El mundo se detuvo. Esas últimas palabras en la pantalla empezaron a resonar en mi cabeza como una sentencia: no puedo ayudarla. Sentí que me faltaba el aire. Me negaba a aceptarlo; debía haber algo, alguna forma de sacar a Melanie de ese agujero.
—¡Responde! —gritó Jonathan, furioso—. Dile que sabemos quién es, que iremos por él. Esos hijos de puta no se saldrán con la suya; de algún modo la salvaremos.
Negué con la cabeza. No sabíamos dónde estaba, ni quiénes eran, ni qué buscaban. Estábamos sin nada, sin ninguna pista.
—No hay nada que hacer —susurré. Unas ganas inmensas de llorar me invadieron, trayendo de vuelta la misma impotencia que sentí cuando vi a Alejandro bajo aquel charco de sangre.
—¿Qué dijiste? —Jonathan me miró incrédulo, pero yo solo agaché la cabeza—. Dylan, ven aquí.
Me tomó de la mano y me envolvió en un abrazo. Me rendí. Recargué mi cara en su cuello, incapaz de creer que esta fuera mi realidad. Hace una semana hacíamos planes para el futuro; ahora solo había notas, mensajes amenazantes y cobardes que no daban la cara.
Jonathan acarició mi espalda, tal vez era lo que necesitaba. Sentí las lágrimas rodar por mis mejillas. Era vergonzoso, pero pensar en todo dolía demasiado.
—¿Qué mierda están haciendo? —La voz de Jude nos sobresaltó. Nos miraba sin comprender nada—. Escuché algo... ¿A quién hay que salvar?
Me separé de Jonathan rápidamente, limpiándome los ojos. No sabía si era buena idea que ella y Erick se enteraran. Miré a Pablo, quien negó con la cabeza, indicándome lo que ya pensaba: no decirles nada.
—No es nada —mentí—. Un asunto con mi hermana Sarah.
Jude sonrió un poco. Sin decir nada se alejó de nosotros, fue hasta donde estaba su mochila y... oh, mierda. Nos miró mientras nos mostraba una pequeña bolsa de marihuana.
—No hay nada mejor que una dosis de maría para sentirse mejor. Lleváselo a tu hermana y sus problemas pesarán menos —dijo agitando la bolsita que desprendía ese peculiar aroma—. Por ser tú, te lo fío. Una para ella y otra para ti; ya me pagas luego.
—¡No! —solté, casi como un grito—. Esa mierda no es la solución. No le llevaría eso a mi hermana nunca.
—Tranquilo —Jude soltó una carcajada—. Solo quería ayudar.
—Oh mierda. Dylan, tienes que ver esto —intervino Pablo, pasándome el celular. Lo tomé y no podía creer lo que leía. Era otro mensaje del "Desconocido".
Desconocido: "Por favor responde, necesito tu ayuda. Tengo que salir de este apuro lo más rápido posible, las cosas se van a poner feas. Ayúdame."
¿Qué mierda? ¿Es en serio? Después de toda la mierda que me confirmaba que Melanie iba a morir, ¿en serio ahora viene a decirme que lo ayude? Es un pendejo si cree que le voy a ayudar. Dios, siento tanta impotencia de no poder hacer más. Quiero saber quién es esta persona y hacer que pague por todo, que se pudra en la maldita cárcel. Debe pagar. Es un puto asesino, no me interesan sus putas excusas; él merece lo mismo que la persona que le dio el golpe que mató a Alejandro.
—¿Dónde está Melanie? —preguntó Erick, confundido—. Llevamos un buen rato esperando.
—No vendrá —soltó Jonathan sin más—. Melanie está en problemas y tiene que ver con la muerte de Alejandro.
Me giré hacia Jonathan, dándole un leve golpe en su brazo. ¿Por qué hizo eso? Seguramente piensa que podrían ser de ayuda, pero no lo sé; solo no quiero poner en riesgo a más personas.
—Lo siento, Dylan, pero si queremos salvarla, ellos deben saberlo.
Jude y Erick se miraron confundidos.
—No estoy entendiendo nada. ¿Qué tiene que ver Alejandro con que Melanie no esté en casa? Explíquense, por favor —Erick estaba muy confundido.
—Alejandro no fue asesinado por unos ladrones, como se dijo en las noticias. Hay algo más en el fondo; él fue asesinado por alguien a quien nosotros conocemos, alguien que quizá va con nosotros a clases. Y lo más horrible de todo es que Melanie está con ellos ahora mismo. Vinieron por ella después de varias amenazas que sí cumplieron —le di mi celular a Jude para que empezaran a leer los mensajes que habíamos intercambiado—. Quiero pensar que todavía hay más tiempo para ayudarla, antes de que… la maten.
—¡Dios mío! Hay que ir a la policía —dijo Erick de inmediato.
—¡No! No podemos ir. Si vamos y el desconocido se entera, la van a matar. Por Dios, lo más seguro por ahora es no involucrar a la policía —Pablo estaba muy asustado—. Las cosas las tenemos que hacer nosotros mismos. La policía... todos sabemos que es una mierda, no nos dirán nada hasta dentro de una semana. ¿Quieren esperar todo ese tiempo? Yo creo que no. Así que, andando, tenemos que hacer algo.
Nos miramos unos a otros, esperando que alguno dijera algo que pudiéramos hacer, pero por ahora no había nada. No sabemos quiénes son, no sabemos dónde están, qué es lo que quieren y no sabemos por qué, después de matar a nuestro amigo, ahora quieren matarnos a nosotros. Nada tiene sentido. Yo solo quiero respuestas, pero tal parece que no las voy a tener.
—¿Alejandro tenía problemas con alguien? —preguntó Jude.
—No, Jude —respondí—. Era la persona más amable del mundo.
#126 en Terror
#974 en Thriller
#440 en Misterio
misterio, misterio terror suspenso, asesinato paranormal terror
Editado: 19.05.2026