Dorian
Agarro una de las bebidas cuando pasa un camarero y respiro hondo mirando esta, la llevo a mi boca para darle un trago solo que el vaso queda a medio camino cuando la veo entrar a ella, Valeria camina con elegancia acompañada de Miguel que tiene una mano en su espalda aunque mi boca se seca y no solo por mis celos, sino por el hermoso vestido que trae, azul, mi color favorito desde que vi sus ojos por primera vez y quedo como estúpido mirándola, incluso logra que mi corazón lata tan rápido que temo que los invitados puedan escucharlo.
—Toma —escucho la voz de mi amigo y luego aparece un pañuelo frente a mí —limpia tu baba que haces el ridículo —bufo mirándolo y Raúl solo ríe —aunque no lo negaré, está hermosa.
—Y no debería estar aquí —murmuro y Raúl me mira.
—No hagas locuras Dorian, la fiesta es de tu suegro y tu prometida te recuerdo que
—Fue quien los invitó y según dice —sigo mirándolos —hacen bonita pareja —mi amigo sigue mi mirada.
—Yo no voy a negarlo.
—No estás ayudándome —gruño con rabia.
—Soy abogado, no psicólogo —niego con la cabeza y entonces me alejo o acabaré haciendo el ridículo. La fiesta continúa y el tiempo pasa mientras yo intento distraerme con los invitados y hablo de negocios con unos cuantos aunque al final siempre acabo buscándola a ella con la mirada y tenso mi mandíbula cuando los veo, demasiado juntos, demasiado sonrientes así que dejo mi vaso a un lado y camino hacia ellos arreglando mi traje.
—Amor —Isabella es la primera en verme cuando me acerco y Valeria se tensa —estaba hablando con Val ¿y sabes? Estas dos personas llevan seis años trabajando juntos —mi mirada va a Valeria y Miguel que sonríen —son como un matrimonio —añade Isabella haciendo que me tense por completo.
—¿Tienen alguna relación fuera del trabajo? —suelto como si nada y ambos me miran.
—Dorian —Isabella me regaña.
—¿Qué? —rio sintiendo que el alcohol ya me ha dado suficiente valor para hablar —Solo pregunto —me encojo de hombros —van a preparar nuestra boda amor y quisiera saber que tan bien se llevan —Valeria mira mis ojos, pero no responde y Miguel carraspea.
—Somos amigos, señor Moore —lo miro alzando una ceja.
—¿En serio? —bufo —Cuesta creerlo.
—Bueno —el idiota sonríe —hacemos bonita pareja pero
—No me refiero a eso —corto sus palabras rápido —es que estoy seguro de que una oportunidad así Valeria no la desaprovecharía —ella se tensa, Isabella me mira confundida y Miguel parece también desconcertado.
—Hablas como si la conocieras —comenta y el hombre ya no sonríe —¿se conocen?
—No —suelta Valeria, pero yo sonrío cuando respondo al mismo tiempo algo distinto.
—Si, claro que si —noto como pierde el color de su rostro —¿por qué mientes? —sonrío —Oh verdad, eres buena en eso tanto como en los dulces —Miguel da un paso hacia mí.
—No sé cuál es tu problema Dorian —habla confundido —pero te estás pasando —añade y miro sus ojos, él intenta defenderla, pero lo ignoro y busco la mirada de Valeria que parece no querer hablar.
—Ir en busca de millonarios es mejor que ganarse la vida con dulces —suelto cargado de rabia —y si además de eso te dan el trabajo de tus sueños mucho más beneficioso ¿no?
—Dorian basta —Isabella habla apenada —¿qué te pasa? ¿Has bebido de más? —sonrío.
—Supongo que tu repostera no te ha dicho que tiene una relación pasada con su cliente ¿no? —eso lo digo mirando los ojos de Miguel que frunce el ceño —¿Eso no la descalifica para llevar mi compromiso? —cuestiono con falsa preocupación —tengo miedo de que lo eche a perder —él la mira.
—¿Valeria de que habla? —ambos se miran y ella niega, abre la boca, pero no la dejo hablar.
—Oh claro —rio negando —no te había dicho nada —miro a Miguel —Valeria y yo estuvimos casados —Isabella me mira rápido —ya le dije, a ella le gustan millonarios, yo caí en esa red —miro los ojos de Valeria —por lo que veo usted va por el mismo camino, pero eso poco me importa —sonrío —aquí lo que importa es que mi ex lleve mi compromiso, podría echarlo a perder, yo la dejé —le recuerdo abriendo la herida —es resentida además de ambiciosa —sigo hablando sin parar —Lo de crecer te lo tomaste en serio ¿verdad? —doy un paso hacia ella — Y lo de separar lo personal con lo laboral para ti siempre fue un problema aunque —sonrío —si una cama te hace cumplir tus sueños, ¿qué más da? —mis palabras acaban y en cuanto lo hacen el ruido de la bofetada logra que todos nos miren, Valeria acaba de pegarme en el rostro y llevo una mano a mi mejilla.
—Imbécil —gruñe con odio.
—Valeria —Miguel la mira sorprendido y siento el sabor metálico en mi boca, me ha pegado tan duro que ha acabado rompiendo mi labio, aun así sonrío aunque lo que veo en su mirada duele.
—¿Ves? —expreso y ya tenemos la atención de todos —Ella aún no logra ser profesional —añado, Valeria pasa por mi lado chocando mi hombro y va hacia la puerta, Miguel la sigue corriendo y yo sonrío, he logrado lo que quería porque dudo que después de esto ella vuelva a mirarme a la cara, estoy convencido de que dejará su trabajo y sonrío aunque mi sonrisa temprano se borra, le rompí el corazón una vez y he acabado haciendo lo mismo una vez más. Me muevo entre los invitados hasta desaparecer y tomo el pasillo que lleva a la habitación de Isabella, una vez que entro respiro hondo teniendo su mirada clavada en mi mente.
—¿Es en serio Dorian? —escucho el grito de Isabella cuando entra a su habitación —¿Quieres explicarme? Como que tú y ella
—Es Valeria —la miro.
—¿Val... Valeria? —sus ojos se abren como platos —¿esa Valeria?
—Si —asiento —Esa Valeria.
—Por dios —su mano cubre su boca —soy tonta, claro que si —murmura y me acerco a la botella que hay en su habitación.
—Ella no puede llevar tu compromiso —hablo sin mirarla sirviéndome un trago —ni la boda, ella no puede estar cerca —bebo un trago —mi padre ya sabe que está en la ciudad Isabella y no puedo permitir que le haga daño —aprieto fuerte el vaso —papá arruinaría su vida, tiene como hacerlo y todo es culpa mía porque en el pasado no me di cuenta de nada.