POV Dylan
Tomé la nota de la cama y la leí otra vez. No podía ser posible. La frase se repetía en mi cabeza como un eco macabro: “Ahora eres el siguiente”. ¿Por qué querían dañarnos? ¿Qué les habíamos hecho? Sentí que las piernas me fallaban; la imagen de mi mejor amiga en manos de esos monstruos me nublaba la vista.
—¿Dylan? ¿Qué dice la nota? —La voz de Jonathan me devolvió a la realidad.
Su tono me reconfortó; al menos no estaba solo en este infierno. Intenté hablar, pero las palabras se me atoraban en la garganta. Sentía que, si lo decía en voz alta, el horror se volvería definitivo.
—Se la llevaron. Llegamos tarde —dije finalmente, girándome hacia Pablo y Jonathan.
Les entregué el papel. Jonathan palideció al leerlo.
—Tenemos que llamar a la policía —sentenció él—. ¡Ahora mismo!
—No, no podemos hacerlo —intervino Pablo de inmediato, negando con la cabeza—. Es una mala idea. Si vamos a la policía y Melanie sigue viva, la van a matar en cuanto sepan que acudimos a la policía.
Pablo dejó caer la nota para acercarse a mí, pero Jonathan se agachó rápido para recogerla. Fue entonces cuando soltó un jadeo. El papel estaba manchado de rojo.
—Mierda... —me dejé caer de rodillas.
La alfombra era oscura y no lo había notado, pero al presionar con mis dedos, sentí la humedad. Era sangre fresca. No era mucha, lo que me dio una chispa de esperanza: no la habían matado allí.
—¿Ves? Sigue viva —dijo Pablo, agachándose a mi altura—. Si no fuera así, esto sería una maldita escena del crimen, como lo que pasó en tu casa con Alejandro. No llamaremos a la policía; solo empeoraríamos las cosas. Además, tienen que pasar setenta y dos horas para que la justicia la considere desaparecida.
Aunque me dolía aceptarlo, Pablo tenía razón. Asentí, sintiendo un nudo de nervios en el estómago.
—¿Qué hacemos entonces? —pregunté, buscando una salida.
—Usa los mensajes —sugirió Pablo—. Convence a esa persona de que vas a ayudarla. Dile que no le hagan nada a Melanie a cambio de tu cooperación.
Le entregué mi celular sin pensarlo. Pablo comenzó a teclear febrilmente en la conversación con el "Desconocido".
—¿De qué mensajes hablan? —Jonathan nos miró totalmente perdido—. Dylan, no mencionaste nada de esto. ¿Qué está pasando?
Es verdad, no le había mencionado nada de los mensajes; únicamente le había contado lo de las notas.
—Te lo iba a contar en la reunión de esta noche —respondí—. Pero los planes cambiaron.
Jonathan se acercó para leer por encima del hombro de Pablo mientras este enviaba el mensaje:
"Acepto darte mi ayuda, solo quiero un par de cosas: dime qué pasó esa noche en mi casa, dime quién eres y, por favor, no le hagan daño a Melanie."
Pablo le dio el celular a Jonathan para que pudiera leer los mensajes. Algo dentro de mí pensó que se enojaría y con justa razón, pero no fue así. El silencio que siguió fue interrumpido por el timbre de la casa, que empezó a sonar con una insistencia desesperante. Al mismo tiempo, mi celular vibró: había llegado una respuesta.
—Ven —Jonathan me jaló de la mano hacia la puerta, dándole el celular a Pablo —. Pablo, tú revisa el mensaje. Dylan, tú vienes conmigo. No me conocen, es mejor que te vean a ti primero cuando abramos la puerta.
Me resistí un segundo, queriendo saber qué decía el mensaje, pero Jonathan tenía razón. Bajamos las escaleras mientras el timbre seguía taladrándonos los oídos. Al abrir, nos encontramos con Erick y Jude. Quienes entraron sin pedir permiso, empujándome como si fuera un estorbo.
—Dile a Melanie que estamos aquí —soltó Jude con prepotencia—. Le trajimos su celular.
Me quedé helado. Con razón no me contestaba: estos idiotas tenían su teléfono. Se lo arrebaté a Jude de las manos y lo desbloqueé. Tenía varios mensajes del "Desconocido", todos de hacía más de una hora:
"Vete de tu casa.”
"Melanie, contesta, necesito saber que leíste esto."
"Vamos por ti. Espero que no estés ahí, no quiero tener que matarte."
"Lo siento."
—¿Qué mierda haces? ¡Dame eso! — Jude casi saltó sobre mí para quitarme el celular, pero Jonathan la detuvo.
—Melanie no está —dijo Jonathan con una sonrisa gélida—. Ahora que su celular ya está aquí. Ya pueden irse.
—No nos vamos —replicó Jude, sentándose en el sofá junto a Erick—. Seguro no tarda. Dijo que iría a tu sucia casa, Dylan, y nosotros también iremos.
—Sí, necesitamos grabar otro video donde no salgas gritando como loco —esta vez habló Erick sonriendo—. Todos quieren saber más acerca de lo que pasó con Alejandro y, por supuesto, nosotros seguiremos investigando.
Sus aires de superioridad me daban náuseas, pero entonces se me ocurrió algo. Ellos estaban "investigando" por su cuenta. Tal vez sabían algo que yo no.
—¿Qué saben sobre lo que pasó con Alejandro? —pregunté, sentándome entre ellos—. Si me cuentan todo lo que descubran, yo les daré los detalles de lo que vi esa noche.
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Editado: 19.05.2026