Descalabro

Puertas de bienvenida

¿Cuánto tiempo dura un matrimonio feliz? El mío duró un solo día, antes de verla cruzar por aquella maldita puerta que la encerró y me la quitó para siempre. Ahora siento moriré sin saber qué pasó con Lourdes.

Había escrito Gabriel en una hoja rasgada después de cargar con el peso del luto durante cincuenta años. Nueve horas después, se le notificó a la policía que éste había desaparecido.

….

Gabriel cruzó las puertas de la iglesia llevando a Lourdes en brazos. Las flores nevaban después de ser lanzadas al cielo, las campanas anunciaban la unión de dos jóvenes enamorados y la familia vitoreaba entre aplausos. Finalmente, eran marido y mujer.

Lourdes tenía los ojos vendados mientras Gabriel la tomaba de los hombros para llevarla por el camino que le daría la gran sorpresa. La detuvo. Deshizo el nudo de su nuca y la tela de sus ojos cayó como una cortina revelando un paraje inesperado.

Un enorme cerezo descansaba encima de una casita de techo triangular cuya punta llegaba a la altura del árbol y los vértices tocaban el suelo. Lourdes se perdió en la contemplación y caminaba sin advertir alguna piedra que la hiciera perder el equilibrio; Gabriel evitó que cayera, y ella no se daba cuenta.

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Pasaron por la puerta en forma de arco, donde el interior aguardaba su llegada. Lourdes daba vueltas como una bailarina en su vestido de novia para observar el techo como si fuera el cielo.

ꟷ¿Aquí vamos a vivir? ꟷsu voz no pudo contener la emoción.

La luz que se filtraba por las ventanas, le dibujaban un contorno dorado en su silueta; Gabriel jamás la había visto tan hermosa como esa tarde de rosas.

Durante la noche, en la que ella reposaba con el torso desvestido frente a la chimenea, él, a través de un beso en el hombro, le hizo una promesa:

ꟷNo importa a donde vayas o si te escondes en el fondo de la tierra, sabré exactamente cómo encontrarte.

El olor de su cabello lo llevó a un dulce sueño del que despertaría poco tiempo después. Había dejado de sentir el calor de Lourdes a mitad de la madrugada. Pensó que posiblemente había ido a tomar un vaso de agua o no podía dormir.

Acertó en esta última suposición cuando vio algo desde la ventana: Lourdes caminaba entre los arbustos con su bata de seda. Se avecinaba una tormenta de vientos, pero ella no temía su amenaza. La tela que protegía su piel desnuda parecía a punto de arrancarse de su figura. Caminaba impávida entre los cerezos que huían de los azotes del viento.

ꟷ¡Lourdes! ꟷgritó Gabriel.

Al ver que no reaccionaba y solo continuaba dando pasos hacia delante sin intimidarse por el ímpetu del tiempo, dio un arranque para ir tras ella.

Saliendo al jardín, el cerezo cayó de golpe, separándolos a ambos. Lourdes ni siquiera despertó ni porque la tierra se hubo abierto. Se dirigía lentamente y dominada por una fuerza incongruente que la arrastraba hasta el muro de piedra que funcionaba como límite de su propiedad.

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ꟷ¡Lourdes! Regresa a la casa. Es muy peligroso.

Sin embargo, hizo caso omiso a los llamados de su marido. Su mente estaba secuestrada, llevándola a…

Nunca hubo una puerta en el muro y ella se dirigía a aquella.

Gabriel corrió tras ella. Trepó el grueso tronco que los separaba, esquivando la corteza afilada y las ramas latigantes que aruñaron su rostro.

ꟷ¡Lourdes!

Estaba cerca de la puerta de madera pintada de flores turquesas, las cuales se iluminaron cuando ella llegó. Gabriel saltó del tronco y corrió como si la vida se le estuviera agotando. Estiró el brazo para impedir que entrara en cuanto la puerta se abrió. Estuvo cerca, pero Lourdes se había adelantado. Sus cabellos flotantes fueron lo último que vio antes de que se viera un portazo seco y brutalmente ensordecedor.

Gabriel llegó un segundo después. Tomó la perilla y la agitó con brusquedad. Comprendió que la puerta se había bloqueado. Gabriel dejó de forzarla, pero decidió pegar la oreja a una de las flores que aún irradiaba luz para escuchar lo que pasaba al otro lado.

Intentó distinguir algún sonido que le diera información, hasta que un grito desesperado lo espantó y le hizo caer de espaldas. Era Lourdes. Lo llamaba y golpeaba la puerta para que la socorriera. Gabriel se levantó a toda prisa y empezó a azotar la madera con los hombros. Lourdes seguía gritando por su ayuda, pero de repente dejó de hacerlo.

El muchacho retrocedió cinco pasos y ejerció impulso sobre sus piernas. Corrió hacia la puerta con el hombro derecho dispuesto a fracturarse para derribarla, pero antes de siquiera tocarla, esta desapareció. No llegó a embestir la madera, sino la piedra que siempre había estado allí.

Agarrándose el hombro herido, cayó en la ilusión de que una pesadilla estaba jugándole una broma. Todo era irreal, se decía, incluso el tronco caído en sumisión ante la tormenta. Regresó a su cama y se escondió bajo las sábanas para luego despertar de este terrible sueño.



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En el texto hay: horror, magia, magia aventura y fantasía

Editado: 11.06.2026

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