El amanecer suele asociarse con nuevas oportunidades llenas de esperanzas, pero por primera vez Julie no lo veía así. Al salir los anaranjados rayos del sol podría recibir malas noticias. Tal vez el anuncio de la muerte de Archibald. Entonces, sucumbiría ante la culpabilidad de una tragedia, la cual ella debería ser protagonista y no el príncipe huérfano del imperio.
¿Qué sucedió durante la madrugada? Después de llegar a los terrenos seguros de la academia, fue enviada a la enfermería junto a Archer. Las encargadas del cuidado de los alumnos no le detectaron alguna herida grave. Solo rasguños y moretones fácilmente curables con una pomada. No festejó por eso; en cambio, se sintió peor, pues su compañero se encontraba en un estado crítico por su culpa y, además, le fue imposible permanecer a su lado esa noche al ser enviada a su habitación.
Sufrió cada minuto de esas horas.
Ya no era la misma Julie Ross que conocía a la perfección. No podía sonreír. Tampoco durmió. Solo lloró, rezó por el bienestar de Archer y se lamentó por no haber salvado a Renee.
Tal vez nunca se perdonaría a sí misma por no evitarle la muerte. Quizás sería imposible olvidar el rostro sin vida de la chica, y los cantos sádicos e infantiles de los niños; además, al rememorar la melodía, su piel se erizaba, temblaba y los sollozos salían de su boca.
Si cerraba los ojos, volvían las terroríficas escenas del bosque y, luego, venía el llanto. Por último, estuvo completamente sola en la habitación, pues Lúa cargó a Julius hacia un supuesto lugar cuya conexión con el plano espiritual lo sanaría. Al parecer, existen sitios en Saxdeia con un fuerte nexo con tal lado y en ellos los guardianes podían recuperar energía o volver a su mundo astral.
En plena soledad, le fue imposible no sumergirse en sus pensamientos hasta ver los primeros rayos del sol asomarse por el horizonte.
Un nuevo mañana apenas comenzaba y ella no esperó ningún segundo para alistarse y salir de su cuarto. La luz del día acarició su piel en medio del patio principal de la academia; mas sentir la tibia sensación no la alegró, sino que le trajo tristeza.
—Archer… —susurró para sí misma.
De pronto, detrás suyo escuchó unos pasos lentos y sigilosos. Por un instante, la pelirroja se alarmó y giró bruscamente manteniendo una posición de defensa. Luego, se relajó al ver a Angeline atemorizada por su reacción violenta.
—¡An!
—Ah, ¡lo siento! No era mi intención asustarte —comentó la chica mientras se acercaba—. ¿Vas a visitar al príncipe Archibald?
—Oh… —Observó el suelo un rato—. ¿Cómo lo sabes?
—Parece que Susanne los vio saliendo heridos del bosque hacia las residencias y ahora todos en la academia están enterados.
—Oh, no, ¿todos?
—Todos —reiteró con preocupación—. Incluso saben de los Chaos y… que el príncipe Archibald te salvó.
Julie suspiró con pesadez.
—Tengo un mal presentimiento —comentó la pelirroja—. De todos modos, debo ver a Archer. Necesito asegurarme de que se encuentra bien.
Angeline sonrió enternecida por la determinación de su amiga.
—Te acompaño.
Ambas emprendieron rumbo al interior de la academia. Caminaron por los pasillos y subieron las escaleras hasta llegar a un corredor cerca de la enfermería. Se detuvieron al observar a un grupo de estudiantes parados en la entrada de dicho lugar, cada uno curioso por el estado de salud del príncipe; mas imposibilitados a entrar para visitarlo, pues la puerta estaba cerrada y custodiada por dos guardias. Julie dudó en continuar con su camino al mirar a los estudiantes tan preocupados y ansiosos.
¿Qué trato recibiría apenas la vieran? De seguro, nada bueno.
Entonces, su amiga posó la mano sobre su hombro y le dedicó una sonrisa amigable: «Yo iré», le dijo.
No rechazó su ayuda. Le permitió acercarse al montón de adolescentes, en tanto permanecía escondida detrás de una pared.
—¡Bouchard! —le señaló una alumna con su índice—. ¡Alto allí! ¿Planeas contagiarle tu maldad al príncipe?
—¿Maldad? Los Chiaroscuro quitaron la corrupción de mi alma.
—¡Una persona mala siempre lo será! Hay tanto pesimismo y caos en tu interior. ¡Vas a contaminar el espíritu puro del príncipe!
—Pero yo no…
«Fuera», «Vete, poseída», «Lárgate». Tales frases hicieron eco en las paredes del corredor y la pobre Angeline retrocedió unos pasos, sintiéndose tanto avergonzada como molesta. Una parte de su ser se encontraba enojada y con ganas de callarlos, la otra deseaba huir de los maltratos. Entonces, su fiel y querida amiga Julie apareció a su lado para defenderla.
—¡Si aún estuviera corrupta, la primera afectada sería yo, pero aquí estoy, intacta! —gritó enfurecida.
Las miradas de cada presente en el corredor se posaron sobre la muchacha, mientras contenían un «¡Ah!» del asombro. De pronto se volvió el centro de atención, hubo un enorme silencio incómodo y su flameante enojo se apaciguó al instante. Fue un error aparecer, lo supo de inmediato al ver la ira reflejada en los ojos de los alumnos.
Ninguno se atrevió a hablar, excepto la misma alumna que le habló primero a Angeline.
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Editado: 23.03.2026