Desconocido

Capítulo 6. “La misma nota”

Desde el momento en el que recibí el primer mensaje, lo supe: la policía estaba equivocada. Sus teorías sobre un robo al azar eran simples suposiciones para cerrar el caso rápido. Ahora, con los mensajes vibrando en mi bolsillo, la realidad me golpeaba con fuerza: la persona que asesinó a Alejandro es alguien a quien conocemos. Alguien que está cerca de mí, de mis amigos... alguien que, tal vez, me está observando en este mismo instante.

Mi corazón comenzó a latir con una violencia que me dificultaba respirar. La nota no era una broma de mal gusto de Felipe o Edson; era una promesa. La persona que dejó ese papel en mi cocina y la que me escribe desde el anonimato son la misma sombra que terminó con la vida de Ale.

—¿Otro video? —preguntó Jonathan, sacándome de mi trance.

—No, no es nada —mentí, dándome la vuelta.

Caminé hacia el salón sintiéndome aturdido, sin saber si era por el descubrimiento o por el latido sordo del golpe de Felipe en mi nariz.

—Dylan, cualquier cosa que pase, puedes contar conmigo —insistió Jonathan con una voz suave, casi protectora—. Estaré aquí para lo que necesites.

Le dediqué una sonrisa tensa y tiré de su brazo para que avanzara. Ya era tarde y el profesor ya había comenzado la clase. Entramos bajo su mirada severa, ganándonos el primer retardo del semestre. En cuanto me senté, Gabriela se inclinó hacia mí.

—No me di cuenta de que esos dos estaban grabando anoche —susurró, cuidando de no ser oída por el profesor—. ¿Qué vas a hacer?

—Todo es culpa de Melanie —respondí con amargura—. Ella los llevó a mi casa. Sabía que era una mala idea; esos dos son unos malditos enfermos.

El profesor se giró y me obligué a clavar la vista en mi cuaderno, aunque mi mente estaba a kilómetros de distancia. Empecé a estudiar las nucas de mis compañeros. ¿Podría ser alguno de ellos? Alejandro era normal, un chico sin problemas ni enemigos aparentes. No entendía por qué alguien querría borrarlo del mapa.

Miré de reojo hacia el grupo de Felipe. Tal vez ellos sabían algo. O tal vez, como decía Felipe, Jude y Erick solo estaban tratando de "investigar" por su cuenta. Quizá mi error era alejarlos en lugar de unirme a ellos para descubrir qué pasó esa noche mientras Melanie y yo estábamos a solo unos metros de la cocina.

Mi celular vibró. Pensé que sería el "Desconocido", pero era Melanie.

Mel: "Lo siento, no sabía que Jude y Erick grabarían en tu casa para subirlo a su cuenta."

La miré sentada en su pupitre. Parecía calmada, con una leve sonrisa enmarcada en su rostro. Pensé por unos segundos en no responderle, estaba muy molesto con ella.

Negué con la cabeza y escribí.

Dylan: "Sigo sin creer que ahora seas gran amiga de esos dos. Los odiabas, ¿qué cambió?"

Mel: "¿En serio estás preguntando eso? Creo que la respuesta es más que clara, necesitaba ayuda, las pastillas de Jude me ayudaron. Acercándome a ella me di cuenta que no es como pensábamos, no es de esas personas que venden droga y la consumen y su vida es una mierda, no, ¿Recuerdas que siempre decíamos eso? Pues no, nuestros pensamientos respecto a ella eran muy estúpidos, en serio."

Dylan: "Sé que hice mal en irme sin avisar, pero lo necesitaba. Ale murió en mi cocina, Mel. Tú habrías hecho lo mismo. Perdón. Hagamos que todo sea como antes, ¿sí?"

Mel: "Ahora me da igual. Supe sobrevivir sin ti, no fue difícil como creí. Cada uno por su lado estará mejor, ¿no crees?"

Dylan: "No podemos. Están pasando cosas que nos conciernen a todos. Necesito tu ayuda. Hablemos a la salida, te espero."

Mel: "¿Me necesitas? ¿Y si decido no ayudarte? Me importa muy poco lo que pase contigo."

Dylan: "Mel, no jodas, ayer no estabas enojada, incluso fuiste por mí a mi casa, por favor, necesitamos hablar, es urgente, en verdad te lo digo, creo que estamos en peligro, tiene que ver con la muerte de Alejandro"

—¡Dylan! —Jonathan me tiró del brazo, pero fue tarde.

El profesor ya estaba frente a mi banco. Me arrebató el celular con un movimiento rápido.

—Parece que tiene una charla muy divertida con su compañera Melanie —dijo el profesor, con una sonrisa sarcástica—. Ya que mi clase le parece tan aburrida, ¿por qué no nos lee lo que no pudo esperar? Animemos el ambiente.

—Por favor, no... —supliqué, sintiendo que la sangre se me escapaba de la cara.

Los gritos de mis compañeros animando al profesor no se hicieron esperar, Melanie me miraba nerviosa. El profesor caminó hasta Melanie y le quitó su celular también, luego lo vi preparado para comenzar a leer.

—"Mel, no jodas..." —el profesor soltó una risita y leyó el último mensaje en voz alta—. "Ayer no estabas enojada, incluso fuiste por mí a mi casa. Por favor, necesitamos hablar. Es urgente, en verdad te lo digo, creo que estamos en peligro, tiene que ver con la muerte de Alejandro."

El silencio que siguió fue absoluto. La incomodidad se podía cortar con un cuchillo. Las miradas del profesor y de todos mis compañeros oscilaron entre Melanie y yo. En ese instante, el timbre sonó, rompiendo el hechizo.




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