El suelo debajo de mí se sentía helado. Las palabras de Jude seguían martilleando en mis oídos: Melanie Johnson... algunas horas muerta.
—¡Dylan! ¡Levántate, por favor! —era la voz de Gaby, cargada de un llanto que apenas podía contener. Sentí sus manos intentando tirar de mis hombros, pero yo se lo impedía con el peso muerto de mi propio cuerpo.
Mis ojos estaban fijos en la pantalla de mi celular, observando el mensaje del desconocido. ¿Qué mierda le sucede? ¿Cómo se le ocurre que yo le voy a ayudar después de lo que hizo? Negué con la cabeza, sintiendo unas inmensas ganas de gritar y arrojar mi celular contra el pavimento.
Levanté mi mirada para verlos a todos. Mis ojos estaban repletos de lágrimas que, al parpadear, se deslizaron pesadamente por mis mejillas. Pablo me observaba con el rostro pálido; estaba en shock. Erick y Jude mantenían la mandíbula apretada, incapaces de procesar que nuestra amiga estuviera muerta. Gabriela, envuelta en un llanto incontrolable, intentaba ayudarme a ponerme de pie sin que yo se lo pidiera. Jonathan me observaba; no sabía si lo que veía en sus ojos era lástima o el reflejo puro del terror que todos compartíamos.
Me puse de pie con torpeza, rechazando la mano de Gabriela. El dolor de mi hombro y mis muñecas por la caída en el sótano regresó con una intensidad mayor, recordándome la estúpida broma de Felipe. Todo se sentía como una maldita pesadilla.
—Voy a entrar —dije sin mirar a nadie—. Necesito... necesito estar solo.
—No creo que sea buena idea que te quedes solo —Pablo se acercó a mí.
—Mañana —alcancé a decir—. Hablamos mañana. Ahora mismo quiero estar solo, váyanse.
—Tengo maría, por si gustas —escuché la voz de Jude mientras me alejaba rumbo a la puerta principal de mi casa.
Hice caso omiso a su voz y a la de todos. Caminé a paso lento hasta llegar a la entrada. Cuando estaba por girar la perilla, Jonathan apareció a mi lado.
—Melanie está muerta —dije, y el llanto no se hizo esperar. Las lágrimas brotaron de nuevo, imparables. Duele, duele mucho—. Mis dos mejores amigos están muertos, Jonathan.
Él asintió y me envolvió en un abrazo. Lo necesitaba, Dios, cuánto lo quería en ese momento. ¿Qué voy a hacer ahora sin ellos? Eran mi motivo para todo. La puerta se abrió y vi a mi hermana.
—Lo siento mucho, Dylan —Sarah me miró y extendió sus brazos. Solté a Jonathan y me refugié en ella—. Supe lo que le pasó a Melanie, es horrible.
—Es mi culpa —solté en un susurro.
Ella negó de inmediato. —No digas eso. Dile a tus amigos que entren; papá y mamá ya vienen, no deberías estar solo.
—Quiero estar solo.
Solté a Sarah y, sin más, entré a la casa. Caminé como pude hasta las escaleras, sintiendo el peso de cada paso. En mi habitación, apenas crucé el umbral, me desplomé en la cama.
Es increíble la forma en la que todo puede cambiar en segundos. La alegría se transforma en tragedia y no queda más que aceptarlo si no queremos estancarnos. Pero yo no puedo estancarme en el dolor; no mientras la persona que mató a Melanie y a Alejandro siga libre. Saqué mi celular. ¿Por qué tengo que respetar lo que un asesino me dice? No voy a dejar que me controlen. Entré al chat y escribí con los dedos temblorosos:
Dylan: "Pagarán por lo que hicieron, malditos asesinos de mierda."
***
Abrí los ojos con dificultad. Los sentía hinchados y me costó adecuarme a la luz del sol que entraba por la ventana. Miré la mesita de noche. ¡Mierda! Eran las una de la tarde. El dolor físico y emocional había disminuido ligeramente, transformándose en una especie de vacío sordo. Tomé mi celular, que descansaba junto al de mi mejor amiga. Tenía varios mensajes. El "Desconocido" había contestado hacía apenas unos minutos.
Desconocido: "Te juro que hice lo que pude para evitar la muerte de Melanie, pero me fue imposible. Dylan, por favor, te ruego que me perdones y aceptes ayudarme. Sé que estás molesto por lo que pusiste anoche, pero sé que eres una buena persona, como tus amigos lo eran. Sé qué harás lo correcto, y eso es ayudarme."
Hijo de puta. ¿Cómo se atreve? Sentí una impotencia tan grande que quise destrozar la habitación. Obviamente mis amigos eran buenas personas. ¿De qué les sirvió serlo?
Dylan: "¿Por qué crees que te ayudaría después de lo que pasó?"
Desconocido: "Porque eres una buena persona, y sé que quieres evitar el peligro que se avecinaría si no me ayudas. No es una amenaza."
De pronto, el timbre de la casa empezó a sonar. Alguien dejó el dedo presionado contra el botón durante varios segundos que se sintieron eternos. Me puse de pie y bajé. No había rastro de Sarah ni de mis padres. Al llegar al último escalón, el sonido cesó. Por el hueco debajo de la puerta vi que quien estuviera afuera ya no estaba. Abrí lentamente.
No había nadie, pero en el suelo descansaba una caja pequeña, cuadrada, envuelta en papel canela y adornada con un moño rojo. A un costado, una nota:
"Para: Dylan.
De: Tú ya debes saber."
¿Qué mierda es esto? Arranqué el papel de forma apresurada hasta ver una caja de zapatos deteriorada. Al abrirla, el aire se escapó de mis pulmones. En el fondo había dos Polaroids. Era Melanie. Estaba tirada en su habitación; reconocí la alfombra. Eran fotos de ella muerta. Tenía sangre en la frente y unas marcas horribles de color púrpura en el cuello, evidencias brutales de un estrangulamiento.
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Editado: 19.05.2026