—Saludos estimados estudiantes de la prestigiosa Academia Ravenham. Mi nombre es Magnus Eadanus, su líder durante la pasantía.
Julie y Archibald se encontraban formados en fila, con el resto de sus compañeros, en un patio verde y amplio de la sede del sindicato.
Todos los estudiantes se encontraban vestidos con el segundo uniforme escolar. Las mujeres con una blusa blanca, corsé negro —sin apretar para darles libertad en sus movimientos— y short del mismo color. En cambio, los hombres vestían de forma similar, quitando aquella faja y con un pantalón largo. Por último, ambos géneros tenían en común unos guantes y botas oscuras; además de un chaleco de mangas largas, dado por la legión, con el símbolo del sol dorado para las mujeres, y la luna del mismo tono para los hombres.
Al frente del grupo estaba un adulto usando prendas de colores sombríos haciendo juego con su cuerpo musculoso, el cabello hasta la nuca y sus ojos igual a dos perlas ónix.
—Seré directo: Si han sido convocados hoy significa que tuvieron algo que llamó mi atención. No lo arruinen o regresarán a las aulas aburridas.
Magnus volvió a posicionarse en medio de la fila y con la mirada hacia sus alumnos, mientras aguantaba las ganas de reír por la expresión de miedo en los rostros de los menores. Él, con ese chaleco, pantalón y guantes de cuero, tenía una apariencia intimidante; aunque Julie y Archer estaban tranquilos, sin importar esa cabellera casi despeinada y salvaje o esa cicatriz en su mejilla.
—Bien —el líder dio un aplauso, manteniendo una sonrisa maliciosa en su rostro—. Empecemos.
Tras pronunciar esa frase, recibieron un recorrido por toda la base. Los patios y jardines se encontraban llenos de arbustos y árboles con flores. Algunos tenían sus hojas recortadas para formar alguna figura geométrica. Por otro lado, los edificios eran grandes, con ladrillos negruzcos, y decoraciones doradas en los bordes de las ventanas y los filos de las paredes. A veces se veía dibujado el sol o la luna de color oro en los muros externos; sin contar que en cada edificación se encontraba un cartel con el nombre de dicho lugar.
Julie y Archer se interesaron en la oficina del líder y no tardaron en ordenarle a los guardianes robarle la llave. Así, en su hora de almuerzo, se escaparon del comedor para dirigirse a su próxima misión.
Parados frente a la puerta, esperaron la llegada de los espíritus. Lúa meneó las llaves y su compañero la calló para no llamar la atención.
—¿Cómo lo hicieron? —interrogó la pelirroja.
—Julius se transformó en un perro que le robó una hoja al líder —contestó la guardiana con mucho orgullo—. Aproveché mientras lo perseguía para quitárselo del bolsillo.
Archibald soltó una risita.
—Un líder engañado por dos espíritus —extendió la palma, Lúa le entregó la llave—. Bien, hora de la verdad.
El príncipe introdujo el trozo de metal en la cerradura y lo giró a la derecha muy suavemente. Se escuchó un clic y la puerta se abrió frente a sus ojos. Se encontraron con una habitación negruzca con un mapa de Saxdeia en la pared derecha. A cada lado había una estantería repleta de libros y al fondo un escritorio con varios cuadernos y hojas dispersas, además de tinta, una pluma y un pequeño globo terráqueo con el sol y la luna alrededor. También en uno de los muros había un calendario con los importantes eventos astronómicos señalados en él.
—Wow… —susurraron todos al unísono.
Cada uno caminó o voló por el cuarto y ojeó cada objeto del lugar. Julie, en particular, se concentró en los cajones del escritorio, mientras Archibald chequeó rápido los títulos de cada tomo en la estantería. Entonces, la muchacha divisó entre los papeles de la mesa un cuaderno de tapa negra.
—Creo que encontré algo.
Todos se acercaron a ella de prisa. Ella se lo entregó al príncipe y él lo abrió. Estaba escrito en tinta con una letra muy elegante. Leyó con rapidez cada página.
—Hmm… Es un resumen de la historia de la creación de Saxdeia. Oh, espera —señaló un párrafo en particular—. «El mal nacido de los Soul-Mage, debido a su fina conexión con el plano espiritual, fue obteniendo forma física con ciertos rasgos especiales. El mundo los denominó Chaos, pues surgieron del caos y lo traían a donde pisaban».
Julie suspiró.
—Nada que no sepamos ya. ¿Qué más hay? —Se fijó en la siguiente página y continuó la lectura—. «Por cada criminal y persona malvada nacía un Chaos de Bajo Rango, quienes no son visibles a ojos humanos y solo pueden susurrar en sus mentes frases despiadadas para sumergir a sus víctimas en el pecado. Los de Medio Rango, en cambio, se los podía ver y poseían apariencias de animales o criaturas fantásticas. Ellos devoraban los espíritus o los cuerpos».
—«Por último, estaban los de Alto Rango» —prosiguió el príncipe—. «Aparte de su forma espiritual, invisible a ojos humanos, y la bestial, semejante a un animal o ser sobrenatural, también podían camuflarse eternamente como humanos. Se infiltraban en la sociedad por años sin ser descubiertos. Por otro lado, podían poseer a todo ser viviente, manipularlo, corromperlo o vivir la vida de este».
—Es una enciclopedia. —Bufó Julius—. Mejor sigamos buscando por aquí.
Los entes volaron de regreso a las estanterías mientras los adolescentes se vieron fijamente.
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Editado: 23.03.2026