El tiempo se detuvo. El sonido de la puerta golpeando contra la pared fue reemplazado por el jadeo errático de Jonathan y el peculiar olor de la sangre inundó la sala. En sus brazos, Jude parecía una muñeca de trapo, con la ropa ensangrentada y una palidez que no parecía pertenecer a los vivos.
—¡Jude! —el grito de Gabriela sonó desgarrador.
Mauro reaccionó primero, saltando del sofá. Jonathan avanzó con pasos pesados hasta allí para recostarla. Pablo, que aún mantenía su mano sobre mi hombro, apretó el agarre; sentí sus dedos hundirse en mi piel como una advertencia silenciosa. Me alejé de él de un tirón, sintiendo una repulsión eléctrica.
—¿Qué fue lo que pasó? —preguntó Mauro, mientras marcaba a emergencias con dedos temblorosos.
—No lo sé, todo pasó tan rápido… —Erick estaba pálido, con la mirada perdida en el vacío, en un estado de shock absoluto—. Jude…
Me acerqué a ellos y me arrodillé junto a ella. Tomé su mano; estaba helada. Busqué su pulso en el cuello, en la muñeca, en cualquier punto donde la vida pudiera dar una señal, pero no encontré nada. Solo un silencio aterrador bajo su piel.
—No siento su pulso —susurré, y el miedo terminó de apoderarse de mis pulmones—. Jonathan, creo que no respira.
El llanto de Gabriela y Erick estalló al unísono, un sonido desgarrador que llenó cada rincón de la casa. Jonathan me miró con los ojos desorbitados por el horror.
—Jude murió —sentenció Pablo. Su voz sonaba plana, pero su mirada pesaba sobre mí. Lo miré y me estremecí; su semblante era tan serio que me arrepentí instantáneamente de haber intentado "ayudarlo" antes—. Yo no lo sabía, no me dijo nada —añadió en un murmullo que solo yo descifré.
La mirada de todos se volvió hacia él. Pablo bajó la cabeza en un gesto de fingida pesadumbre. ¿Qué mierda le sucede?, pensé. Quise gritarle, señalarlo frente a todos y denunciar que él era el "Desconocido", pero las palabras se quedaron atrapadas en mi garganta. Debía mantener mi promesa.
Escuché a Mauro dando indicaciones frenéticas por teléfono. Me sentía asfixiado: por un lado, la culpa de proteger a Pablo me carcomía, y por otro, ver a Jude muerta en medio de la sala me hacía desear que todos se lanzaran contra él de una vez.
Sentía unas ganas inmensas de gritar hasta desgarrarme las cuerdas vocales. Mi pecho subía y bajaba con violencia. Vi a Jonathan cubierto de sangre, necesitando apoyo, y caminé hacia él, pero él se refugió en la cocina, buscando aire.
—Jonathan… dime qué pasó.
Se giró lentamente. Sin decir una palabra, me estrechó en un abrazo desesperado. Sentí su corazón latiendo como un animal atrapado contra mi propio pecho.
—No lo reconocí, Dylan. Todo fue demasiado rápido. Estábamos llegando y un auto se abalanzó sobre nosotros. Erick y yo logramos saltar a tiempo, pero Jude… a ella no le dio tiempo. Venía muy rápido. No fue un accidente, Dylan. Querían matarnos.
Un frío glacial me recorrió. Dios mío. Debió ser Pablo quien le avisó al asesino que nos reuniríamos aquí. Convirtió nuestra reunión en una trampa para matarnos.
—Jude ha muerto —dijo Pablo entrando a la cocina, interrumpiendo el momento—. Erick ya nos contó lo ocurrido. La policía está en camino; debemos irnos, Dylan. No creo que sea buena idea que nos involucremos con las autoridades en este estado.
—¿Qué mierda dices, Pablo? —Jonathan lo fulminó con la mirada—. ¡Deja de decir idioteces! Ya es hora de aceptar que no podemos manejar esto solos.
Pablo se mostró nervioso por un segundo, pero luego se acercó a Jonathan y lo rodeó en un abrazo que este aceptó mientras volvía a quebrarse.
—¡Jude murió! ¡La mataron! —sollozó Jonathan contra su hombro.
Me hervía la sangre al ver la doble cara de Pablo, consolando al hombre al que acababa de destruirle la vida. Sabía que su único objetivo era evitar que la policía hiciera preguntas incómodas. Pero se acabó. No podía seguirle el juego.
Mi celular vibró en mi bolsillo. Supe quién era antes de verlo. La pantalla iluminó mi rostro con nuevas amenazas:
"¿Jude murió? Por favor, dime que sí. Fue difícil tener que esperarlos sin saber a qué hora llegarían. Debo admitir que ella no era mi objetivo, pero ya que no te vi a ti, ni a ninguno de tus amigos cercanos, tuve que conformarme con ella."
—Fue él —susurré con una voz que apenas logré reconocer como la mía.
Pablo se separó de inmediato de Jonathan. Se veía asustado, y esta vez parecía real. La policía llegó a los pocos minutos. Hicieron preguntas de rutina, pero al tratarse de un aparente atropello con fuga en la vía pública, no nos retuvieron demasiado.
No podía procesar todo lo ocurrido desde la mañana. Mi sueño con Jonathan confesando ser el Desconocido había sido un presagio torcido de lo que vendría. Y luego, Pablo confesando su identidad y pidiendo mi ayuda… ¿Qué habría pasado si le decía que no en ese momento? ¿Habría intentado matarme allí mismo? Tragué saliva con dificultad ante la imagen.
Horas después, me encontraba en mi casa, tirado en la cama con la mirada perdida en el techo. A veces creemos que tenemos la vida por delante, que somos invencibles, hasta que la realidad nos golpea para recordarnos nuestra fragilidad. Jude tenía sueños, metas… y ahora no eran más que cenizas.
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Editado: 19.05.2026