Descendientes Eternos

Capítulo 10: Yo elijo

«Entre elegir y ser elegido, yo elijo», tal fue el pensamiento de Archibald antes de aceptar la misión encomendada por los espíritus.

Ahora se lo repetía nuevamente al estar en las calles vacías de la capital en una de sus cacerías nocturnas. Una fresca brisa acarició su rostro bajo la capucha negra del abrigo; ante aquello, se desacomodó la tela y parte de sus hebras negruzcas salieron de su escondite. Él maldijo en voz baja y volvió a cubrirse la cabeza. Solo así se sentía seguro, resguardado bajo el anonimato mientras cazaba a los Chaos.

De pronto, al frente suyo voló una hoja de periódico; sin embargo, unas manos pequeñas y delicadas agarraron el papel.

—«Chiaroscuro, los nuevos protectores de Ravenham» —leyó Julie en voz alta al pararse a su lado.

—Agh —masculló mientras llevaba una mano a su frente—, otra vez nos vieron en la noche.

Han pasado tres meses desde el incidente de Angeline y, tal como predijo, la prensa se alocó esparciendo la noticia de lo sucedido ese día.

Preocupación y esperanza, eso sentía la humanidad entera, además de tener muchas dudas rondando en torno a una pregunta: «¿Volvieron los Descendientes Eternos?»

Quizás no estaría esa interrogante en la cabeza de todos si en los periódicos no hubiera aparecido, en primera plana, una foto de dos jóvenes usando prendas negras con un eclipse dibujado en sus espaldas. Un reportero en específico los comparó con los antiguos guerreros de Saxdeia por esa imagen, pues el sol y la luna juntos representaba dicha leyenda. Después, en un par de días, ya estaba en boca de cada habitante. Algunos afirmaban su veracidad, otros lo veían como un simple mito.

«Chiaroscuro» es un apodo de la prensa a los héroes de Angeline Bouchard. Inspirado en el nombre de los protagonistas del relato. Protectores del claro, la luz de esperanza de Saxdeia y ocultos en la oscuridad.

Cada persona estaba pendiente de ellos y de las noticias anunciando su aparición. De vez en cuando, algún fotógrafo lograba captar una imagen suya saltando en los techos de las casas o corriendo por las calles durante la noche. Si estaba el sol y la luna doradas en sus espaldas, de seguro eran los Chiaroscuro.

Quizás el enorme interés se debía a sus identidades secretas, pero tener cientos de miradas fijas en ellos no los ayudaba.

Ambos sentían mucha presión, mas sus espíritus les recomendaron capturar a esos seres al caer el sol.

—«Hoy se cumple otro mes desde el surgimiento de los Chiaroscuro…» —continuó leyendo la jovencita—. «Bla, bla, bla… Fueron vistos la noche anterior corriendo por la Estación Azariah. Bla, bla, bla, ¿Algún día van a revelar sus rostros?»

Julie arrugó el papel y lo lanzó al suelo sintiéndose muy molesta por la insistencia de la prensa en descubrir sus secretos. Quería elevar la voz y quejarse, sin embargo, aprendió a ser sigilosa durante sus entrenamientos en la ciudad.

Otra vez el silencio reinó por aquellas calles desoladas. La corriente de aire arrastró la hoja de periódico hasta perderse de la vista del par de adolescentes.

Archer alzó su mirada hacia uno de los techos lejanos de donde estaban; cuando vio una silueta negra corriendo por el tejado y siendo perseguida por dos figuras astrales, susurró:

—Ahí viene.

La jovencita asintió con su cabeza antes de dar pasos ligeros hacia una pila de cajas de madera. Su compañero le siguió el ritmo dando saltos suaves, usando los cajones como escaleras, tras crear una ráfaga de aire bajo sus pies y así subir a la azotea de una casa.

—Recuerda, manipula el viento para elevarte mientras brincas —agregó el príncipe.

—Sí, sí —contestó con desgano la muchacha; para su suerte, controlar dicho elemento era más sencillo a diferencia del fuego.

Cuando ambos aterrizaron en la techumbre, observaron a la silueta monstruosa de antes pasar frente a sus ojos y huir hacia el tejado de otra edificación.

—¡Rayos! —maldijo el príncipe.

—¡Julie, Archer! —gritó Lúa, quien antes perseguía a la criatura junto a su amado.

Tanto la pelirroja como el azabache no tardaron en emprender la carrera detrás del Chaos, una bestia peluda semejante a una pantera con tres colas de púas. Llevaban una semana intentando cazar al monstruo luego de pillarlo como el verdadero culpable de los asesinatos cerca de la Estación Azariah.

Los dos se elevaban en el aire y daban saltos largos de un techo a otro, tal cual si estuvieran volando. A veces sus brincos eran en zigzag, creando cruces entre ellos y, a su vez, lanzaban algún ataque mágico. Archer era un experto manipulando cualquier elemento; sin embargo, Julie apenas podía controlar el viento y le tenía terror al fuego. Ella intentó disparar una ráfaga flamígera hacia la criatura, pero la flama fue tan débil que se extinguió a los pocos metros.

—¡Con más fuerza! —gritó Archer.

—¡Eso intento!

De pronto, al frente suyo estaba un edificio mucho más alto. El príncipe no tuvo problemas en elevarse varios metros, mas la pelirroja lo consiguió en el segundo intento y, además, se tambaleó al aterrizar.

—¡No te quedes atrás! —vociferó Archer.




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