Desastre asegurado

Capítulo 9: ¿Vas a dejarlo ganar?

Valeria

Camino con pasos rápidos queriendo huir de todo y de todos, mis lágrimas empañan mis ojos y cada una de sus palabras dan vueltas en mi cabeza, no debería dolerme, pero lo hace y eso es lo peor de todo. Mi mano aún arde por la bofetada y camino sin rumbo fijo viendo borroso, Dorian habla en serio cuando dice que me quiere lejos y hoy lo ha dejado más que claro al hacer esto, me ha humillado frente a todos y duele, aunque no quiera duele.

—¡Valeria! —el grito de Miguel detiene mis pasos, paso las manos por mi rostro y escucho sus pasos, al parecer ha corrido para alcanzarme y me giro. Miguel se detiene mirando mis ojos y sé que no sabe que decir, lo veo en sus ojos.

—Lo siento —susurro —te arruiné la fiesta —sonrío un poco aun mirando esos ojos que muestran demasiada confusión.

—¿Es verdad todo eso? —señala hacia atrás —Valeria es

—¿A qué te refieres? —sonrío —¿A que si es verdad que estuve casada con ese imbécil o a que si busco millonarios para hacerme la vida más fácil? ¿O quizás hablas de que si soy una resentida que solo quiere echar a perder su boda? —abre la boca —oh espera, quizás te refieras a que si es verdad que no soy una profesional y que voy de cama en cama para cumplir mis sueños de ser una gran repostera —abro los brazos riendo y más lágrimas salen de mis ojos.

—Debiste decirme que habías estado casada con él —expresa y asiento.

—Error mío —sigo asintiendo —pero no te preocupes Miguel, no quiero arruinar tu empresa, ni meterme en tu cama y tampoco quería arruinar la boda de Dorian —sonrío triste —mañana a primera hora tendrás mi renuncia en tu mesa —añado y me doy la vuelta, camino rápido y Miguel no me llama ni intenta detenerme así que supongo que justo eso quiere, mi renuncia, después de todo, la bofetada que le di a Dorian irá de boca en boca y eso para su imagen no es nada bueno.

Termino la llamada y lanzo mi teléfono lejos quedándome boca arriba mirando hacia el techo, lo que menos quiero es salir de la cama aunque ayer me quedé dormida demasiado tarde o bueno, ya era de madrugada. Suspiro mirando el reloj que marca las diez de la mañana, nunca he sido así, despierto a las cinco, pero hoy es una día distinto. Siento los toques en mi puerta y luego dos cabecitas rubias se asoman.

—Mami ya mañana es la fiesta —habla Caleb —pero no hay nada preparado —sube a mi cama y Kaily se sienta mirándome.

—La fiesta —susurro recordando esta —mañana estará todo listo, ya invité a los niños del vecindario —sigo mirando el techo.

—¿Estás bien? —pregunta una preocupada Kaily y la miro.

—Perfecta —sonrío.

—Pero no fuiste a trabajar —suspiro con sus palabras —y tu jefe está abajo —me tenso y la miro rápido.

—¿Mi... Miguel? —tomo asiento mirando sus ojos.

—¿Tienes otro jefe? —mi boca se abre y cierra sin poder decir nada —oh verdad, es tu novio —ella sonríe y niego, entonces los golpes en la puerta me hacen mirar hacia ahí y veo a Miguel de pie en esta, sigo tensa mirando sus ojos.

—¿Podemos hablar? —cuestiona, Kaily sonríe y se acerca más a mí.

—Cepíllate primero, mamá —susurra cerca de mi oído antes de dejar un beso en mi mejilla —y péinate o acabarás sin novio y sin jefe —la miro mal, pero solo se encoge de hombros y corre hacia la puerta casi chocando con Miguel al salir, este ríe y le grita fea, luego me mira a mí y se acerca.

—Acabas de despertar —suspira deteniéndose a una distancia prudente.

—Me dormí muy tarde —digo bajando la mirada —Miguel.

—Mañana es la fiesta de los gemelos —lo miro —en la mañana debes sacarlos, decirles de ir de compra, no sé, inventa algo aunque Kaily sabrá, pero al menos para Caleb será una sorpresa —sonríe y lo miro confundida.

—¿Qué haces aquí? —él respira hondo y acaba de acercarse.

—Tu amiga Katia dejó esto en mi mesa —saca el papel y me tenso —tu carta de renuncia —asiento con lentitud, pero él la rompe y mi boca se abre —no la acepto —deja caer los papeles al suelo.

—Miguel.

—No creo que seas una interesada Valeria —habla mirando mis ojos —ni todo eso que dijiste ayer, si quedé estupefacto fue por lo de estar casada con Dorian —suspira —jamás lo hubiera imaginado —bufa —pero eso es pasado y tú y yo tenemos un presente que se llama trabajo y no, no quiero perder a mi mejor empleada —Miguel sonríe y respiro hondo.

—Pero perderás entonces a uno de tus mejores clientes —le recuerdo y niega.

—¿A quién elegirías tu Valeria? ¿La empresa o tus hijos? —sonrío.

—La pregunta es ridícula, mis hijos siempre van primero —Miguel sonríe.

—Exacto, eliges la familia y tú eres mi familia —me pierdo en su mirada —ahora quiero que te levantes, vayas al baño, te arregles y salgas, debemos ir a la empresa, a las doce tenemos una reunión con Isabella y Dorian —se pone de pie y niego.

—Miguel.

—Los cobardes huyen —no me deja hablar —y tú no eres cobarde —suspira —el papel de Dorian ayer solo fue para esto —señala la renuncia —quería que dejaras su boda y no quiero ni imaginar sus razones, pero a mí esas me dan igual, la pregunta es, ¿vas a dejarlo ganar? —frunce el ceño —es tu ex Valeria y a esos nunca, pero nunca se les permite que nos derroten —Miguel va hacia la puerta —te espero en el auto —grita antes de salir y solo me quedo mirando la puerta antes de ir rápido hacia el baño.

—Mi madre les ha hablado a los gemelos acerca de su padre —expreso mientras vamos en el auto y suspiro —ellos saben que vive aquí y quieren vivir aquí —Miguel sonríe —¿te da gracia?

—Es Dorian ¿verdad? —no me mira y solo me quedo observando por la ventanilla —Por dios debí imaginarlo desde el principio —Miguel ríe. —Valeria.

—Debiste aceptar mi renuncia —digo sonriendo un poco.

—Será un desastre —suspira —¿tu madre que más les ha dicho a los gemelos sobre su padre? —me encojo de hombros.

—No lo sé.

—Pero no les dijo su nombre ¿verdad? —miro a Miguel y me encantaría decirle que no, pero la verdad no lo sé aunque estoy segura de que mamá no haría eso, ¿o sí?




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