Desconocido

Capítulo 3. “Una nota”

—¡Oye! —Un fuerte grito detrás de mí hizo que me sobresaltara y dejara de ver el mensaje que me había llegado. —¿Estás bien?

Karime venía corriendo hasta donde yo estaba, con un poco de nervios me giré para quedar frente a frente, ella me miró confundida, intentó quitarme el celular de mis manos, pero no se lo permití.

—¿Qué haces? —pregunté rápidamente, alejando mi mano de las suyas.

—Quiero ver lo que estabas viendo, tienes cara de haber visto algo muy malo, quiero verlo también.

Negué molesto, ¿Qué mierda le pasa? Sin responderle nada simplemente me alejé de ella, continuando mi camino, lo cual no pude hacer, porque ella corrió para ponerse enfrente de mí y no dejarme pasar.

—¿Me vas a dejar hablando sola? —ahora se miraba enfadada.

—Sí, Karime, en verdad no sé qué pretendes con hablarme, no somos amigos y nunca lo hemos sido —mencioné molesto y me dispuse a caminar, pero nuevamente ella no lo permitió, tomándome del brazo para evitar que me fuera.

—Ahora lo entiendo, Alejandro murió y ahora no tienes que fingir que te caigo bien, pues ¿sabes qué? ¡Vete a la mierda! —me soltó del brazo, mirándome con furia—. Vine a hablar contigo porque supongo que para ti ha sido igual de difícil sobrellevar la muerte de mi novio, pero ya veo que eres un hijo de puta.

Di un ruidoso suspiro, sin responderle ni nada me fui de ahí, dejándola sola, escuché algunas quejas, pero no miré atrás. No puedo hacer esto ahora, no puedo lidiar con ella.

Mi vista se fue nuevamente al mensaje, no podía creerlo, ¿Quién es? La curiosidad me estaba matando, pero al mismo tiempo mi mente me quería decir que todo era falso, que quizá alguien quiere divertirse conmigo.

Intenté visualizar el número de quién estaba mandando el mensaje, pero no podía, al presionarlo, únicamente me aparecía “Número desconocido” ¡Maldita sea!

Intenté alejar todo de mi mente, no debo pensar en eso ahora, debo meditar qué es lo que está pasando, no puedo simplemente pensar que la persona del mensaje realmente estuvo en mi casa ese día. Al llegar a casa pude ver a mi nuevo vecino llegando también.

—Hola —dije sonriendo.

Él se volteó antes de abrir su puerta, pude verlo un poco dudoso, aunque en su rostro tenía una tenue sonrisa, sin más caminó hasta donde yo venía.

—¿Dylan, cierto? —preguntó mientras sonreía, yo asentí y él prosiguió a hablar—. Me alegra muchísimo que vivas aquí, me ha sido muy difícil encajar, hace una semana llegamos y justo pasó el accidente en tu casa, supongo que todo ha sido una locura, ¿Tú cómo estás?

Negué de inmediato, sentí que un nudo se formó en mi garganta, pensé que las palabras no saldrían de mi boca, pero pude hablar.

—Aún estoy pensando en eso todo el tiempo, pero descuida, esas cosas no suelen pasar.

—Te juro que creí que mis padres querrían irse en cuanto se enteraron que Alejandro murió en tu casa… —Jonathan me miró apenado, ¿Qué? Su mirada estaba puesta en mí, esperando alguna reacción de mi parte—. Perdón, no debí hablar de él.

—¿Lo conocías?

—Sí, de hecho, nosotros éramos… ehm, cómo decirlo sin que te sea incómodo.

No entendía nada, ¿Cómo va a ser posible que Alejandro y Jonathan se conocían? No, no puede ser, yo lo sabría.

—¿Ustedes eran? —pregunté confundido, pues pensé que él seguiría hablando, pero no lo hizo.

—Antes de que él y Karime estuvieran juntos, Alejandro y yo fuimos novios, a decir verdad, no duramos mucho, la relación se basaba más en la distancia, en el tiempo que estuvimos juntos únicamente nos llegamos a ver, si no estoy mal, unas tres veces.

Bueno, eso no se me hace extraño, yo sé que él era bisexual, lo que me resulta raro es que Alejandro nunca mencionó a este chico, yo sabía todo de él, menos esto.

—Él me hablaba de ti y también de Melanie, sé que ustedes eran como hermanos para él —Jonathan mantenía una sonrisa en su rostro, pero yo no podía seguir pensando en mi amigo muerto—. Me gustaría convivir más contigo, con Melanie, quisiera sentirme parte de algo que le envidiaba a él.

—No recuerdo si alguna vez te mencionó, supongo que después de todo, todos tenemos nuestros secretos —suspiré—. Ahora somos vecinos y compañeros, claro que puedes convivir conmigo, eres bienvenido al grupo, por cierto, hoy tendremos una noche de películas.

Jonathan sonrió.

—¿Puedo unirme?

—Yo te aviso, porque la verdad es que no sé si lo haremos, era tradición cuando Alejandro estaba con vida, ahora no sé mucho de lo que cada uno de nosotros quiere hacer.

Él sonrió, nos despedimos y yo caminé hasta la puerta de mi casa, rápido entré y fui a la cocina, tenía un poco de sed, por lo cual me serví un poco de agua.

No sé realmente qué haremos hoy, con Melanie de súper amiga de Jude, Pablo actuando más raro de lo normal y Alejandro muerto, nada más quedamos Gabriela y yo en esta noche de películas.

Pensé en enviarles un mensaje por el grupo que teníamos, pero cuando desbloqueé mi celular, recordé el mensaje que apenas hace unos minutos me había llegado, por lo que decidí responderlo.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.