Después de llegar de la universidad, encontré a mi padre en la sala.
- Hola, hijo. ¿Cómo te fue?- preguntó
Lo miré
-Bien, padre, gracias.- respondí
Después de decir eso, subí a mi habitación. La verdad es que mi padre y yo no tenemos una relación perfecta como la de los demás. Después de que mi madre muriera en el parto el me culpa de ello y yo también no sé cómo era ella él quitó todo lo relacionado con ella es como si nunca existió.
Luego de ducharme, bajé a comer. Como siempre, él ya estaba encerrado en su oficina, así que comí solo. Al terminar, regresé a mi cuarto, me puse a investigar unas cosas que nos habían mandado de la universidad y finalmente me fui a dormir.
Al día siguiente fue la misma rutina: levantarme, ducharme, comer e ir a la universidad. Cuando llegué al salón, Lucía ya estaba ahí. En cuanto me vio, me saludó.
-¡Oh, buenos días, Alex! ¿Cómo estás?-Dijo entusiasmada
La miré y le sonreí.
-Bien, Lucía, ¿y tú cómo estás?-Le pregunté
Me senté y ella empezó a hablarme. Creo que ya me agarró más confianza.De todo el lugar, es la única persona que me habla.
Minutos después llegó el profesor de Estadística. Luego de que dictó su clase,salimos al receso y esta vez sí fuimos juntos. Nos sentamos a comer y a platicar.
-Y dime, Alex... ¿vives solo?-Dijo con curiosidad.
La miré y dudé unos segundos antes de responder.
-Eh, no. Vivo con mi padre.- respondí al fin
Ella me miró y me asintió.
-Bueno, yo sí vivo sola. Mi padre y mi madre se quedaron en España.- comentó ella
La miré, sorprendido.
-¿Y no te da miedo?
-No... Bueno, la verdad un poco, pero sé que después me voy a acostumbrar.
Le sonreí y seguimos comiendo. Al terminar, fuimos a ver la segunda clase. A veces estudiar Administración es muy agotador, pero ni modo, toca seguir.
Después de un largo tiempo, las clases por fin terminaron. Antes de irnos, me armé de valor y le pedí su número.
-Oye, Lucía, ¿me puedes pasar tu número?
-¡Ah, sí, claro! Jajaja
Me lo dio, se despidió y luego regresé a casa para caer en la misma rutina de siempre. Ya estando en mi cuarto, entrada la la noche, recibí un mensaje en mi teléfono. Era de Lucía.
-¿Sigues despierto?.
-Sí
-¿Me ayudas con la tarea de matemáticas?
-A ver, manda.
Y así seguimos hablando y resolviendo ejercicios hasta que terminamos la tarea, eso de las 12:00 a. m. Después nos despedimos y por fin me acosté a dormir.