Desearía ser tu amigo

8-¿Qué quería?

Después de la visita con el doctor y al llegar a casa. Julieta, Alan y Brandon me esperaban a fuera o algo así. Aún con el dolor de cabeza, me bajé del auto y mamá fue la única que entró a la casa, yo sólo me dirigí con ellos.

–Miranda, ¿Estás bien? –preguntó Julieta.

–Si... lo estoy –contesté pero de repente sentí dolor.

– ¿Por qué mientes? Estas demostrando lo contrario –dijo Alan y lo tomé como ofensa.

–Ok está bien; hace pocos días choqué con la pared de mi recámara. Y tengo una fuerte lesión... por fortuna no fue a mayores —argumenté pero sentía que tanto Julieta y Alan como Brandon me deseaban malas vibras.

–Brandon, di algo –ordenó Alan golpeándolo mediante su brazo.

—Eh... mmm... ¿Dónde está Fabián? —preguntó Brandon con sentido de torpeza.

–Brandon, ni quien quisiera hablar del obeso ese... estúpido –ofendió Julieta.

–Fabián... creo que está en su casa –le contesté la pregunta.

–Gracias.

–De nada Brandon.

–Mejor sin estupideces, te recomendamos que ya no te juntes con Diana –ordenó Alan.

– ¿Perdón... por qué? –pregunté.

–Y luego preguntas "Por qué"... ya sabes sobre esto y aun así te arriesgas. Eres estúpida la verdad –dijo Julieta.

–Óyeme no me ofendas –reclamé –.Maldita estúpida... Lárguense de aquí por favor.

Después de eso, cerré el portón y entré a la casa. Aún así sentía las miradas de los tres pero no me importaba. Al llegar a mi recámara, tomé el libro que me regaló mi madre... "Sangre de campeón" de Carlos Cuauhtémoc Sánchez.

La tarde pasaba y sólo me entretenía. Pero de ese rato libre que aprovechaba, escuché como un visitante tocaba el portón. Diana me buscaba, así que bajé y salí de la casa para platicar con Diana.

– ¡Miranda! Por fin te encuentro, creo que encontré algo importante.

– ¿En serio?, ¿Y de qué trata?

–Sólo sígueme a mi casa –ordenó Diana.

La seguí, no recordaba su ubicación. Al llegar a su casa, la última calle de la residencia, estaba cercana a un paisaje que yo soñé recientemente. Me detuve para recordarlo y admirarlo.

– ¿Miranda, te pasa algo? –me preguntó Diana.

–No. Nada importante.

Al llegar a la casa de Diana, recordaba un día cuando acompañé a Mauricio y Brandon (estábamos en sexto año de primaria) para preguntar sobre una tarea, nunca pensé que sería en la casa de Julio. Pero la casa era muy hermosa que como antes; un césped descolorido y mal cortado es ahora verde y recortado, lo que era pintura desgastada y escapándose de las paredes fue pintura amarilla con marrón, las ventanas que eran rotas y maltratadas ahora eran como nuevas y brillosas. Una casa de dos pisos que era marginada ahora era como una casa nueva.

Entramos a la sala; un lugar muy espacioso con muebles modernos. Nos subimos a las escaleras y Diana abrió la puerta de un cuarto oscuro.

–Espérame aquí –dijo Diana y entró al cuarto que al parecer era un sótano o algo así. Tardó en poco tiempo pero hizo un desorden. Ya en sus manos tenía una caja cubierta de cinta que simulaba ser un candado –.Toma, esto era de Julio.

— ¿Y por qué me lo das? —pregunté.

–Porque veo que estas arrepentida, que te tengo confianza. Y es por eso que te lo doy.

Le agradecí y lo tomé. Bajamos de las escaleras y nos topamos con la mamá de Diana. Algo raro es que la pude reconocer y pensaba que la señora me guardaba coraje. Diana explicaba todo a su madre y al finalizar la señora disparó una mirada de deseo a la curiosidad hacia mí. Nos despedimos pero la señora no dijo ninguna palabra, sólo levantó su palma en señal de despedida.

Al salir de la calle, íbamos a pasearnos, conversábamos sobre la suerte de su madre y cómo es el cambio radical que viven, pero la lluvia provocó una despedida entre Diana y yo. Correr era mi opción y llegué a tiempo a mi casa. Llegué a mi habitación y con tijeras abrí la caja, rompiendo la cinta. Había encontrado una historia escrita.

Pasó una hora y revisaba el contenido de la caja, para el último, leer esa historia:

"Erase una vez, un niño muy feliz que siempre era ignorado por todo el mundo. Deseaba tener amigos pero no sabía cómo. Mientras el niño paseaba, un extraño lo vio y sabía su situación, así que se le acercó y le preguntó sobre su situación. Cuando recibió su respuesta estaba preparado para darle el consejo muy importante... ser bondadoso. El niño siempre practicaba ese valor y cada día tenía más amigos hasta ser feliz"

La historia me llenaba de dudas sobre los actos de Julio. La lluvia era más fuerte como un huracán, lo peor es que fue muy peligroso porque vivía algo cercano del Cerro del Muerto. Pero eso no importaba peligrosamente, seguía leyendo esa historia pero la palabra "Feliz" empezó a cambiar de color, un rojo vivo, y de la palabra derramaba sangre. Mi expresión fue de sorpresa, escuchaba la misma frase... "¿Quieres ser mi amigo?".




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