Desecho amor

Desecho amor

No recuerdo cómo llegué a la casa de Susanita. Solo sé que ella me cuida desde cachorro.

Admito que no siempre fui buen compañero. Me gustaba robarle sus pantuflas. Era divertido ver cómo Susanita me corría por toda la casa. Cómo fingía estar cansada para que yo bajara la guardia y recién ahí volver a intentar atraparme. Aunque la verdad, yo siempre fui más rápido.

Para mí Susanita era alguien muy atenta. Como mi mamá.

Aunque ella solo tuviera dos patas. Nunca entendí por qué. Seguro las perdió en algún lugar. O algo muy malo le pasó.

Susanita siempre me hacía comida muy rica y me compraba juguetes raros. Pero a mí siempre me gustó la pelota. Una pelota de tenis que era de su novio Juan.

Jamás comprendí por qué él se molestaba cada vez que la usaba. Pero a mí siempre me gustó robarla y correr con ella.

Juan y yo nunca pudimos llevarnos bien. A él parecía no gustarle los perros como yo. Y a mí no me gustaba que me sacara la atención de Susanita.

Pero a los dos nos tocó compartir.

Juan era alguien que visitaba seguido a Susanita. Pero últimamente dejó de venir. La verdad es que ya hacía tiempo que estaban mal y, aunque no entendía, sentía que yo era el responsable de esas peleas.

Ella parecía estar pasándola muy mal por esa situación.

Susanita estaba sentada en un sillón. No parecía estar bien. Así que fui con mi pelotita para que me la tire y se distraiga. De paso se divierte conmigo. Hasta quizás me quiera llevar al parque al que me saca a veces.

Le dejé la pelotita de tenis en los pies. Pero ni la vio.

Decidí ladrar para obtener su atención. Solo me pateó la pelota. Corrí para agarrarla. La volví a dejar a sus pies.

Solo suspiró. Se levantó y caminó hasta su habitación. La seguí, pero me dejó afuera. Le rasqué la puerta y me gritó que me fuera.

Me quedé en silencio. Pero entonces Susanita empezó a llorar.

Ella empezó a estar distante y algo perdida. Empezó a olvidarse de dejarme el agua y la comida. Dejó de sacarme al parque. Así que no pude ver a mis amigos...

Pero decidí no desanimarme. Esto no era algo que iba a pararme.

Cuando decidí esperarla a que llegara del trabajo, Susanita volvió con Juan.

Juan parecía molesto cuando me vio. No sé qué le hice. Capaz seguía molesto porque la última vez le rompí el cordón la última vez. Se fue con Susanita a hablar a la cocina.

Oí que me mencionaron. Y cómo Susanita se largaba a llorar. No entendí por qué me nombraron. Ni las lágrimas. Así que seguí jugando hasta que decidieran salir.

Al rato salió Juan de la cocina. Fue al perchero y agarró mi correa. Vino hasta el comedor donde me encontraba yo. Aunque me pareció raro que él fuera quien me llevara a pasear, quería salir.

Susanita salió. Justo cuando Juan terminó de ponerme la correa, Susanita se agachó. Me dio un beso en la cabeza. Y también me dijo algo en un solo susurro.

Juan me sacó y paseamos un rato. Quizás quería que nos llevemos mejor, así que decidí portarme bien. Así le hablaba a Susanita de lo bien que me comporté.

Me llevó hasta su coche y ahí empezó un viaje muy aburrido. Juan no abría la ventana. La verdad no me gustaba, pero no tuve otra que conformarme. No sé cuánto tardamos hasta que Juan frenó el auto. Pero sí sé que fue un recorrido largo.

Cuando Juan bajó del auto me llevó con él. Caminamos un poco hasta llegar a un bosque. Frenó enfrente de un árbol y empezó a dar vueltas con mi correa. Yo lo veía raro. Hizo un nudo extraño.

Y ahí me dejó atado.

Juan nunca volvió.

Después de pasar horas ahí entendí lo que Susanita me susurró: “perdón Max”.

Aunque lloré y ladré, nadie me escuchó.

Morí atado en aquel árbol. Y aún en mis últimos momentos, siempre esperé que Susanita me buscara.



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En el texto hay: oneshot, perro, abandono animal

Editado: 06.05.2026

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