene razón, todos estos años hemos estado viajando, preparando eventos para todos y para eso hemos viajado a distintos lugares y países en los que a veces nos quedamos una semana, otras duramos meses y nunca ha sido para siempre. Miro a Caleb que sigue callado mirándome.

—Supongo que piensas como ella —el pequeño asiente.

—Pero me gusta viajar mamá —sonríe aunque sé que solo intenta hacerme sentir bien. —Aunque podemos quedarnos ya aquí para siempre —propone y sigo mirando sus ojos.

—¿Y por qué quieren eso? Hemos conocido lugares más bonitos —sonrío y él se acerca.

—La abuela una vez nos habló de este lugar —expresa mirando mis ojos aunque con algo de duda —y nos dijo que papá vivía aquí —el nudo en mi garganta aumenta —¿es verdad mamá? —mis ojos se llenan de lágrimas mirando los ojos de un pequeño que parece ilusionado, puedo decirle que sí, que es verdad y ahora entiendo la molestia de su hermana, pero cuando hagan más preguntas ¿qué voy a decirles? Dorian los vio, los conoció y dudó, él lo sabe, por supuesto que lo hace, no es tonto, sabe que mis hijos son suyos y aun así me pidió alejarme de él como si ser padre poco le importara, ser padre conmigo claramente.

—No es verdad —respondo mirando sus ojos y es la mentira que más me duele —la abuela se equivocó —él suspira y la tristeza en sus ojos mata.

—Iré con K —asiento ante eso y solo pasa por mi lado, cuando me quedo sola en la habitación las lágrimas que retenía queman mis ojos y es imposible detener estas.

Entro a la oficina de Miguel y al verme este sonríe un poco, pero devolver la sonrisa se me hace imposible y solo tomo asiento.

—Supongo que no estás de buen humor —suspiro.

—Los gemelos están cansados de mudarse de un lugar para el otro —miro sus ojos —y eso me hace sentir una madre horrible porque hasta ahora pensé que les gustaba —suspira.

—Puedes trabajar sin viajar Valeria y bueno, solo viajar cuando haga falta —sonrío.

—Será muy molesto, ni siquiera les ilusionó la fiesta. —él sonríe.

—Créeme que les va a ilusionar porque será por todo lo grande —sonrío —ahora tengo un problema y necesito tu ayuda —asiento.




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