«La Leyenda de los Trágicos Amantes»
Cuenta la leyenda que en un Saxdeia caótico, cuando la sangre y la desdicha azotaba las almas de sus apesadumbrados habitantes, dos amantes fueron condenados a sufrir. Kira y Mah, futuros líderes de las Tribus Sol y Luna, lucharon contra los prejuicios y el odio crecido por generaciones para hacer realidad su sueño de un romance libre; ya que el destino cruel los haría pagar por sus pecados, pues el futuro jefe de Luna se encontraba comprometido con una dama.
«Ama al enemigo, cuando debería amarme a mí, pues no lo permitiré».
Aquella dulce mujer, llena de resentimiento e ira, señalaría con su dedo a su prometido a sus espaldas y le informaría al líder de su colonia sobre la traición de su hijo.
Furia y sangre cayeron sobre las tierras santas. Un padre, en su deseo de acabar con la dama que se robó el corazón de su sucesor, clavó el pecho de su descendiente en el acto.
Mah, cegado de amor, sacrificó su vida frente a sus ojos para protegerla; mas para ella una vida sin su hombre era un castigo atroz. Kira agarró el cuchillo malvado y lo convirtió en un arma que la llevaría a los brazos de su pareja. Así, el manto de los dioses los arrulló en un sueño eterno, donde el tormento de un amor prohibido no sería un precio que pagar cada día.
«Si tuviera otra oportunidad, cambiaría el mundo para ambos»; de ese deseo nacieron dos nuevas vidas. Solandis, heredera de la corona del Imperio Sol, y Nathaniel, futuro gobernante de Luna, cargarían con las almas de los desdichados amantes. Estaban destinados a soportar el peso de una nación y el odio de su gente, anhelando continuar con una guerra interminable; pero los más cercanos conocían su rechazo a derramar sangre inocente en el campo de batalla. Incluso con la rivalidad latente, eran incapaces de odiar a su enemigo y aquel obstáculo crecería un tres de marzo cuando los trágicos amantes se volvieron a conocer.
«El invierno y la primavera se mezclaban en el Bosque de las Estaciones, lugar donde mi alma se reencontró con la suya y en mi pecho sentí como si aquel día fuera el más importante de todos», aclamó la damisela, inerte y sentada sobre el verde pasto, mientras su mirada yacía fija en los bellos ojos azules de un hombre.
El príncipe salvó la vida de su rival sin darse cuenta, pero tal hazaña sería suficiente para despertar la curiosidad de la damisela: «¿Por qué no atravesó su espada en mi cuerpo? Mi existencia para él debería ser comparable a la del monstruo que me atacó, aun así, en sus luceros solo vi bondad y tristeza».
De esa manera sus caminos se cruzaron. Ella no podía evitar buscar a su héroe y desear conocerlo más, a pesar de tratarse de su enemigo en la guerra.
Así, tras un largo tiempo de reencuentros inesperados y algunos intencionales, el Hijo de la Luna quedó cautivado por la pasión y osadía de la Heredera de Sol; mientras el corazón de la mujer grabó el nombre de su querido príncipe. De todos modos, el miedo a las consecuencias de ese amor prohibido se volvió un obstáculo para la pareja.
«Si voy a sufrir por amar, prefiero no hacerlo», pensaba Solandis, en cambio su caballero no paraba de preguntarse: «¿He de traicionar a mi imperio por el corazón o seré capaz de olvidar sus violáceos iris si empuño mi arma contra su cuello?»
¿Querer o no querer? La duda los llevó a un juego cruel, donde no sabían si aceptar sus sentimientos o acabar con ellos; sin embargo, en su interior presentían que su deseo siempre fue juntarse. Sus caminos se cruzaban sin parar, incluso cuando sus mentes los obligaban a escapar del otro. Era como si hilos invisibles los jalaran una y otra vez para verse de nuevo y avivar el fuego intenso en sus pechos.
De pronto un día, cuando el astro nocturno se encontraba en lo alto del cielo, los sentimientos de los Hijos del Sol y la Luna se desbordaron; mientras los recuerdos de su pasado asomaron en sus cabezas.
—¡No puedo amarte, Nathaniel! Aunque cada parte de mi ser llore por ti, no puedo permitirme caer ante la tentación.
—¿Por qué? ¿Por nuestra historia trágica o por tratarse de un amor prohibido?
—¡Nuestra unión significa caos para el mundo! ¡Sería egoísta ser feliz mientras los demás perecen entre la agonía y el terror!
—¡He de considerar injusto el final que escribes para nosotros! ¿Estoy pecando por amar a quien no debo? ¿Sufriré tanta desdicha y tragedia por ser un hombre apasionado? ¡No puedo ocultar más mis sentimientos, Solandis!
—¡Tampoco puedo ocultarlos más, pero debo hacerlo!
—¿Por qué debo vivir esta tristeza vida tras vida? ¿Por qué debo morir por amor y sufrir por el odio? Me enamoré de mi enemigo, sí, quizás esta es mi condena que pagar; pero si he de perecer por mi crimen, prefiero hacerlo en tus labios.
—¿Incluso si tu vida se cae en pedazos?
—Incluso si el mundo se cae en pedazos.
Aquella noche los amantes sellaron sus destinos en un beso y comenzaron una serie de reencuentros a escondidas. Pasaron meses engañando a los suyos a la perfección y viviendo el gozo de abrazar y querer a su alma gemela, mientras en el día soportaban los intentos desesperados de sus padres de hacerlos aceptar la rivalidad y las diferencias de sus imperios.
La pareja no podía desear más ¿o sí? ¿Qué tan desgraciados debían ser para no buscar compartir esa tranquilidad con el mundo?
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Editado: 30.05.2026