Desde que te vi

8. Verdades incómodas

April:

Resisto la tentación de mirar atrás mientras subimos la pequeña escalinata que da acceso a la universidad y una vez atravesamos la puerta, me obligo a apartar la sensación de vacío que se ha adueñado de mi alma.

—¿Cómo estás? —pregunta Hayley, deteniéndonos en medio del pasillo y yo suspiro profundo mientras el ya característico nudo de emociones obstruye mi garganta.

Estoy a punto de derrumbarme por no sé cuántas veces en las últimas horas y eso que, después de anoche, pensaba que ya no me quedaban lágrimas por derramar.

—Intento no pensar en él y en que ahora sí se acabó; que ya no volveré a verlo, pero… —Hago una pausa y pestañeo para alejar las lágrimas—. Es duro. No se lo merecía, Hay.

—No, cariño, no se lo merecía. —Sus brazos se envuelven a mi alrededor intentando de esa forma alejar mi dolor y yo no tardo en devolverle el gesto—. Lo siento mucho.

Mis lágrimas corren por mi rostro sin consuelo y sin intenciones de detenerse pronto. Cuando nos separamos, ella me ayuda a limpiarlas, pero es en vano.

—Sé que es difícil, pero tienes que permanecer fuerte por nuestro monstruito.

Sonrío ante la forma en que cariñosamente ella lo llama y, con el nudo de emociones obstruyendo mi garganta, asiento con la cabeza.

—Y sabes que aquí me tienes si quieres hablar o beber hasta la inconciencia. Estoy a una llamada de distancia y Joey se puede quedar con Nath si tu madre no puede.

—Gracias —digo, no solo a ella, sino también a la vida por haberla puesto en mi camino hace tantos años atrás.

—¿Y con Noah? ¿Cómo fue el reencuentro?

—Ufff. —Sorbo mi nariz y paso el dorso de mis manos por mi rostro. Consciente de que no hay forma de que pueda entrar a clases en este estado, le digo—: ¿Te apetece saltarte la primera clase?

—Tú solo dime a dónde vamos, que yo conduzco.

Sonrío y me encojo de hombros.

—No muy lejos, no puedo faltar al segundo turno.

—Vamos a la cancha entonces.

Asiento con la cabeza y en silencio navegamos entre el mar de estudiantes que se dirigen a sus respectivas aulas hasta llegar a la cancha de baloncesto detrás de la universidad. Una vez nos sentamos en las gradas, ella repite su pregunta.

—Fue intenso —digo con un suspiro—. Aunque sabía que existía la posibilidad de que algún día volvieran, en realidad no creía que los vería nuevamente. De hecho, alguna que otra vez a lo largo de estos años me imaginé qué haría si regresaban… —Me encojo de hombros—. Pensé que me enojaría y que les reclamaría, pero ver a Noah otra vez, luego del impacto inicial, me hizo feliz, en paz. Antes de saber lo que había sucedido, por supuesto.

Le hablo de los cuadernos, del rato que pasamos juntos mientras los leía, de los recuerdos, las risas ante las anécdotas a pesar de la tristeza, de la llegada de Nath, de la reacción de ambos, la cena, el cuento que le leyó a mi hijo, la despedida y cómo estaba desde tan temprano en la casa.

—Creo que las cosas podrían regresar a la normalidad entre nosotros. —Frunzo el ceño—. O eso espero. Hay algo que se sigue sintiendo extraño, pero no creo que sean los cinco años separados.

—Explícate.

—No sé. Bromeamos, pero se siente, ¿forzado? Incómodo sin duda. No sé explicarlo. —Me encojo de hombros—. Solo ha pasado un día, así que tal vez lo que necesitamos es tiempo para recuperar nuestra amistad.

—Tal vez —dice como quien no quiere la cosa y yo la miro frunciendo el ceño.

—Dilo.

—¿El qué? —pregunta con fingida inocencia.

—No te hagas la tonta. Tienes esa voz que dice que sabes algo que yo no.

Suspira profundo.

—No te va a gustar.

—Ahora más que nunca quiero saberlo.

Se encoge de hombros y me enfrenta.

—Tú lo has querido. Sabes lo que siempre he pensado de tu amistad con Noah.

Resoplo y ruedo los ojos.

—Ahora me dejas hablar —me reprende—. No creo que falte algo entre ustedes; en realidad, falta alguien. Nathan.

—Pensé que eso era obvio. Él era como el pegamento que nos mantenía juntos. Ahora que lo pienso, tal vez sí sea eso.

Ahora es ella la que resopla.

—Quería a Nathan muchísimo, April, era imposible no hacerlo, pero, perdóname, Nathan no era el pegamento que los mantenía juntos; era el diluyente que los mantenía separados.

»Sabes que siempre he creído que te equivocaste de gemelo. Lo que había entre tú y Nathan no le llega ni a la suela de los zapatos a lo que había entre Noah y tú. Era increíble verlos juntos, pero Nath siempre estuvo ahí frenándolos. Tu amistad con Noah nunca evolucionó a algo más porque su hermano estaba ahí, inconsciente o no, para frenarlo. Y eso es justo lo que sientes que falta.

»Nathan ya no está; no hay barrera en vuestra amistad; así que todo lo que digan o hagan, podría comprometer lo que tenían. Puede que ustedes no lo noten, pero vuestro subconsciente sí.




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