Descalabro

El sueño de las almas

Existe un lugar que parece ser la cima misma de una montaña donde habitan los recuerdos de historias inolvidables. Rodeado de nubes y sin horizonte más allá de ellas, está condenado a recibir interminables bolas de granizo que no congelan, pero se sublima en un cálido ambiente de invierno que al mismo tiempo no lo es, no se siente frío.

Solo los que coinciden encontrarse tienen la suerte de visitarlo una vez en toda su existencia. ¿Por qué? Porque las almas gemelas que no logran encontrarse en la tierra, al menos se reúnen en los sueños… hasta que uno de los dos desaparece, y con él, también lo hace la montaña.

Viena nunca tuvo el conocimiento previo de vivir lejos de su madre. Los primeros meses en los que iniciaba su etapa de estudiante novata de leyes representó un tormento de incertidumbre y sueños disruptivos debido a la inquietud en sus latidos que no dejaban de cesar.

El tiempo le enseñó a valorar los periodos de resiliencia. Supo cómo contener y sobrellevar sus malestares y dejó de ver la independencia como un juego macabro de su nueva vida. Viena se dio cuenta de que cocinaba delicioso, lavaba su ropa a mano, sacaba la basura, aprendía recetas, sacaba y colocaba nuevos bombillos, salía a caminar por los derredores, sacaba su caja de herramientas para cualquier reparo y se adaptaba al ritmo estricto del estudio. Todo encajaba en un orden del que empezó a sentirse orgullosa.

ꟷVivir no es tan malo después de todo ꟷlo decía con seguridad instalada en su sonrisa.

Su alma se regocijaba en las nuevas experiencias de su edad. Milagrosamente, no estaba en la obligación de trabajar como Adán, un joven que terminaba su jornada nocturna en el casino. Saliendo a las doce de la noche tenía poco más de cuatro horas para descansar y continuar en los proyectos del primer año de ingeniería; números y fórmulas no salían de su cabeza.

Despertaba entre las tres y cuatro de la mañana para realizar tareas antes de ir a clases por otras cinco horas, regresaba a su departamento y tres horas antes de ir al casino, se dedicaba a adelantar otras cosas más.

Alex miraba desde su cama la espalda levemente encorvada de su compañero para apoyar su cabeza sobre la palma de su mano y evitar golpearse contra la mesa mientras el cansancio le pesaba los ojos y los números le exprimían el cerebro.

ꟷNo más ꟷdejó los audífonos a un lado y se apresuró a acercarse al escritorio donde Adán iba parpadeando rápido para no caer dormido.

ꟷ¿Qué está pasando? ꟷAdán se recuperaba del adormecimiento en el que apenas comprendió lo que su compañero de habitación le decía.

ꟷBasta.

ꟷ¿Basta de qué, Alex?

ꟷA este punto te vas a enfermar si no descansas por lo menos una hora.

ꟷNo puedo. Tengo mucho que hacer, no puedo perder la beca por un descuido.

ꟷCon beca o no, tienes que dormir. Tómate una siesta.

ꟷNo ꟷabrió el cuaderno, pero antes de continuar estudiando, Alex le arrebató de sus manos y se dirigió al baño mientras Adán lo perseguía asustado.

ꟷ¿Qué haces? ꟷse acercaba a pasos lentos hacia el inodoro donde había la amenaza de que Alex arrojara el cuaderno.

ꟷNo me importa cuánto te acerques. Vas a dormir una siesta de dos horas o esto va a las alcantarillas con mi orina.

ꟷEres un idiota.

ꟷYa lo sé. Ve a dormir ahora.

Adán se resistió y no supo cómo contradecirlo.

ꟷ¡Ahora dije! Vamos, camina ꟷAdán se dirigía a su cama, y Alex lo acompañaba con el brazo todavía extendido, sosteniendo el cuaderno

ꟷDéjame terminar el ejercicio cuarenta y tres…

Alex caminó de regreso al baño determinado a hacer lo temido. Adán se lanzó a la cama.

ꟷ¡Mira! ¡Ya estoy acostado! ꟷgritó desesperado.

ꟷ¿En serio? Quiero verlo ꟷasomó la cabeza de la puertaꟷ. Muy bien, quiero ver que estés dormido.

ꟷ¿Vas a quedarte viéndome por horas?

ꟷSi ꟷse sentó en la silla de Adán con el cuaderno bajo su trasero.

No tuvo opción más que obedecerlo. Se recostó cómodamente debajo de una manta y al poco rato se quedó dormido. Realmente necesitaba un descanso.

Subía una pendiente con hierbas altas sin conocer de dónde había partido. Viena no veía hacia donde iba, ni qué tan cerca o lejos estaba del final de la cuesta, pues la niebla y el granizo borraban todo a su paso y por segundos permitía que ciertas ramas de árboles bajos se presentaran en su campo de visión y luego desaparecían.

No había nada más que niebla y poca presencia de árboles, parecíase ser que no había inicio ni fin en el camino de subida. Lo último que recordaba fue haber ido a dormir a la hora de siempre y después, sin explicación, su llegada al extraño lugar.

No. Sí había un fin, la subida se acabó y su cuerpo descansó del esfuerzo cuando el suelo se abrió horizontalmente y la niebla empezó a alejarse hacia los lados, aunque no completamente y el granizo no cesaba. Aún le era difícil encontrar la claridad de lo que se encontraba allí, entre ello, una silueta lejana frente a ella.

Entornó los ojos como si pudiese enfocar mejor a la persona la cual no se movía.

ꟷ¿Hola? ꟷgritó Viena con la esperanza de que no representara algún peligro.

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Dio un sobresalto cuando la figura comenzó a acercarse. Quiso darse media vuelta para regresar por donde había venido, pero la niebla borraba cualquier sendero, y las piedritas de granizo se perdían entre su espesor. Poco a poco, la figura se hacía más visible, al igual que los árboles, que parecían desnudarse de la niebla que los cubría.



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En el texto hay: horror, magia, magia aventura y fantasía

Editado: 23.07.2026

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