Me desplomé en el sillón, sintiendo que mis piernas ya no podían sostener el peso de mi propio cuerpo. Me cubrí la cara con las manos y dejé que las lágrimas fluyeran sin control. El agotamiento mental me martilleaba la cabeza; la imagen perfecta que tenía de Alejandro se estaba desintegrando frente a mis ojos, dejando en su lugar a un extraño, a un mentiroso.
A mi alrededor, el caos continuaba, pero yo lo escuchaba distante, como si estuviera sumergido bajo el agua.
—Pablo sabe quién lo hizo —sentenció Gabriela, señalando hacia la puerta por donde él acababa de salir—. Si él estuvo en esa fiesta y sabe lo de la foto, debe saber quién perdió la paciencia y lo asesinó. No me voy a quedar sentada a esperar que regrese.
Mauro, todavía con la adrenalina de los empujones marcada en el rostro, asintió con un gesto brusco.
—Vamos por él. Si tengo que sacarle la verdad a golpes, lo haré.
Sin esperar respuesta, ambos salieron de la casa. El portazo resultante retumbó en mis oídos como un disparo. Elena, que había permanecido en silencio observando todo desde una esquina, se puso de pie y, sin decir una palabra, salió tras de ellos.
Suspiré con frustración. Dudaba que alcanzaran a Pablo, pero sentía que ya no podía hacer nada más. Estaba cumpliendo mi parte de la promesa al no revelar que él estuvo allí esa noche, pero ya no podía cuidarlo como si fuera un niño. Simplemente, ya no podía.
—A mí nadie me saca de la cabeza que el culpable es Felipe —soltó Erick con voz confiada.
Karime negó de inmediato, visiblemente molesta.
—¿Eso es todo? —Se cruzó de brazos, barriéndonos a todos con la mirada—. Si Felipe es sospechoso, entonces vamos por él. No sean cobardes. ¿O es que le tienen miedo?
Solté una pequeña risa amarga mientras apartaba las manos de mi cara. Era suficiente por hoy. Como pude, me incorporé y le regresé la mirada, fingiendo una ligera sonrisa.
—Por ahora no haremos nada —solté de golpe—. Felipe puede ser peligroso, además, no podemos enfrentarlo solos.
—¿A quién esperamos entonces? ¡Despierta, Dylan! Si quieres respuestas, debes buscarlas. —El semblante de Karime había cambiado por completo; su rostro emanaba furia—. Iré a hablar con él. Nunca está de más ver la reacción de alguien cuando se enfrenta a la verdad.
Karime caminó hacia la puerta y salió sin mirar atrás. De repente, el silencio regresó a la sala, pero era un silencio distinto. Éramos solo nosotros tres: Erick, que permanecía al fondo como una sombra en su propia casa; Jonathan, que no se había movido de mi lado; y yo, deshecho en el sillón.
Erick se levantó para ir a la cocina, murmurando algo sobre traer un poco de agua. Miré a Jonathan, quien me dedicaba una sonrisa amable. Me limpié el rastro de las lágrimas y traté de devolverle el gesto.
—Dylan, hay algo de lo que quiero hablar contigo —me pidió con voz suave pero firme—. Sé que estás roto. Sé que sientes que el mundo se te cae encima por lo de Alejandro, pero no voy a dejar pasar un minuto más.
—Ahora no, Jonathan... por favor. No puedo con nada más.
—Sí, ahora sí —insistió él. Tomó mis manos con fuerza, impidiéndome que me alejara—. Dije que te lo diría en una cita, pero con todo lo que está pasando, me temo que eso no será posible por ahora. Dylan... tú me gustas.
Sus palabras se clavaron en mi mente y, después de todo el horror del día, por fin pude esbozar una sonrisa sincera. Por su expresión, supe que esperaba una respuesta, pero me quedé sin palabras. Mi mente y mi cuerpo se congelaron, atesorando ese instante de luz.
Solté sus manos y lo abracé con rapidez, buscando esa paz y seguridad que solo él me transmitía. Mi corazón se aceleró, pero esta vez no era por miedo ni por el peligro; era por pura felicidad. Por un segundo, sentí que todo lo malo se esfumaba.
—No tienes que decir nada, solo quería que lo supieras —susurró él.
—¿Interrumpo algo? —La voz de Erick me hizo sobresaltarme. Me alejé de Jonathan de inmediato—. Perdón, no era mi intención —añadió él al vernos.
—Tranquilo, no es nada —dije, tratando de ocultar mi nerviosismo.
Me levanté del sofá. Era hora de irnos. Nos despedimos de Erick, asegurándole que volveríamos más tarde para seguir con la investigación.
Ya en el auto, Jonathan se mantenía serio, con la mirada fija en el frente, listo para iniciar el trayecto de regreso. Mi celular vibró. En la pantalla apareció el remitente que me hizo dar un vuelco al corazón.
Desconocido: "Tomaré tu silencio como un sí. Acepto nuestra reunión. Nos vemos mañana, Dylan".
Dylan: "No pienso caer en tu maldita trampa. Lo que quieras hablar conmigo, hazlo por aquí. Ya me imagino qué es lo que quieres: dinero, ¿verdad?".
Desconocido: "Así es. Eso no es problema para ti. Sé que tú vas a resolver esto lo más pronto posible... solo en caso de que no quieras que siga habiendo funerales".
Dylan: "No me dan miedo tus amenazas. Créeme que sé más de lo que piensas. Sé por qué estabas detrás de Alejandro, sé lo de Ariana y Harry, y sé sobre la foto".
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Editado: 19.05.2026