Desconocido

Capítulo 4. “Eres el siguiente”

Retrocedí, asustado. ¿Qué mierda? ¿Quién dejó esto? Mi corazón comenzó a latir demasiado fuerte, tenía mucho miedo, no sé qué hacer. Mi primer pensamiento fue correr a casa de Jonathan y quedarme ahí hasta que mis padres volvieran. Cuando estaba por hacerlo, me di cuenta de que no había tiempo, pues unos golpes en la puerta me hicieron sobresaltarme.

Negué con mi cabeza, no dejaré que me maten como mataron a Ale. De inmediato corrí hasta el cajón de la cocina, tomé uno de los cuchillos más grandes que teníamos y a paso lento caminé hasta la puerta principal, dispuesto a todo para salvar mi vida.

Oh, mierda, la perilla de la puerta comenzó a girar. Me lancé hacia ella para evitar que se abriera.

—¡Llamaré a la policía! —grité de inmediato, sentía que el corazón se me saldría del pecho. Mi agarre fue inútil, pues la puerta terminó por abrirse y yo caí de culo al suelo—. ¡No me maten!

Tiré unos cuantos golpes con el cuchillo, mientras intentaba cubrir mi cara de cualquier posible ataque.

—¡Dylan! ¿Qué mierda estás haciendo? —pude reconocer esa voz.

Dejé de atacar, quité mi mano de mi cara y no podía creerlo: no venían a matarme, simplemente eran Gabriela y Jonathan.

Ellos estaban parados frente a mí. Mierda, qué pena. El brazo de Jonathan comenzó a sangrar, pues en uno de mis intentos por defenderme, terminé por herirlo.

—Mierda, perdóname —me paré de forma apresurada, llevando mis manos a mi boca del asombro—. No sabía que eran ustedes.

Gabriela me quitó las manos de mi rostro y me miró muy confundida. No sabía cómo sentirme, me sentía tan tonto, siento que no fue la manera correcta de reaccionar, pero temí por mi vida.

—¿Así recibes a los invitados? —me preguntó Jonathan mientras que con su mano cubría su herida, de la cual empezaban a gotear algunas gotas de sangre.

—No, lo que pasa es que pensé que eran otras personas —dije muy avergonzado—. Oh, mierda, Jonathan, siento tanto haberte hecho daño, debí tener cuidado con el cuchillo.

Dejé el cuchillo en la barra del comedor.

—¿Qué pasó? —preguntó Gabriela.

—Voy a traer alcohol y gasas, ya vengo —corrí hasta el baño de invitados que estaba aquí en la planta baja, de inmediato tomé el pequeño botiquín que teníamos y lo llevé conmigo.

—No hace falta tu botiquín, estoy bien —Jonathan sonrió—. Solo fue un pequeño rasguño, ahora dinos, ¿por qué estabas tan asustado? Estabas gritando que no te mataran. ¿Todo bien?

Negué con mi cabeza, ya me estaba calmando, pero aún me sentía muy atemorizado por la nota.

—¿Estás tú solo? —preguntó Gaby, mirándome aún confundida.

—Sí, estoy solo. Olvidé por completo preguntarles por la noche de películas, llegué a casa y me quedé completamente dormido, apenas hace un rato me desperté. Creo que alguien entró, escuché ruidos y…

No continué. Lo pensé un poco, ¿será prudente confiar en mi amiga y en mi vecino? Sí, no tengo a nadie más. Caminé a la barra de la cocina, en donde había dejado la nota, la tomé y me dirigí hasta ellos nuevamente.

—Les tengo que contar algo.

—Claro, Dylan, pero antes tienes que ponerme algo de alcohol —Jonathan sonrió y extendió su mano hasta donde yo estaba.

Gabriela nos miró aún más confundida. Yo hice lo poco que sabía: limpié la sangre que había alrededor de la herida. Había sido un pequeño corte limpio, pero algo profundo, me sentía tan mal.

—¿En serio? —Preguntó Gabriela mirando molesta a Jonathan—. Hay cosas más importantes que tu herida. ¿Cómo que alguien se metió a tu casa? ¿Qué pasa? ¿Qué nos vas a contar?

—Disculpa, solo quería relajar un poco el ambiente. Dylan se ve bastante asustado todavía.

Ya no dije nada, simplemente extendí mi mano para darle la pequeña nota a Gabriela, quien la leyó de manera rápida, luego se la pasó a Jonathan, para que también la pudiera leer.

—¿Sigues en qué? —Gabriela no entendía nada, aunque supongo por el tono en el que lo dijo, que podía imaginarse de qué hablaba la nota.

—Creo que es bastante obvio. Alguien quiere hacerle daño a Dylan. Aquí mismo sucedió lo de Alejandro, quizá no fue un robo como la policía dice —mencionó Jonathan. Lo miré raro al escuchar eso de su boca, ¿cómo era que lo sabía? Él rápido notó mi mirada confundida y se dispuso a explica—. Tu madre le contó a mi madre todo lo que pasó, más bien lo que la policía les dijo: que vinieron a robar a casa y como él estaba aquí solo, lo mataron para que no los delatara.

—Pensé que ustedes eran ese alguien que venía a matarme. Estoy seguro que cuando bajé las escaleras vi a alguien salir de aquí.

—Nadie te hará daño, Dylan, yo te cuidaré.

Sonreí un poco confundido por las palabras de Jonathan. Me dispuse a caminar a la cocina, sentía mi boca bastante seca, por lo cual me dispuse a tomar un poco de agua. En el suelo aún estaba el vaso roto que me había despertado.

Unos nuevos golpes se empezaron a escuchar en la puerta, por lo cual todos nos sobresaltamos. Gabriela se paró asustada, tomando el cuchillo que hace un rato tenía yo en mis manos.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.