Leí el mensaje una vez más y sacudí la cabeza. No, no podía ser ninguno de ellos; no tenía sentido. Al levantar la vista, me encontré con Jude y Erick, que ya se relamían los labios mientras daban un paso hacia la cocina.
—¡Fuera de mi casa! —grité, la voz cargada de una furia que ni yo sabía que tenía.
Ambos se detuvieron en seco. Esas malditas sonrisas burlonas me revolvieron el estómago, pero me obligué a mantener el control. Jude tomó a Melanie de la mano y tiró de ella; Mel no opuso resistencia y, sin decir una palabra, los tres salieron por la puerta principal.
Cerré los ojos un segundo. Todo esto se sentía tan irreal. Deseé con todas mis fuerzas que Alejandro no estuviera muerto, que aquel día hubiéramos decidido no ir a esa estúpida fiesta. Me imaginé a los tres aquí, juntos, ahuyentando a cualquier intruso por el simple hecho de estar unidos.
—Dylan, ¿estás bien? —Jonathan me tomó por los hombros, sacándome de mi fantasía.
—Sí... estoy bien —mentí. Tenía la respiración agitada y el corazón desbocado, pero al menos no estaba llorando. No frente a ellos.
—Hay que darle tiempo —murmuró Gabriela con una sonrisa triste.
—Lo haré —asentí, yo sé que Melanie ahora mismo está molesta conmigo, por haberla dejado sola, yo mismo me odiaría si las cosas fueran al revés—. Pónganse cómodos, iré a preparar las palomitas.
Caminé hacia la cocina, evitando mirar el lugar exacto donde los vidrios seguían en el suelo. Por un instante, mi mente proyectó una imagen macabra: Alejandro poniéndose en pie, con la sangre chorreando por su nuca, regresando a la vida.
—¿Son cuatro minutos? —la voz de Pablo me devolvió a la realidad—. Dylan, no estás solo. No tienes que sufrir esto en silencio; todos lo extrañamos.
Asentí mecánicamente. Pablo metió la bolsa al microondas y programó el tiempo. Poco después, estábamos todos en el sofá con las luces apagadas, dejando que el resplandor de la televisión llenara el vacío de la sala.
Mis padres trabajarían hasta tarde, algo a lo que ya estaba acostumbrado, pero ahora la soledad me aterraba. Aprovechando la oscuridad, desbloqueé mi celular y fui directo a los mensajes del número desconocido.
Entonces, me quedé helado al releer la conversación. Los mensajes no tenían sentido entre sí: unos minutos antes me pedía ayuda para confesar y no ir a la cárcel, y al segundo siguiente me juraba que yo sería el siguiente en morir.
Dylan: "¿Qué mierda quieres decir con 'Eres el siguiente'?"
Me quedé mirando la pantalla, ignorando la película. No hubo respuesta. Al levantar la vista, noté que Jonathan me observaba desde la penumbra con una sonrisa indescifrable.
El tiempo pasó volando y, para cuando terminó la película, yo no tenía idea de cómo había acabado. Pablo fue el primero en irse, seguido de Gabriela. Acompañé a Jonathan a la puerta y nos despedimos con un abrazo corto. Justo cuando entró en su casa, el auto de mis padres apareció en la entrada.
Hablamos poco sobre el día. Me despedí y me desplomé en mi cama. A pesar de haber dormido por la tarde, el agotamiento emocional me venció de inmediato.
***
—¡Hey! —un grito desgarrador resonó en mi cuarto, haciéndome despertar de golpe—. Ellos ya vienen por ti.
Me incorporé, con el sudor frío pegándome la camiseta al cuerpo. No podía creer lo que veía: Alejandro estaba sentado en la orilla de mi cama, mirando fijamente hacia la puerta.
—¿Quiénes vienen? —pregunté con la voz entrecortada.
Quería llorar, no me podía creer que esto estuviera pasando, me quité las cobijas de encima y estiré la mano, queriendo tocarlo, necesitando que fuera real. Al rozar su hombro, él giró la cara hacia mí. Sus ojos desbordaban desesperación.
—Ya vienen por ti, Dylan. Por favor, ten cuidado —susurró—. No puedes estar solo. Ni un minuto. Ellos esperan el momento exacto.
Asentí, paralizado por el terror. De pronto, Alejandro apretó los ojos con una mueca de agonía y una cascada de sangre espesa empezó a brotar de su cabeza, manchando las sábanas, el suelo, todo...
—¡Ahhhh! —gritamos los dos al unísono.
Abrí los ojos de golpe. Eran las siete de la mañana. Mi habitación estaba en calma, bañada por la luz suave del amanecer. Fue solo una pesadilla, pero se sintió como una advertencia grabada a fuego. ¿"Ellos"? ¿Quiénes eran "ellos"?
Mientras me alistaba para la escuela, decidí que hoy hablaría con Melanie. Tenía que sacarla de la influencia de Erick y Jude; eran tipos turbios y no me gustaba el camino que ella estaba tomando.
Unos golpes en la puerta me sacaron de mis pensamientos. Tomé mi mochila y bajé corriendo, esperando que fuera Mel.
—¡Dylan, no bajes así! Te vas a matar —mi madre me regañó desde la cocina—. Ten cuidado. Por cierto, tu hermana Sarah regresa hoy, así que mantén el orden. Ayer dejaron palomitas por todo el sillón.
Asentí, sintiendo un alivio inmenso. Sarah en casa significaba que ya no habría más noches de soledad. ella se había ido a pasar las vacaciones con mis tíos, tuvo suerte de no estar aquí cuando pasó lo de mi amigo.
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Editado: 19.05.2026