Sentí un fuerte agarrón en mi mano. Era Melanie quien me estaba sacando de la fiesta. Estaba aturdido y el alcohol en mi sistema empezaba a hacer efecto. Me tambaleaba y sentía unas inmensas ganas de vomitar. Sin decir nada, me tiré en el suelo; todo a mi alrededor me daba vueltas. ¡Dios!
—Dylan, por favor —mi amiga me miró bastante molesta—. Es hora de irnos, son las cuatro de la mañana. Ya no podemos ir a mi casa, así que iremos a la tuya.
Yo asentí. Melanie comenzó a jalarme del brazo para intentar hacer que me pusiera de pie, pero la realidad era que yo me quería quedar ahí, tirado en el suelo.
—Déjame —me quejé.
—¿En serio, Dylan? —Melanie soltó mi mano—. Recuérdame jamás volver a traerte a una fiesta. Me muero de sueño, ya me quiero ir. Por favor, ponte de pie y sube al auto.
—Deja que me recueste un poco, cinco minutos y me levanto, ¿Sí?
Melanie negó de inmediato, volvió a tomar mi mano. Esta vez no opuse resistencia y me levanté, aún tambaleante. Caminamos hasta la calle, justo donde estaba estacionado el auto de mi amiga. Yo solo mantenía mi concentración al máximo para no vomitar, sentía muchas ganas.
—¡Alejandro, mierda, ven ya! —gritó Melanie molesta.
Ella abrió el auto, se movió para que me subiera, pero cuando estaba por dar un paso, no pude darlo y terminé cayendo al suelo, justo de rodillas. Di un pequeño grito; me había dolido mucho.
Todo me seguía dando vueltas, no pude aguantar más y comencé a vomitar al pie del carro. Melanie soltó una pequeña risa, pero se le notaba la molestia.
—Lo siento, Mel —me limpié un poco los labios y me incorporé, quedando sentado en la calle. El suelo estaba frío y húmedo; había llovido apenas hace unas horas.
—No sabía que te ponías así, ¿o es que bebiste demasiado?
—Bebió demasiado, además es la primera vez que lo hace —Alejandro venía caminando hasta donde nosotros estábamos—. Dylan, ni se te ocurra vomitar el auto, Mel te mataría.
Ale acercó su mano a mí, me ayudó a ponerme de pie y en unos segundos ya estaba dentro del auto, con mi amigo a mi lado.
—Intentaré no hacerlo —sonreí mirando a Melanie, quien no estaba nada contenta con mi comportamiento.
—Hazlo y te mato —Melanie sonrió y arrancó el auto.
De manera torpe, intenté bajar la ventanilla del auto, pero no me fue posible, pues Melanie tenía el seguro.
—Ni lo intentes, si te da el aire solo vas a empeorar el cómo te sientes. Si tienes calor, usa la mano de Alejandro como abanico.
Miré a Alejandro, él solo sonrió y acercó su mano a mi rostro, y comenzó a agitarla para echarme un poco de aire.
—¿Saben? Me la pasé súper bien hoy —dije de manera torpe—. Jamás había bebido tanto. Bueno, siendo sinceros no bebí mucho, ni siquiera me gusta la cerveza —me recosté sobre las piernas de Alejandro, él solo me sonrió sin decir nada—. Mierda, ¿por qué todo me da vueltas? ¿Ustedes bebieron? Los veo muy calmados.
—Yo sí bebí. Melanie, no tengo idea, no la vi en toda la noche; seguramente andaba haciendo cosas impuras en la habitación de Erick.
Melanie comenzó a reír, pude ver que estaba negando de manera nerviosa.
—Ay claro que no, y si fuera así a ustedes dos no les importa —Mel siguió conduciendo, manteniendo su mirada hacia enfrente—. Yo vi a Dylan con Jude, ¿Qué hacías con ella?
—No, no estaba con ella. Bueno, sí, pero les juro que no acepté nada de lo que me ofreció —dije rápidamente, y sentí las ganas de vomitar apoderarse de mí otra vez.
Alejandro me empujó de golpe y fui a chocar contra la ventana del auto.
—¡Baja el vidrio ya! —Mel obedeció rápido, bajando también la velocidad del auto—. ¡Dylan, vomita afuera!
Comencé a reírme. ¿Por qué tienen que ser tan exagerados? Saqué mi cabeza del auto y lo hice, vomité y vomité y volví a vomitar. Miré hacia abajo; ahora toda la parte de afuera del auto estaba vomitada por mí.
Entré al auto otra vez y Melanie aceleró.
—Ambos nos quedaremos en casa de Dylan. Mañana puedo llevarte a tu casa, Alejandro —Melanie dijo sonriendo—. La verdad es que no quiero averiguar si mis padres son capaces de matarme por llegar a esta hora a casa.
Alejandro asintió. Yo nuevamente me volví a recostar en sus piernas, quería dormir un poco en lo que llegábamos a mi casa. Vomitar me hizo bien, estoy comenzando a sentirme bien. El mundo ya había dejado de girar, ahora solo tengo un poco de mareo.
Unos minutos más tarde, ya habíamos llegado, aparcamos afuera de casa. Mis padres por suerte no estaban en la ciudad; fueron a visitar a mi abuela. Yo no quise ir y opté por quedarme.
Bajamos del auto, le di mis llaves a Alejandro para que abriera la puerta; él rápido se adelantó.
—Chicos, hay algo raro aquí.
Observé que Alejandro entró a mi casa.
—No me jodas, Dylan. ¡Qué puto asco! Juro que mañana te haré limpiar todo, ni de broma lo haré yo.
Melanie me ayudó a bajarme del auto, me sostuvo para que no me fuera a caer. Yo pasé mi mano por su cuello para usarla de soporte.
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Editado: 18.03.2026