Llevó los dos platos con el desayuno servido hacia donde estaban sus hijos. Los dos le agradecieron al mismo tiempo, dibujándole una sonrisa genuina. Dejó un beso rápido en cada cabellera y buscó el de su hermano, quien también le agradeció, para luego acomodar la bandeja con el plato de su bebé, esa que le mostró sus pequeños dientes y tomó con rapidez la cuchara rosada que había usado ese día.
Apenas estaba ubicándose ante su hija cuando llegó la figura masculina. Lucía preparado para irse al trabajo, con el cabello castaño peinado hacia atrás y esos ojos fríos y analíticos puestos sobre todos ellos, pero ella solo suspiró, encaminándose al área de la isla donde había dejado los dos platos ya servidos para acercar uno hacia la cabecera que él tomó.
Estaba retirándose cuando él la tomó de la muñeca. Desde su espacio, Vinicio miró con agudeza el agarre, pero cuando esos ojos oscuros de Raymond Barclay estuvieron sobre él, el jovencito bajó la mirada hacia su plato, ayudando a su sobrino con el omelette.
—Déjalo, vas a hacerlo un inútil.
La voz fue firme. Vinicio no se inmutó, terminó de cortar el bocado y se reacomodó, viendo cómo Mario lo miraba con seriedad. En ese momento, Raymond soltó a Montana, quien se encaminó de nuevo hacia la cocina, acomodándole el plato a Mario cuando este tomó también su lugar en la otra cabecera del comedor.
—Parece que tu hermano está quedando un poco sordo —le soltó Mario a Montana—. No escuchó mi indicación.
—Solo estaba ayudando a su sobrino con un bocado.
—Jameson tiene manos, ¿verdad, hijo? —El chiquillo asintió—. Y deberá aprender a usar los cubiertos porque no siempre estará el tío cortándole la comida, ¿o sí? ¿Piensas estar toda la vida pegado a tu hermana y que ella te mantenga? —Vinicio no respondió—. Muchachito, te estoy hablando. ¿Estás realmente quedando sordo?
—No, señor —respondió él. Montana tragó saliva, pero buscó a su hermano con la mirada—. Y no, no pretendo que mi hermana me mantenga. No quiero ser un adulto al que tengan que servirle todo para sentirse funcional.
Mario arqueó una ceja y miró con seriedad a su hijo, pero Raymond se puso a reír.
—Parece que a alguien la pubertad le hizo crecer un par...
—¿Un par de qué, tío?
La voz pequeña de Jazlin logró que Vinicio ocultara su sonrisa de ambos hombres, pero continuó comiendo. Raymond no respondió, solo buscó la mirada de Montana, quien tampoco corrigió a su hermano por eso que ambos hombres, aunque no se hubieran dicho nada, consideraron una falta de respeto.
El silencio se fue instalando, aunque no del todo, ya que se llenaba con el sonido de los cubiertos, el movimiento delicado de los vasos y las tazas, además del balbuceo de la pequeña Kendall, quien intentaba aprender a sostener su cuchara o tomar los alimentos con la mano. Montana sonrió cuando logró alcanzar un bastón de zanahoria cocida que se llevó a la boca, pero luego terminó partido en dos y cayendo al piso.
—¿Por qué dejas que haga esos desastres? —preguntó Mario con seriedad—. En mis tiempos, a los niños, desde bebés, se les enseñaba que la comida era sagrada y no podía terminar en el piso.
—Es bueno para su desarrollo que ella sostenga la comida, que vaya aprendiendo sobre la textura y cómo tomar los bocados, cómo usar sus manos.
—¿La dejarás comer con las manos como si fuera un animal?
—No, claro que no —ella lo miró con el ceño fruncido—. Es parte de su crecimiento, señor Barclay. Incluso es una recomendación médica. Kendall empezó una alimentación complementaria llamada BLW. Significa...
—No me des lecciones de algo que quizás ni tú manejas.
—Le está tratando de explicar lo que significa. Claramente lo maneja.
Mario miró con agudeza a ese Vinicio que intervino por su hermana, pero Montana, al notar el rostro descompuesto del hombre, solo añadió con brevedad:
—La idea es que ella aprenda a controlar su propio ritmo de alimentación, decidir qué tomar, cuánto y preparar bien sus movimientos motores para lo mismo. Eventualmente, manejará bien los cubiertos y demás... para que no actúe como un animal.
El hombre también la miró con seriedad, bufó a modo de burla y solo terminó comentando:
—Tantas vainas que han decidido cambiar ahora, estos tales médicos modernos inventándose cualquier tontería para sacar más dinero de madres influenciables como tú.
—Déjala, papá. Montana quiere sentirse moderna —intervino Raymond, comiéndose una tostada—. Además, parece que le gusta hacer doble limpieza, porque ese cochinero que hace la niña solo ella lo limpia. —Se puso a reír. Montana miró a su bebé y no dijo nada—. Ya es problema de ella.
—Debería ser también problema tuyo...
—¿Qué dijiste?
—Vinnie... —ella llamó a su hermano—. No es nada, Raymond. Por favor, los niños están por acá.
—Los puedo ver, Montana, pero parece que tu hermano está queriendo usar su voz de niño grande y tiene algunas cosas que decir. —Retó al jovencito—. Así que anda, dime, Vinnie —se burló un poco—. ¿Qué fue lo que dijiste?
El joven apretó la mandíbula, un gesto que Jameson, desde su lugar, porque solía disfrutar mucho de sentarse al lado de su tío no tan viejo como el tío Raymond, notó. Fue el chiquillo quien le rozó con suavidad el puño que Vinicio tenía en el regazo. Él lo miró de reojo y pronto solo suspiró, calmándose, porque sí le molestaba, y mucho, reconocer que tanto Mario como Raymond parecían hablarle a su hermana mayor y única como si ella fuera una tonta.
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Editado: 15.08.2026