Descalabro

Campanas y velas

Si hubiera sabido lo que me esperaba en ese viaje, jamás habría desobedecido a mamá. Tampoco fue culpa de Rolando. Nunca lo pensé así. Pero ya es tarde.

A Rolando, mi padrastro, le encantaba todo lo relacionado con lo paranormal. No había día que no hablara de historias anómalas que se enteraba por medio de la radio, las películas, los libros o de la voz de los vecinos y compañeros de trabajo. Podría decirse que estaba obsesionado con el mundo espiritual. Por eso adquirió la extraña costumbre de regalarle el dinero a una “mensajera de ángeles” cada mes para, según él, ver más allá de este mundo tan aburrido y conocer algo más que humanos.

Parecía no conocer otro tema de conversación, pero a mamá no le molestaba; a mí tampoco me disgustaba, aunque llegaba a ser fatigante imaginarme rostros irreales que pudiesen aparecer por encima de mi hombro, tal y como él pretendía darme a entender para levantar su ego de mediumnidad.

ꟷTen cuidado. No juegues con lo que no puedes controlar ꟷle advertía mamá en ciertas ocasiones.

Por su culpa, empecé a dormir con la luz prendida de una lámpara en forma de oveja que aún conservaba en mi velador como si fuera parte de un museo. No la había usado hasta que Rolando me metió ideas en la cabeza. Nunca me deshice de esa oveja fea por cariño a una peluquera que les daba magia a mis cortos rizos rojizos.

Me regaló aquella lámpara como regalo de cumpleaños. No era necesario mantenerla conectada, pues requería de baterías para su funcionamiento. Fingí que me encantó cuando en realidad no le veía la gracia y tampoco entendí por qué había elegido a una oveja. Rolando fue quien hizo que llegara a quererla.

Cumplí dieciocho años el mismo día de mi graduación. Mamá y Rolando vieron ese día como un motivo para una fiesta exuberante, pero les expliqué que una comida bien preparada o un viaje en familia sería suficiente.

ꟷHe estado esperando que dijeras eso ꟷRolando se exaltó de emoción.

No nos dijo a dónde nos llevaría sino hasta llegar. Mi cumpleaños cayó un viernes y el sábado ya estábamos emprendiendo el viaje. Salimos de la ciudad a primeras horas de la mañana. Durante el camino, Rolando se tomó las tres horas para contarnos otras de sus aventuras astrales con la médium y otras historias paranormales que su compañero de trabajo tuvo una semana atrás.

Siempre me ha entusiasmado este tipo de planes en familia que no siempre teníamos. Hubiera querido nacer en cuna de oro para dormir cada noche en lugares diferentes sin preocuparnos de los gastos.

ꟷ¿Estamos cerca? ꟷmamá no podía más con la curiosidad.

ꟷLlegamos en diez minutos.

El cielo anunciaba lluvia, aunque no terminaba de decidirse. Las nubes, entre blancas y grises, cubrían el sol y dejaban una luz inusual y hermosa, un brillo sin amarillo.

Nos metimos en un camino escabroso que violentamente balanceaba el carro y sacudía nuestras cabezas que rozaban las ventanas sin llegar a estrellarse contra ellas. Giramos en un recodo donde el suelo se suavizó, pero aún había desniveles de tierra.

ꟷ¿Estás seguro de que no te perdiste? Ni siquiera está pavimentado ꟷmamá empezaba a preocuparse.

ꟷClaro que sí. Estudié muy bien el camino antes de venir. Confíen en mí.

Pasamos por un campo de rosas salpicadas del mismo color de mi cabello e invernaderos gigantes. Lo marcamos como punto de referencia para el regreso.

Nos avecinamos a otro giro de trayectoria donde se desplegó un desfile de árboles altos como apertura del último y largo camino que debíamos recorrer. Al fondo se divisaba una casa blanqueada con roca integrada que iba creciendo mientras nos acercábamos. Los árboles dejaron de tapar la fachada principal de tres pisos y se presentaban los muros horizontales que se alargaban desde ambos lados como corredores de un solo piso.

Nos bajamos del carro y de repente respiramos un vaho de humedad deliciosa con olor a tierra evaporada. Fue difícil apartar la vista de la fachada imponente de elegantes balcones con su cúpula como sombrero arrogante. A partir del primer vistazo, se sentía el aura de viajar en el tiempo.

ꟷ¿Te gusta la sorpresa, Elu?

Obvio que sí. Corrí hacia el portal sostenido por columnas de piedra. Volteé a verlos para esperar a que bajaran nuestras maletas. Pasaríamos una noche en esta vieja hacienda como Rolando lo tenía planeado.

Por dentro, las luces cálidas de candelabros metálicos pintaban los muros viejos de los corredores de un solo piso. El suelo de madera rechinaba largos años de pasos de visitantes que vinieron a contemplarla y los ventanales en forma de arco llevaban nuestra atención al patio abierto, en el centro de la hacienda.

ꟷYa entiendo por qué nos trajiste acá. Es muy hermoso ꟷcomentó mamá.

ꟷBienvenidos, mi nombre es Nicole ꟷla chica de recepción nos dio la llave de nuestra habitación.ꟷ Aunque ya lo saben, una vez más debo recordarles las indicaciones antes de explorar la hacienda. Cualquiera que venga debe estar consciente y debe ser responsable de sus acciones…

ꟷ¿Consciente de qué, disculpe? ꟷinterrumpió mamá mientras guardaba la llave en su bolso. La chica frunció el ceño que luego desapareció para continuar explicándole con su amable sonrisa.

ꟷ¿Su esposo no se lo comentó?... Esta hacienda posee el atractivo de manifestaciones espirituales de procedencias inusuales…

Mamá regresaba a verlo lentamente sin dejar de escuchar a la chica.

ꟷ…No solo es un lugar de cómoda acogida para observar de cerca los volcanes circundantes, la riqueza de historias que se guardan en esta hacienda no lo posee ningún otro lugar. No está abandonada, pero tampoco habitada del todo. Las voces que escuchen o las sombras que no formen parte de los viejos muros de piedra, son el espectáculo ideal para quienes aman conectarse con los antepasados. Y qué mejor manera que habitando unas cuantas noches donde alguna vez fue su hogar.

Rolando evitaba cualquier contacto visual con mamá y me veía a mí. Me pareció un buen plan para divertirnos. No me consideraba miedosa, pero tampoco valiente, bueno… dependía de la hora del día. En la noche jamás podría dormir sin la lámpara prendida. Por eso la había traído conmigo. Mientras hubiera luz del día, lo iba a pasar muy bien, excepto mamá.



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En el texto hay: horror, magia, magia aventura y fantasía

Editado: 14.04.2026

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