Descalabro

La gata que miraba hacia el sur

Encuentro una gata que no reacciona, no se asusta, no se asombra, no teme, apenas, gracias a Dios, sabe respirar. No maúlla, no gruñe cuando la acaricio, pero lo que siempre hace es ver hacia el sur, perdida en la lejanía hasta donde no puede verse el último árbol.

La cargo y la meto a la casa; y una vez adentro, su mirada se extravía en todos lados y en la nada. Cae al suelo como una delicada pluma fácil de barrer. Pero cuando la saco, su postura se yergue en dirección al sur. ¿Por qué? No se mueve si la dejo por horas. Pudiese permanecer así incluso por días.

Es una gata extraña que llegué a querer demasiado, aunque no hiciera nada. Actúa como si este mundo no existiera o ella no estuviera en él. No reacciona ni se mueve en función de ningún estímulo. Es un peluche con corazón latiente. No me atrevo a dejarla allá afuera por temor a que le caiga la lluvia, la noche y el sol.

Tampoco responde a mis caricias y cuando le pisé la cola por accidente alguna vez, seguía mirando hacia el sur. Ni siquiera parpadeó. Es más, nunca la he visto parpadear o creo que lo hace tan rápido o al mismo tiempo que yo y no me doy cuenta.

Amanece, le doy comer. Me alejo un rato y cuando regreso no ha tocado un gramo de su comida. El agua sigue tocando los bordes del recipiente. Me parece, podría decirse, inquietante y rarísimo no verla consumida en huesos. No come; no bebe. Sigue igual de gordita, así como la encontré.

Se siente el pelaje blanco hecho de algodón que, al deslizar mi palma, adormecía mi piel de calor, pero ella no corresponde a este tacto. Su físico goza de salud a simple vista.

¿Qué hay en el sur que tanto mira? Tampoco hay un pájaro que quiera cazar, ni un pobre ratón distraído.

ꟷ¿Qué miras? ꟷle hablo como si fuera capaz de seguirme la conversa.

El soplido del viento se interpone y es más ruidoso que esta gata. Viéndola de cerca, tiene un contraste particular en su pelaje. Hay días en los que el sol se esconde entre las nubes y la luz no es intensa y, aun así, parece que mi gata emana una leve luz difuminada.

Me siento a su lado en la posición y dirección donde buscan sus ojos. No me muevo. No parpadeo. No reacciono a la comezón brotando de cualquier parte. Quiero estar en su punto de vista. Soy ella y me comporto como ella. El tiempo invisible ante nosotras me dice al oído que las horas se han alargado y esperan a ser interrumpidas.

Era la sexta vez en el día que me escondía en las almohadas no solo para limpiar mis lágrimas sino porque no quiero y no me atrevía a ver como la sangre salía de mi boca. Tenía miedo de estar frente al espejo con los labios y la nariz reventada. Era una horrible versión de mí… por culpa de él.

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Llegué a tiempo para salvarla; su pelaje blanco siempre se teñía de rojo y yo prefería ser la que se ensuciara de ese color. Mi Nyra, la única que me acompañaba en este tormento, pero odiaba ver cómo mi hermano se desquitaba con ella como lo hacía conmigo. Yo era la que debía recibir aquellos golpes.

Gritaba por dentro y por la ventana en las noches para que mamá regresara y nos sacara a las dos. Claro que nunca ocurrió; su amor por otro hombre era más fuerte que por nosotros y me condenó a vivir con ese hombre que decía ser hermano mío.

Siempre esperaba la hora que cayera dormido e ir a la cocina a tomar algo similar a un arma y abrirle la garganta. Pero él me doblaba en tamaño; despertaría antes de ver mi rostro intentando disfrazarse de la muerte. Me mataría a mí primero y luego la torturaría a ella, a Nyra.

Nunca dejé que muriera de hambre y por eso parecía una bolita de pan blanco.

Soñaba algún día acariciar su piel de algodón sin que hubiera humedad teñida del peor color. Odiaba y me repugnaba el rojo. Al oído le susurré que íbamos a escapar. Se lo prometí. Y si ella o yo moría primero, reencarnaríamos cuantas veces fuera necesario: en la tierra, en el mar, en el cielo o en el infierno, pero nos encontraríamos.

ꟷ¿Por qué me odias? ꟷle pregunté cuando hizo una pausa para tomar aire luego de cuatro golpes con la hebilla del cinturón.

Él nunca me explicó un motivo. Siempre, luego de descargar su ira conmigo iba tras la gata. Yo iba más rápido que él, pero a veces no. La tomó de la cola y la alzó, dejándola suspendida mientras se balanceaba para agarrarse de algo. Lanzaba sus garras por todos lados sin lograr que lleguen al brazo de ese demonio.

Actué haciendo una ruptura en el tiempo porque de repente mi mano apretaba un cuchillo. Se la inserté en la espalda antes de que la matara a golpes. Saqué la punta de su carne para introducírsela una vez más. En cuanto me incliné hacia atrás para dar impulso a mi brazo, él se dio la vuelta y agarró mi mano. Me arranchó el cuchillo y sin miramientos pateó mi estómago. Caí al suelo vomitando lo poco que había comido. Lo último que recuerdo fue la punta de la hoja presionando mi garganta.

De pronto, desperté… una resurrección efímera, para ver a mi lado el cuerpo agonizante de Nyra, corrompida por la ira injusta de ese hombre.

Te llamaré ꟷme ahogaba en mis propias palabrasꟷ Te buscaré. Gritaré tu nombre… y te encontraré ꟷagarré su patita, lo único que no estaba sucio de ese color maldito.

Al menos estuve cerca de ella antes de dormir para siempre.

«Te encontraré. Estaremos juntas de nuevo».



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En el texto hay: horror, magia, magia aventura y fantasía

Editado: 30.04.2026

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