Desconocido

Capítulo 31. "Felipe y Edson"

El motor del auto finalmente se apagó, pero el silencio que lo siguió fue mucho más pesado que cualquier carga sobre mis hombros. Jonathan mantenía las manos apretadas contra el volante; yo no había respondido nada. En su rostro ya no quedaba rastro de la furia explosiva de hacía unos minutos; ahora solo quedaba una calma tensa, una de esas que vienen después de la tormenta.

—Dylan —su voz sonó baja, casi como un ruego—. Necesito que lo digas. Necesito escucharlo de ti. Esa persona a la que estás protegiendo… es Pablo, ¿verdad?

Me quedé mirando mis manos por unos segundos antes de poder responderle; aún estaban temblando ligeramente. El peso de este maldito secreto se había vuelto insoportable, pero él debía saberlo. Miré a Jonathan de reojo; sus ojos buscaban los míos, cargados con una súplica por saber la verdad.

—Sí —susurré. Sentí que traicionaba a mi amigo, pero debía sacarlo ya—. Es Pablo. Él estuvo esa noche.

Jonathan cerró los ojos un segundo y soltó un suspiro pesado, dejando caer la cabeza en el respaldo del asiento.

—Maldita sea, Dylan, ¿tienes idea de en qué te estás metiendo? Lo estás encubriendo. Si Pablo es responsable, te va a hundir con él.

—Él me prometió que diría la verdad, solo necesita tiempo —traté de justificarme, aunque mi propia voz sonaba insegura—. Él no asesinó a Alejandro, yo le creo.

—¿Eso te dijo? —La mirada de Jonathan volvió a clavarse en mí—. Si lo asesinó, obviamente no te lo va a decir. Puede ser un mentiroso manipulador y no quiero que te suceda nada, Dylan.

Asentí en silencio. Podía haber algo de cierto en lo que decía, pero no lo sabía; yo solo estaba haciendo lo que creía correcto: ayudar a mi amigo. Me despedí de él sin mencionar nada más de Pablo y bajé del auto apresurado. El aire frío de la noche me golpeó el rostro, despejándome un poco mientras caminaba hacia la puerta de mi casa. Solo quería dormir, quería olvidarme del mundo, aunque fuera por un rato.

Sin embargo, al abrir la puerta principal, el agotamiento que sentía se esfumó de golpe.

Sarah estaba sentada en el sofá, pero no estaba sola. Frente a ella, con una taza de café en las manos y una expresión que no pude descifrar, se encontraba Paola. La chica del grupo de Felipe. Me miró de inmediato en cuanto cerré la puerta detrás de mí.

—Hola, Dylan —dijo Sarah levantándose con una sonrisa—. Paola vino a buscarte, dice que es algo importante. Pueden hablar, pero rápido, porque tú y yo tenemos que salir.

¿Qué podría ser tan importante para venir a estas horas a mi casa? Caminé hasta ella confundido y me senté en el lugar que antes ocupaba mi hermana. Paola me escaneó por completo mientras Sarah subía directo a las escaleras, dejándome solo con ella.

—Sé que mi visita puede resultarte bastante extraña, pero me enteré de algo, Dylan —dijo nerviosa. Yo asentí para que continuara—. Es sobre Edson y Felipe. Harán algo esta noche y temo que alguien resulte herido. Sus bromas están tomando un tono más cruel, como ese día que te lanzaron por las escaleras directo al sótano, ¿recuerdas?

Mi mente me mostró destellos de ese día. La rabia creció en mí y me puse de pie, dispuesto a echar a Paola de mi casa.

—¿Qué mierda quieres? Tú también fuiste parte de esa broma que pudo haberme matado. No tiene sentido que vengas aquí a decirme lo que esos dos quieren hacer.

—Ahora que murió Jude, todos están alerta; muchos ya comienzan a creer que hay un asesino suelto. Felipe y Edson, con ayuda de Lily, quieren aprovechar eso para hacer sus estupideces y, sinceramente, yo no quiero ser parte.

Su semblante cambió por completo; ahora su expresión era de pura preocupación. Pero debía tener cuidado: estaba hablando con Paola, la maestra de las mentiras. De pronto, su mirada se fijó en mis manos, donde tenía mi celular junto al de Alejandro.

—¿Qué pasa?

—¿Es el celular de Alejandro?

—No es algo que te importe —dije apartándome un poco, temiendo que intentara arrebatármelo como Jonathan minutos atrás.

—Sí me importa. Antes de morir, Alejandro me contó algunas cosas que le estaban pasando. Me habló sobre los mensajes de un desconocido que lo estaba chantajeando. Tenían una foto que lo ponía en peligro… yo también estoy en esa foto, por eso me contó.

Los ojos se me abrieron como platos. ¿Acaso todo el mundo estuvo en esa fiesta excepto yo? Volví a sentarme; la conversación realmente me interesaba ahora.

—¿Quién más estuvo esa noche? ¿Qué fue lo que pasó con Ariana y Harry?

—Esa noche estábamos muy ebrios, no recuerdo mucho, pero sé que estaban Pablo, Melanie, Alejandro y yo —soltó Paola, evitando mi mirada—. Había más personas, pero sus rostros no los recuerdo ahora.

—¿Melanie? ¿Melanie estuvo ahí? —El nombre de mi amiga resonó en mi cabeza como una alarma. Si ella estuvo allí, ¿por qué me lo había ocultado todo este tiempo?

—Sí, Dylan. Supongo que no sabías nada porque fue un pacto que hicimos ese día. Aunque parece que alguien lo rompió; tiene evidencia de que estuvimos ahí y Alejandro estaba tratando de averiguar quién era, pero no tenía pistas. Busca los mensajes, te estoy diciendo la verdad.

Asentí y rápidamente me dispuse a revisar el dispositivo de mi amigo. Fui a la bandeja de entrada y, en efecto, había una conversación con ella:




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.