Desconocido

Capítulo 15. "El siguiente funeral es tuyo"

POV Sarah

Erick dio un salto, casi tropezando con sus propios pies, mientras el papel que sostenía caía lentamente al suelo de la cocina. Jude, en cambio, se limitó a mirarme con una mezcla de nerviosismo y silencio.

—¿Qué hacen aquí? —pregunté intrigada. Luego señalé hacia el suelo, donde lo que parecía una nota descansaba sobre las baldosas—. ¿Es para Dylan?

Erick intentó articular una respuesta, pero las palabras se le quedaron trabadas. Fue Jude quien dio un paso al frente con una sonrisa forzada.

—Veníamos a buscar a Dylan. Encontramos esto aquí y quisimos ver qué era —respondió ella, con una voz que delataba su inquietud—. Vaya susto nos diste.

Nuestras miradas se cruzaron en un duelo de sospechas. Sin decir más, me incliné para recoger la nota, pero Erick fue más rápido y la arrebató del suelo.

—Dame eso —ordené, endureciendo el tono.

—No, nosotros se lo daremos a Dylan. Ya deben estar camino al funeral de Melanie; tú deberías irte también, y nosotros igual —Erick intentó guardar el papel en su bolsillo, pero antes de que sus dedos rozaran la tela, le sujeté la muñeca con fuerza.

—Eso se queda aquí. Yo se la daré —sentencié—. Además, es mi casa; yo decido qué se hace aquí.

—Está bien, pero… ¿podemos pedirte un favor? —intervino Jude. Asentí, aunque su repentina expresión de entusiasmo me pareció fuera de lugar—. ¿Crees que podríamos grabar?

—¿Grabar? ¿En mi casa? ¿Por qué? —No entendía a qué venía esa petición.

Ambos dieron unos pasos hacia mí, deteniéndose justo donde la alfombra cubría esa mancha en el suelo que nunca habíamos logrado limpiar por completo.

—Aquí fue donde encontraron a Alejandro sin vida —explicó Jude—. Erick y yo tenemos una cuenta en Instagram donde investigamos todo lo que pasó. A la gente le gusta el contenido y pronto empezaremos a monetizarlo.

Negué de inmediato, incrédula. ¿Acaso habían perdido la cabeza? No podía creer que se les ocurriera semejante estupidez. No solo era una falta de respeto, sino que me pareció una idea retorcida.

—No creo que a Dylan le haga gracia, pero de igual forma le preguntaré. Ahora, por favor, váyanse.

Ambos asintieron con la cabeza gacha, asumiendo su derrota. En cuanto se marcharon, la hoja que apretaba en mi mano quemaba de curiosidad. Bueno, dicen que la curiosidad mató al gato, pero soy su hermana y es mi deber estar al tanto; no pienso morir sin saber qué dice esto.

Desdoblé el papel. Mi pulso se aceleró al leer las cinco palabras: “El siguiente funeral será el tuyo”.

***

POV Dylan.

Un nudo opresivo se formó en mi garganta. Sabía que enfrentarme a esto no sería fácil, pero necesitaba despedirme de ella; era una deuda pendiente. Me acerqué al ataúd de mi mejor amiga y, al fin, la vi.

Lucía hermosa, como siempre. Llevaba la ropa que tanto le gustaba y, por un segundo, pareció que solo dormía plácidamente. Sin embargo, los detalles rompían la ilusión: el maquillaje intentaba ocultar, sin mucho éxito, las marcas amoratadas en su cuello que aún eran visibles.

Verla así casi me hace olvidar las fotos que recibí esta mañana, pero me obligué a apartar esos pensamientos. Esta no era Melanie; no quería recordarla así. Sentí el calor de las lágrimas surcando mis mejillas y un grito mudo atorado en el pecho. En ese momento, el dolor se transformó en algo más: un objetivo. Tenía que encontrar al culpable.

Sentí una mano sobre mi hombro. Era Pablo.

—Pensemos que está en un lugar mejor, lejos de los problemas y de toda esta mierda de los asesinos —susurró—. Ahora podrá descansar en paz.

—No digas eso. Ella no necesitaba descansar —respondió Gaby, mirándolo con amargura—. Era demasiado joven y tenía planes. Juro que cuando vea a esos imbéciles, les voy a patear las bolas hasta que se arrepientan.

Jonathan se acercó y se posicionó al otro lado, imitando el gesto de Pablo de tocar mi hombro.

—Por ella y por Alejandro, descubriremos quién fue —sentencié con voz firme, sin apartar la vista del ataúd—. No voy a permitir que sigan con sus vidas como si nada. Haré que se arrepientan cada maldito segundo de haber matado a mis amigos.

Suspiré, dándole un último vistazo a mi amiga. “Lamento no haber podido ayudarte, Mel. Lamento que hayas tenido que pasar por lo que pasaste. Eres mi mejor amiga y siempre lo serás, sé que ahora estás con Alejandro y están riendo como solían hacerlo. Sé que un día nos volveremos a encontrar y yo podré abrazarlos como antes, como desearía poder hacerlo ahora, siempre te voy a querer y nunca me olvidaré de lo excelente amiga que eras, te quiero mucho mejor amiga.”

Mis ojos repletos de lágrimas solo esperaban un parpadeo para salir en picada por mis mejillas. No podía; duele mucho tener que despedirme de ella, pero debo ser fuerte, solo así podré encontrar a los culpables.

—Lo vamos a descubrir juntos —me susurró Jonathan. Su mano se deslizó de mi hombro hacia mi cintura, atrayéndome hacia él en un gesto de protección que dejó atrás el contacto de Pablo.

—Vamos a encontrarlos, Melanie —añadió Pablo antes de alejarnos del ataúd.




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