Edson asintió; se notaba que estaba demasiado nervioso. Casi se le cae el celular al suelo cuando el video estuvo a punto de reproducirse en sus manos, pero lo detuvo.
—Puedo decirte lo que hay en el video. No creo que sea buena idea que lo veas, ustedes eran muy cercanos.
Se me revolvió el estómago; sentí ganas de vomitar y un nudo se formó en mi garganta, impidiéndome hablar. Mi mente me llevó de vuelta a aquella noche, esa noche en que escuché los gritos de Melanie y, cuando llegué, Alejandro yacía muerto en el suelo.
—Tengo que verlo —pronuncié con dificultad.
Edson negó, guardándose su celular. Yo asentí y llevé mi mano al bolsillo para sacar el mío. Fui hasta el perfil de esos dos y ahí estaba: era la última publicación, subida apenas hace unos minutos. Sentí que mis dedos temblaban cuando intenté presionar el video, pero lo hice.
La toma apuntaba a mi puerta principal. El sonido de las llaves insertándose se hizo presente y luego lo vi: era él, mi mejor amigo entrando a mi casa ese día.
—Chicos, hay algo raro aquí —su voz me golpeó como una brisa helada. Me tambaleé, chocando contra el lavamanos. La pantalla se oscureció; yo sabía lo que estaba por venir.
La siguiente toma mostraba a Alejandro sobre el suelo. Apenas comenzaba a formarse el charco de sangre debajo de él. ¡Dios mío! Incluso se notaba que seguía con vida; eran sus últimos segundos. El video terminó.
—¿Oye, amigo, estás bien? —Negué con la cabeza mientras las lágrimas empezaban a deslizarse por mis mejillas. ¿Qué mierda les sucede? ¿Por qué subieron esto? —¿Dylan?
Ignoré a Edson y corrí fuera del baño. Sentía que en cualquier momento me desplomaría; quería irme, gritar y lanzar todo contra el suelo. Era una impotencia que me asfixiaba. Al llegar a la entrada de la escuela, me encontré con Pablo enfrente de Jude y Erick.
—Algo anda mal —ella me miró de inmediato, negando con la cabeza. Estaba tan nerviosa como Erick—. ¡Nosotros no subimos ese video, no puedo borrarlo! ¡Nos hackearon!
Jonathan y los demás de la clase venían hacia acá, incluida Karime, quien venía furiosa.
—¡Borren ese maldito video! —gritó, dándole un empujón a Jude que hizo caer su celular—. Tengan un poco de respeto por su muerte. ¿Qué les pasa, malditos locos?
Ella estaba haciendo lo que mi interior gritaba, pero por algún motivo yo no podía moverme; me sentía atrapado en mi propio cuerpo.
—Nosotros no fuimos —se defendió Erick—. Lo juro.
Los murmullos resonaban a mi alrededor. Todos decían cosas horribles de ellos, pero otros dudaban y preguntaban quién había grabado aquello.
—¡No te creo nada, hijo de puta! —Karime se lanzó contra Erick justo cuando él se agachaba para recoger el celular de Jude. Jonathan reaccionó rápido y se la quitó de encima.
Jude tomó el teléfono y, tras unos segundos, sonrió.
—Listo, el video está eliminado —anunció.
Karime se alejó corriendo; pude ver las lágrimas en su rostro. Entendía su dolor perfectamente.
—¿Lo viste? —me preguntó Pablo, dispuesto a abrazarme. Asentí y no pude más; rompí a llorar—. Es horrible.
Gabriela llegó corriendo y se unió al abrazo.
—Esto confirma que su asesinato estaba planeado —nos mostró su pantalla con una captura de la descripción del video. Decía: «Para ti, Dylan».
Me separé de ellos con la intención de irme a casa. No podía estar ahí, todo era demasiado reciente. Jonathan me alcanzó antes de que pudiera correr.
—¿A dónde vas?
—A mi casa —respondí intentando contener el llanto—. No puedo estar aquí. Esto es una pesadilla, ¡dime que es una pesadilla, por favor!
—Lo siento, Dylan. No lo es.
Me di la vuelta para alejarme, pero mi celular vibró. Tenía un mensaje del Desconocido.
Desconocido: "Fue demasiado fácil hackear la cuenta de Jude y Erick. Lo siento, pero tuve que publicar eso para que recordaras lo que pasó con Alejandro y para que vieras que yo no tuve nada que ver. Estoy listo para contarte todo y decirte quién soy. Será mañana; en un rato te confirmo dónde verte. Solo a ti, Dylan".
Limpié mis lágrimas y miré a Jonathan. Parecía asustado; sabía que era un mensaje de él, pero no pensaba decírselo.
—¿Qué dice?
—Nada. ¿Me puedes sacar de aquí?
Fuimos a su auto. Al entrar, noté algo extraño en el parabrisas: un trozo de papel atorado. Jonathan lo tomó antes de cerrar la puerta.
—¿Qué es eso?
Jonathan lo arrugó con fuerza, tensando la mandíbula. Estaba furioso.
—¿A dónde quieres ir? —ignoró mi pregunta.
—¡Es una nota! Muéstrame —supliqué—. Por favor, Jonathan.
Dudó, pero extendió la mano con el papel arrugado. Lo leí desesperado: “Aléjate si aprecias tu vida”.
—¿Qué mierda? —pregunté incrédulo—. ¿Te amenazan solo por ayudarme?
—Tranquilo, no les tengo miedo. No voy a dejar que pases por esto solo.
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Editado: 19.05.2026