Los párpados de la pelirroja se despegaron sutilmente, no pudo despertarse por completo debido al mareo. Podía escuchar unas ruedas moverse sobre un camino grumoso, además de voces masculinas hablar cerca. Antes de poder procesar la situación volvió a sumergirse en aquella oscuridad.
Era como estar en medio de un mar y hubiera olas dentro de su cabeza moviéndose con fuerza cuando intentaba abrir los ojos. Después de un largo tiempo oyó las ruedas brincar varias veces, quizás estaban pasando por un camino riguroso. Dedujo que se encontraba dentro de un transporte de madera, esto gracias a los sonidos peculiares a su alrededor y el leve tacto de sus manos. Una carroza, sí, parecía recorrer un sendero cubierto de nieve y algunas pequeñas piedras. A pesar de sus teorías, la pesadez y el mareo aún yacían en su organismo. No podía ver a su alrededor, pues todo estaba oscuro; no procesaba más allá de los ruidos, ya que sus ojos estaban cerrados. Lo peor era estar a punto de recobrar toda su consciencia, pero al final una fuerza la sumergía de nuevo en el sueño.
¿Pasaron diez minutos? ¿Veinte? ¿Una hora?
Al sentir, por fin, la ligereza y control de su cuerpo, sus párpados fueron abriéndose con lentitud. Estaba sentada sobre un suelo de madera y aún estaba usando el vestido rojo.
—Vaya, al fin despertaste —dijo una voz masculina y adulta.
Al alzar la mirada vio una amplia habitación perteneciente a una cabaña, mientras la tenue luz de un foco iluminaba el cuarto. No pudo vislumbrar mucho, salvo el vacío, la lejana puerta al fondo, una ventana sucia mostrando un paisaje oscuro y cinco figuras humanas frente a la salida.
El mismo sujeto rubio sentado en una silla de madera, con el espaldar apoyado a su pecho y sus brazos descansando sobre este mismo. A su vez, dos hombres estaban parados a cada lado.
Julie sintió miedo al instante, pues la falta de luz hacía sus siluetas más siniestras. También se escuchaba un llanto infantil proviniendo de una esquina. Era una niña de hebras doradas escondiendo su cabeza entre sus rodillas y abrazando sus piernas.
Marie.
—Mami... Mami... —dijo entre sollozos y tartamudeando.
La pelirroja no pudo pronunciar alguna frase. Vio en silencio a la pequeña, mientras unas enormes ganas de protegerla surgían en su interior.
De pronto, escuchó a su lado unos leves quejidos masculinos, se trataba de su compañero despertando. El joven sacudió con lentitud su cabeza antes de visualizar el lugar en donde se encontraban. Cuando sus ojos grisáceos se toparon con los esmeraldas del adulto, la ira reinó en su ser.
—¡Elías Chase!
—Consejero Real Elías Chase —corrigió el hombre mientras movía su índice en el aire—. Vaya que tienes la osadía de dirigirte así a mí a pesar de las circunstancias.
—¡No le temeré a un cobarde traidor! —respondió con furia.
—Los más valientes son los primeros en caer o, en este caso, permitir que otros paguen por sus actos —su mirada se dirigió hacia la niña—. Marie, saluda a tu príncipe.
La chiquilla estaba llorando en su rincón; pese a la orden del adulto ella no se movió ningún segundo hasta que el hombre repitió el mandato a gritos. La pequeña alzó su cabeza con lentitud, sus labios temblaban y sus bellos ojos estaban tan rojos como sus mejillas.
—A-Archie... Príncipe... Archibald —murmuró entre sus llantos.
—Marie —susurró Archibald con el corazón en la boca.
Su preocupación por la menor fue tanta que, con una mirada más suave, se dirigió nuevamente hacia Elías.
—No le hagas daño.
El hombre soltó una carcajada al escuchar al príncipe casi rendirse.
—Archer —agregó—, si hubieras suplicado de esa misma forma Lily seguiría viva.
«Viva», esa palabra hizo eco en su mente y lo dejó shock.
¿Cómo eso? No había forma de saberlo o tal vez…
«Él fue».
Sus ojos estaban muy abiertos y su respiración empezó a agitarse al ritmo de su corazón acelerado. Fue bajando su mirada despacio, sin dejar de escuchar como eco la última palabra pronunciada por Elías. Su cuerpo comenzó a temblar poco a poco.
Como si estuviera viajando de vuelta al pasado, escuchó de nuevo los gritos de agonía y terror de su madre en la habitación. Una y otra vez escuchó su nombre ser pronunciado, la cabaña ardía en llamas y al parecer se transportó a una mansión playera en medio de un incendio.
Había tablones blancos consumiéndose en el fuego y dos niños de cabellera azabache sobre una alfombra roja. Su mirada estaba fija en el fondo del cuarto y en su madre arrodillada. Ella estaba cubierta de sangre como el suelo, en cambio, él tenía un cuchillo bañado de líquido carmesí.
—Archie, corre —imploró entre su llanto—. Archie, por favor, corre y no mires atrás.
—Mamá... —susurró aterrado—. ¿Qué hice?
Una silueta negra apareció detrás de la mujer para apuntarle al cuello con una daga. La adulta, de hebras blanquecinas, por segunda vez le ordenó al niño huir.
—¡Corre!
—¡Mamá!
#1576 en Fantasía
#5635 en Novela romántica
amorprohibo, realeza academia real secretos y nobleza, romance acción drama fantasia aventura
Editado: 23.03.2026