Desconocido

Capítulo 38. "Cabos sueltos"

Sentí mi pecho subir y bajar con violencia. El aire no llegaba. Por más que abría la boca, mis pulmones se sentían sellados. Mis manos, aferradas al fregadero no paraban de temblar. Me obligué a girar. Christian estaba ahí, me miraba con profunda preocupación.

—¡Dylan! —gritó él justo antes de que mis piernas cedieran y cayera al suelo—. ¡Mierda! Dylan, respira. Mírame... ¡respira!

Su voz empezó a escucharse lejana, como si estuviera bajo el agua. Sentí sus manos sujetando mis hombros con una firmeza que dolió. Quise apartarlo, quise gritar, pero de mi garganta solo salió un gemido ahogado. Las lágrimas me nublaban la vista y el sabor amargo del vómito seguía quemándome.

—¿Por qué...? —logré soltar, luchando por cada sílaba.

Christian me apretó los hombros.

—No hables, solo intenta inhalar.

—Él... éramos... —mi voz se quebró—. Alejandro... lo ayudó. ¿Por qué, Christian? ¿Por qué lo mató?

Miles de recuerdos inundaban mi mente, pero por más que intentaba encajarlos, ninguno me explicaba el porqué de las acciones de Pablo.

—Nunca terminamos de conocer a las personas, Dylan.

Christian me tomó de los brazos y, con un esfuerzo brusco, me puso de pie. Me obligó a sostener mi propio peso contra el fregadero.

—Todos tenemos secretos. Algunos son... oscuros. Ahora mírame: vamos a salir ahí y vas a decirles lo que Pablo te escribió. Merecen saberlo. Todos.

Antes de que pudiera agradecerle, la puerta de la cocina se abrió de golpe. Jonathan y los demás entraron, observándonos con confusión. Christian aún sostenía mis manos y mi rostro desencajado puso en alerta a todos. La reacción de Jonathan fue instantánea: no preguntó, no dudó. Sus ojos se encendieron en una furia protectora y caminó directo hacia Christian con el puño cerrado.

—¡Suéltalo, hijo de puta! —rugió, lanzando un golpe directo al rostro.

Christian logró esquivarlo por milímetros, retrocediendo con las manos en alto.

—¡Espera! —grité, interponiéndome antes de que Jonathan lanzara el siguiente golpe. Mi cuerpo se tambaleó y casi caigo de nuevo, pero logré sostenerme del fregadero.

—¿Qué te hizo? ¿Dylan, qué te hizo este infeliz? —preguntó Jonathan, con la voz vibrando de odio.

—Él nada... se trata de Pablo —solté tratando de recobrar el aliento mientras tomaba mi celular de la encimera con dedos torpes—. Confesó haber matado a Karime.

El silencio que cayó en la cocina fue sepulcral. Erick y los demás se acercaron, sus rostros mutando de la confusión al terror puro. Les mostré el último mensaje.

—Lo suponía —reaccionó Felipe con un tono cínico, casi de burla—. Ya nos lo había advertido. ¿Qué pensaron cuando dijo que nos haría lo mismo que a Karime? ¿Que hablaba de sexo?

—¿Dónde hago fila? —le siguió el juego Christian, con una frialdad que me heló la sangre.

—¡Eres un imbécil! —le grité, molesto por su falta de empatía.

Me alejé de todos y salí de la cocina. Me dejé caer en el sillón de la sala y el grupo me siguió.

—Debemos ir con la policía —dijo Gabriela, sentándose a mi lado—. Ya no hay duda. Pablo es el asesino.

—¿No se suponía que eran mejores amigos? —intervino Elena—. Siempre los vi muy cercanos.

—Lo éramos, pero Pablo no consiguió el dinero que le pedía a Alejandro y decidió matarlo. Así como mató a Melanie, a Jude y ahora a Karime.

Dejé caer la cabeza en el respaldo y apreté los ojos. Deseé con todas mis fuerzas que fuera un sueño; quería despertar un día antes de que todo esto empezara para advertirle a Ale sobre Pablo. Sentí mis mejillas empaparse mientras sollozaba en silencio. Gabriela tomó mi mano y recargó su cabeza en mi pecho.

—No podemos dejar que esto quede sin castigo —sentenció ella—. Mauro y yo estuvimos a punto de morir por su culpa.

—Edson ya viene para acá —interrumpió Felipe—. ¿Pero vamos a creerle a Pablo? Existe la posibilidad de que mencionara a Edson solo para evadir su responsabilidad.

—Podría ser —respondió Erick—, pero el día del interrogatorio que tú interrumpiste, Edson actuó como un culpable. Ahora que sabemos que Pablo fue quien asesinó a Alejandro, eso dejaría a Edson como su cómplice.

Erick tenía razón, pero... ¿y si fue Edson quien me envió los mensajes pidiendo ayuda? Siempre pensé que era Pablo, pero los mensajes amenazantes claramente sí venían de él.

—¿Qué haremos si Pablo revela lo de Ariana y Harry? —preguntó Felipe, visiblemente nervioso—. Todos los involucrados estaremos en problemas.

—Si eso pasa, no me interesa —Mauro lo miró con desprecio—. El pasado siempre vuelve. Si es momento de enfrentar las consecuencias, que así sea.

Mi celular vibró. Mi corazón se aceleró pensando que era Pablo, pero respiré al ver el nombre de Sarah en pantalla.

Sarah: “Tienes que venir ya mismo a casa. Papá y mamá están a un minuto de llamar a la policía para decir que estás desaparecido.”

Dylan: “Estaré ahí en un rato.”




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