—¡Oye!
Un grito fuerte a mis espaldas me hizo dar un respingo, casi dejando caer el celular. Me apresuré a bloquear la pantalla para que el mensaje del desconocido desapareciera de mi vista.
—¿Estás bien? —era Karime, que venía corriendo hacia mí.
Me giré para quedar frente a frente con el rostro contraído por el nerviosismo y tratando de disimular mi agitación. Ella me miró con sospecha e intentó arrebatarme el teléfono de las manos, pero reaccioné rápido y lo alejé.
—¿Qué haces? —pregunté a la defensiva.
—Quiero ver qué estabas leyendo. Tienes cara de haber visto un fantasma —insistió, estirando la mano de nuevo—. Déjame verlo.
—No es nada, Karime. Déjame en paz —negué con la cabeza, sintiendo una punzada de irritación. ¿Qué demonios le pasaba?
Intenté seguir mi camino, pero ella se plantó frente a mí, bloqueándome el paso.
—¿Me vas a dejar hablando sola? —ahora se veía realmente furiosa.
—Sí, Karime. No sé qué pretendes hablándome; no somos amigos y nunca lo hemos sido —solté con amargura.
Me dispuse a rodearla, pero ella me sujetó del brazo con fuerza, impidiéndome avanzar.
—Ahora lo entiendo... Alejandro murió y ya no tienes que fingir que te caigo bien. ¡Pues sabes qué! ¡Vete a la mierda! —me soltó con violencia, sus ojos inyectados en rabia—. Vine a hablar contigo porque pensé que para ti sería igual de difícil superar la muerte de mi novio, pero veo que eres un hijo de puta.
Suspiré ruidosamente. No tenía energía para pelear con ella ni para explicarle que mi cabeza estaba a punto de estallar. Sin responder, me alejé dejándola sola. Escuché sus quejas a mis espaldas, pero no miré atrás. No podía lidiar con su drama ahora.
Mi vista volvió al celular. ¿Quién era? La curiosidad me quemaba, pero una parte de mí gritaba que era una broma cruel de alguien que quería divertirse a mi costa. Intenté ver el número, pero al presionarlo solo aparecía la etiqueta: "Número desconocido". ¡Maldita sea!
Traté de calmarme mientras llegaba a casa. Justo en ese momento, vi a mi nuevo vecino llegando también.
—Hola —dije, forzando una sonrisa.
Él se detuvo antes de abrir su puerta. Pareció dudar un segundo, pero luego caminó hacia mí con una expresión amable.
—Dylan, ¿cierto? —preguntó—. Me alegra que vivas aquí. Me ha costado un poco encajar; llegamos hace apenas una semana y justo ocurrió... bueno, el accidente en tu casa. Supongo que todo ha sido una locura. ¿Cómo estás?
Sentí un nudo en la garganta. Me tomó un momento encontrar la voz.
—Aún no puedo dejar de pensar en eso... pero descuida, estas cosas no suelen pasar por aquí.
—Te juro que creí que mis padres querrían mudarse de nuevo en cuanto supieron que Alejandro murió en tu casa —Jonathan me miró con pena. Su mirada buscaba una reacción en mí—. Perdón, no debí mencionar su nombre.
—¿Tú lo conocías? —pregunté, frunciendo el ceño.
—Sí. De hecho, nosotros éramos... bueno, es difícil decirlo sin que sea incómodo.
Me quedé helado. ¿Cómo era posible que Alejandro y Jonathan se conocieran? Yo sabía todo sobre Ale... o eso creía.
—¿Ustedes eran...? —insistí cuando él guardó silencio.
—Antes de que él y Karime estuvieran juntos, Alejandro y yo fuimos novios. No duramos mucho, nuestra relación era más a distancia; solo nos vimos unas tres veces en persona.
No me sorprendió que fuera bisexual, yo lo sabía perfectamente. Lo que me descolocó fue que nunca me hubiera mencionado a este chico.
—Él me hablaba mucho de ti y de Melanie. Sé que eran como hermanos para él —Jonathan sonreía, pero yo no podía dejar de pensar en lo poco que realmente sabemos de las personas—. Me gustaría convivir más contigo y con Melanie. Quisiera sentirme parte de algo que siempre le envidié a él: ese grupo tan unido.
—Supongo que, después de todo, todos tenemos nuestros secretos —suspiré con pesadez—. Ahora somos vecinos y compañeros, Jonathan. Eres bienvenido al grupo. De hecho, hoy pensábamos tener una noche de películas.
—¿Puedo unirme? —preguntó él con ilusión.
—Yo te aviso. No sé si al final lo haremos; era una tradición cuando Alejandro estaba vivo y ahora no sé si los demás tengan ánimos.
Nos despedimos y entré en casa. El silencio me recibió como una losa. Fui directo a la cocina y me serví un vaso de agua; tenía la boca seca por los nervios. Me sentía perdido: Melanie estaba desaparecida en su mundo con Jude, Pablo actuaba de forma sospechosa y Alejandro estaba bajo tierra. Solo quedábamos Gabriela y yo para mantener los restos del grupo.
Subí a mi habitación y, al sentarme en la cama, recordé el mensaje. Con las manos temblorosas, decidí responder.
Dylan: "Dime quién eres y dime qué pasó esa noche."
Esperé impaciente, con el corazón martilleando contra mis costillas. La respuesta no tardó en llegar.
Desconocido: "No puedo decirte quién soy aún. Primero debo asegurarme de que no terminaré en la cárcel. Tú tienes que ayudarme con eso."
#161 en Terror
#1117 en Thriller
#491 en Misterio
misterio, misterio terror suspenso, asesinato paranormal terror
Editado: 19.05.2026