Emboscada”
Salimos de casa de Melanie con un nudo en la garganta. No podía creer que nos estuviéramos yendo sin ella; antes de llegar pensé que la encontraría a salvo, pero la realidad era otra. Caminamos hacia el auto de Jonathan mientras yo escaneaba los alrededores, esperando ver a alguien acechándonos entre las sombras.
—Sube —ordenó Jonathan al abrir la puerta del copiloto. Obedecí mecánicamente.
El trayecto a casa de Felipe se me hizo eterno, a pesar de la cercanía. Mis nervios eran una corriente eléctrica; mi pierna no paraba de temblar contra la puerta.
—¿Crees que sea verdad? —le pregunté a Jonathan. Él mantuvo la vista al frente, impasible—. Lo que dijo Erick me parece horrible. ¿Serían ellos capaces de hacer algo así por una broma?
—Nunca terminas de conocer a las personas, Dylan. La gente rara vez muestra su verdadera cara. No sabría decirte de qué son capaces.
Mi celular vibró. Lo desbloqueé de un salto pensando en el "Desconocido", pero era Gaby: ya estaba fuera de casa de Felipe. Al entrar en su calle, la vi; se veía pequeña y nerviosa bajo la luz de las farolas.
—¿Qué pasó con Mel? —preguntó en cuanto bajé, con la voz cargada de angustia—. Pablo me dijo algo, pero no entiendo nada... los mensajes, las notas... Dylan, dime la verdad.
—Mel está en peligro, Gaby. No sabemos quién se la llevó ni si está herida. Erick y Jude creen que es una broma pesada de Felipe y sus amigos, y es la única pista que tenemos.
—Por eso estamos aquí —intervino Jonathan, adelantándose hacia la entrada principal.
La casa de Felipe estaba a oscuras. Un silencio sepulcral reinaba en la calle, roto solo por el parpadeo errático de una farola cercana que me daba escalofríos. Jonathan iba a tocar, pero le sujeté la mano. Si había alguien adentro, no podíamos anunciar nuestra llegada. Giré la perilla y, para mi asombro, la puerta cedió, revelando la oscuridad de la sala.
—Creí que estaría cerrada —susurró Gaby, retrocediendo un paso.
—No es buena idea entrar sin permiso —Jonathan me tomó del brazo—. No quiero que nos metamos en problemas, Dylan.
—No hay nada peor que saber que mi mejor amiga puede morir una semana después de que murió mi mejor amigo —le solté, zafándome de su agarre con brusquedad—. Así que cállate, Jonathan. Voy a revisar esta puta casa y nadie me lo va a impedir. Me aseguraré de que Mel no esté amarrada en algún rincón y solo entonces nos iremos.
Me adentré en la oscuridad total de la sala. Escuché a Jonathan llamarme, pero lo ignoré, mis nervios estaban a mil, pero Mel me necesita.
—Ustedes dos —señalé hacia la puerta, donde sus siluetas se recortaban contra la luz de la calle— pueden quedarse afuera no vaya a ser que se metan en problemas.
Sin más, volví a girarme adentrándome en la casa. Obviamente no se veía a nadie; las luces estaban apagadas y las cosas en orden. No parecía haber nadie aquí. Ahora mismo no recuerdo si Felipe tiene hermanos, aunque la verdad no es algo que me interese mucho en este momento.
Encendí la linterna de mi celular. El haz de luz bailaba sobre muebles ordenados y paredes vacías. No se escuchaba ni un respiro. Avancé por un pasillo estrecho hasta llegar a una puerta al fondo: el sótano. "Si está aquí, estará abajo", pensé. Deseaba con todas mis fuerzas que fuera una broma, que al abrir la puerta ella me gritara "¡Sorpresa!" y yo pudiera perdonar a esos imbéciles con tal de tenerla de vuelta.
Un ruido en la sala me hizo saltar.
—Soy yo —gritó Jonathan desde la entrada—. Me golpeé con el sillón. Maldita sea, Dylan, ¿dónde está el interruptor? No veo nada.
No respondí. Abrí la puerta del sótano y bajé los escalones. La luz de mi teléfono barrió el lugar: vacío. Melanie no estaba allí. El aire se me escapó de los pulmones.
—¡Dylan! —el grito de Gabriela, aterrado, llegó desde arriba—. ¡Sal de ahí! ¡Rápido!
Subí las escaleras de dos en dos. Justo al salir del sótano, una mano fría y fuerte apresó la mía.
—Ven —susurró una voz que no era la de Jonathan ni la de Gaby.
Intenté zafarme, pero el agarre era de hierro. Vi a Jonathan aparecer al inicio del pasillo, su silueta iluminada por un destello. Con un tirón brusco y desesperado, logré soltarme.
—¿Quién eres? —exclamé, apuntando con la linterna.
—¡Dylan, sal! ¡Hay alguien más adentro! —seguía gritando Gaby desde la calle.
Alumbré el pasillo, pero la figura se había desvanecido en las sombras. Entonces, escuché una orden que me heló la sangre:
—¡Mátalo!
Sentí un empujón violento en el pecho. Perdí el equilibrio y caí de espaldas contra la puerta del sótano, que aún estaba abierta. Rodé por las escaleras, golpeándome contra cada escalón hasta impactar contra el suelo frío.
—¡Ahhh! ¡Jonathan, ayuda!
***
POV Melanie.
El mundo daba vueltas. El golpe en la cabeza me había dejado aturdida, viendo manchas borrosas mientras intentaba aferrarme a la consciencia.
—Hey, no te duermas —dijo una voz gélida.
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Editado: 19.05.2026