Los sueños son la imagen del paraíso en la Tierra. Para alcanzarlos y disfrutarlos debemos estar con vida. Pero ese no es mi caso. Para cumplir el mío, necesito morir porque ese es mi sueño.
Mamá sospecha de aquellos pensamientos desde hacía tiempo, aunque se niega a creer que algún día pudiera convertirlos en realidad. Aun así, la posibilidad parece turbarle los huesos con una angustia silenciosa.
Se acercaba a preguntarme qué pasaba por mi mente y también:
ꟷ¿Por qué…? ꟷpero luego se interrumpía.
Nunca completaba la pregunta. Tal vez porque tenía miedo de lo que pudiese oír de mi boca. Al final optaba por guardar silencio, como si pudiera desvanecer toda posibilidad. También pienso que funciona así: «Si no lo pienso, no sucederá».
Casi nunca hablo con ella. Solo hay una razón: temo que no pueda comprender el motivo de mi sueño. También sospecho que mi madre evita decir una sola palabra por miedo a convertirse en el catalizador de un final que podría llegar antes de lo previsto. No la culpo, pues puede ser una causa.
El silencio se ha vuelto el mejor escudo.
Por supuesto me urge hablar con ella, pero la garganta no me concede el paso de un chirrido de voz cuando estamos frente a frente. Comemos, salimos, nos vemos, pero no hablamos. A penas nos saludamos. ¿Un abrazo? La podría derrumbar y ella a mí.
¿Por qué no me iba de una vez? Lo he pensado mucho y lo que me sostiene hasta ahora es el amor por mi madre. Quiero morir, pero la amo más que mi propio sueño. Incluso he deseado alguna vez que también tuviera la misma intención de hacerlo y así irnos juntas, a estar eternamente con ella… con Alessia.
Nuestra familia era pequeña, y prodigaba amor que desbordaba los límites de cualquier medida. Pero, así como el amor nos hace sentir más vivos, es capaz de destruirnos. No era su momento de irse.
Aunque tuviera la posibilidad de librarme de este dolor oculto, no quiero que mi madre cargue también con mi ausencia, además de la de mi hermana. Y yo tampoco soportaría la suya si llegara a irse antes que yo.
Si tan solo quisiera tomar mi mano y caminar juntas hacia el mismo lago que se tragó a Alessia… porque ni siquiera pudimos encontrar su cuerpo. Entonces volveríamos a estar las tres juntas.
Cada una deambula en su espacio e iba a otros. Al menos nos avisábamos dónde estaríamos.
Salgo a caminar un rato sin prestar atención a los semáforos, al estruendo de las autopistas ni a las personas que se cruzan conmigo. Atravieso una plaza de frutas frescas; entre nosotras, los regalos nunca faltan cuando la voz es incapaz de hacerse escuchar. Puedo oler la felicidad en el dulce aroma que desprenden sus colores.
La mayor parte de mi tiempo me dedico a ver las huellas que la muerte deja en mis pupilas, como niebla de miel flotando. El rostro de mi madre siempre aparece por detrás. Por otra parte, si estoy en la tierra de las frutas ꟷasí llamo a mi realidadꟷ me olvido de esas huellas. Es mi desviación y un medio pasajero para mi tranquilidad.
ꟷ¿Qué frutas querrá mamá? ꟷtodo lo demás es ajeno a mis oídos, menos el estrépito más ensordecedor como el de la bala que acaba de silbar y llegar a mi espalda.
De reojo veo correr a la persona con el arma en la mano. Estaba aterrado y confundido, buscaba al que parecía ser su objetivo, pero se había salvado de él. La multitud resuena en altercados, llantos y gritos de auxilio.
Detecto una sensación de calor en mi pecho. Llevo mi mano para presionarlo y se tiñe del rojo más horroroso. De repente, un dolor agudo, insoportable y difícil de contener me retuerce el cuerpo.
El calor por dentro aumenta de ardor mientras mis pulmones intentan inflarse. Caigo de golpe, fracturándome el brazo y lo único que veo de lejos es el rostro de quien más amo. ¿Me había seguido?
ꟷ¡Sabía que esto pasaría! ꟷmi madre se agacha con las manos temblando. No sabe qué hacer con la sangre borboteando.
Me duele, pero… de mí florece cierta emoción. Parecía que mi sueño estaba volviéndose realidad. Sin embargo, aquella felicidad retrocede cuando veo a mi madre sufrir y suplicar que no la dejara.
ꟷ¡No te muevas, hija mía! ¿Cómo voy a vivir desde ahora? ꟷentonces se me ocurre. No hay vuelta atrás, ni salvación para mí, así que antes de irme para siempre, le digo finalmente lo que quiero desde hace mucho tiempo.
ꟷVámonos juntas ꟷel suspiro de mis palabras queman mi cuerpoꟷ. Ven conmigo. No quiero que estés sola.
ꟷMi niña ꟷpasa sus delicadas manos por mi rostro.
Me levanta con dificultad mientras me quejo del agonizante dolor. Luego de esfuerzos agotadores, logra llevarme a cuestas para ir caminando, a pesar de mi peso sobre su frágil espalda. Las dos sabemos a dónde dirigirnos. Hasta ese último momento guardamos silencio, pero nuestros brazos se aprietan entre sí, imposibles de desatar.
Editado: 11.05.2026