Descubriendo a Montana

Capítulo 4

Tomó el celular para revisar su aplicación en esa plataforma que muchísimas madres que se habían dedicado solamente a la crianza recomendaban o, al menos, la que le resultó más popular entre esas opciones que encontró en la búsqueda que hizo por la mañana. Trabajar no le daba miedo; de hecho, siempre fue algo que deseó hacer, y sabía bien que la gran oportunidad que su esposo consiguió con ese boleto la llevó a vivir y a darles a sus hijos el estilo de vida por el que ella hubiese luchado de muchísimas maneras. Pero, así como la abundancia llegó, la inmadurez convirtió en agua que corrió entre las manos una suma que, en sus inicios, se sintió como un regalo, como una respuesta del cielo para cumplir sus sueños.

Había mucho de lo que se arrepentía en su vida y hubiese deseado volver a esa versión de dos jóvenes recién casados, sobreviviendo con lo mínimo, criando a unos amados mellizos con lo mejor que podían, y decirles que ese premio que les iba a cambiar la vida podría hacerles perder el horizonte antes de tiempo; que ahorraran, que no lo gastaran todo tan rápido como sí lo hicieron. Pero sabía bien que, de volver al pasado, lo único que haría sería advertirle a su amado esposo que no saliera y a sus padres que viajaran hasta el siguiente día.

Apretó los labios cuando notó que aún su solicitud estaba en revisión. De acuerdo con lo que leyó en algunos testimonios, la aplicación era muy selectiva y muy pocas personas pasaban las primeras fases, aun cuando fueran aceptadas. El trabajo era nocturno, algo que no le incomodaba, porque era el momento en el que más libertad poseía, aunque sí iba a sacrificar algunas horas de sueño. Consistía en la transcripción de audios y videos que subieran a su perfil.

Parecía sencillo, pero no lo era, ya que podrían reducirle hasta en un cincuenta por ciento el pago ofrecido si el texto poseía muchos errores o quien lo solicitó no estaba tan satisfecho con el mismo. Pero, de acuerdo con muchas, era la plataforma donde mejor pagaban. Algunas incluso decían que, en sus niveles, ya mucho más altos, pagaban hasta mil dólares por una sola transcripción, y eso era muchísimo más de lo que su suegro y cuñado habían designado como presupuesto para las cosas de la casa.

—Mami...

Suspiró, guardando el celular en su bolsillo, y se giró hacia donde yacía su hijo Jameson.

—¿Cuál te gusta más? —Él le mostró dos camisetas estilo polo—. ¿Hulk o Hombre Araña?

—Creo que para la noche podemos usar otro estilo, algo más... elegante.

—Es que esas me pican y estas son bonitas.

Su dulce mirada se posó en la tela de diseño que tenían las camisetas. Ante eso, Montana no pudo negarse. Se acercó a él y tomó la de Hulk, cuyos tonos verdes y azulados se le hacían mejores para esa cena que había tenido que preparar para Raymond.

—Hulk entonces, un fuerte, poderoso... verde... —empezó a hacerle cosquillas en la cintura. El niño se removió envuelto en risas— monstruo superpoderoso.

—No, mami, no... Hulk no puede con tantas cosquillas.

Aunque su pequeño era alto para su edad, logró tomarlo en brazos y colgárselo del hombro para llevarlo hasta la cama, donde lo dejó, continuando con su juego.

—Soy el malvado Duende Verde...

—Mami, ese es del Hombre Araña —respondió el niño.

—¿Y entonces? ¿Cuál es el enemigo de Hulk?

Los dos se quedaron en silencio. Jameson pareció pensarlo, pero luego indicó:

—No lo sé.

La carcajada fue inmediata en Montana, que nuevamente le hizo cosquillas a su hijo, quien chilló bajo sus dedos ágiles, pero luego también intentó hacerle cosquillas a ella. Al final terminó recostándose a su lado, viendo los dos hacia el techo, aunque él no dudó en buscar su costado, acomodándose de pronto sobre su pecho.

—Mami, ¿es cierto que papá nos cuida desde el cielo?

Ella tragó saliva, pero tras suspirar indicó:

—Sí, mi amor. Tu papá se llamaba Fabio. Era un hombre muy dulce y bueno, apuesto, así como tú...

—¿Me parezco a él? —preguntó emocionado, viéndola a los ojos.

—Sí, sí te pareces a él. —Ella le rozó la mejilla—. Y cuando crezcas sé que también serás un hombre bueno, amable, respetuoso, que va a cuidar mucho de su familia, como él lo hacía.

—¿Y por qué se fue?

Montana le rozó el cabello. Se fue reacomodando, pero los dos continuaron en la cama.

—Papá falleció. Eras muy pequeño cuando pasó, tenías cuatro años. —Él parecía entender aquello—. Íbamos, de hecho, a celebrar el cumpleaños de mamá. —Intentó que su voz no se quebrara—. Y los abuelos, mi papá y mi mamá, fueron invitados como sorpresa por tu padre para hacerme una celebración bonita. Él fue a buscarlos al aeropuerto...

—¿Y falleció ahí?

—No, en el camino. En un accidente de automóviles.

—¿Le dolió?

Ella acunó el rostro de su pequeño con ambas manos, le besó el centro de la frente y negó.

—No, mi amor. Ninguno sintió dolor. En ese accidente perdí también a mi papá y a mi mamá. Los tres ahora están en el cielo, cuidando de nosotros.

—Por eso el tío Vinnie vino a quedarse aquí...




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