Deseo afrodisíaco

Capítulo 3

Han pasado tres días desde que llegamos a la mansión. Apenas he salido de mi habitación y tampoco nadie me ha molestado. Las pocas veces que he bajado a comer algo, la cocina estaba desierta. No había rastro ni de Dionira ni de Devon, por lo que me pregunté si ya se habrían ido. En cuanto a mi padre y a su mujer, parecen estar sumergidos en su propia burbuja.

Acurrucada en una silla del balcón, veo como juguetean en la piscina antes de besarse con pasión. Mentiría si dijera que no me alegro por ambos. Sin embargo, su matrimonio se ha vuelto un calvario para mí. Luara tiene el sueño de formar una familia y Bruno está más que dispuesto a concederle ese deseo. Eso me mostró en su despacho.

—¡Marcia, baja a divertirte! —me escondo de la esposa de mi padre.

—Estoy bien aquí arriba —le grito de vuelta.

—¡No seas aburrida! Ven a pasar un rato con tus padres.

Estoy dispuesta a debatir pero recuerdo las palabras de mi padre. Soltando un suspiro, atravieso el pasillo que lleva a las escaleras. La puerta del gimnasio está abierta y me asomo un poco viendo como un torso desnudo y sudado está sobre en el suelo. Una planta gigantesca me bloquea el rostro de tan escultural cuerpo. La persona está haciendo abdominales.

—Es una buena vista —una voz masculina en mi oído me sobresalta.

Me giro hacia el muchacho que me ha asustado. Su piel es bronceada y su pelo tiene un corte militar. Varios tatuajes decoran su brazo derecho. Es uno de los matones de mi padre. Debe de haberse unido a la mafia desde muy joven, apenas me saca unos años.

Con el ceño fruncido me dispongo a ignorarlo, pero me agarra del brazo.

—Las escaleras están en la otra dirección.

Pronuncio aún más el ceño, dejándome arrastrar. Llegamos a la terraza y Luara suelta un grito de emoción abrazándome. Su cuerpo mojado empapa mi ropa y fuerzo una sonrisa.

—¿No tienes bikini? Si quieres puedo dejarte yo uno.

—No, no te preocupes. Tengo otros planes —improviso queriendo irme lo más rápido posible—. Quiero ejercitarme un poco en el gimnasio.

—Si necesitas ropa de deporte, he llenado un cajón entero de tu armario con prendas muy diversas. No te conozco lo suficiente para saber cuál es tu estilo, pero estoy segura que la próxima vez que salga de tiendas podré encontrar algo para ti.

Murmuro un agradecimiento, volviendo a la mansión.

—Tu rechazo hacia Luara me ha dolido hasta a mí —bromea el muchacho de corte militar. Me había olvidado por completo de su presencia.

—No hace falta que me sigas a todas partes. Sé dónde se encuentra todo.

—Me temo que desde que el alemán intentó escapar, vais a tener vuestros propios perros guardianes. Tienes suerte de tener uno con tan buena apariencia.

Le doy una mirada rápida. Tiene un cuerpo trabajado pero ni de lejos se puede comparar con el que vi en el gimnasio.

—¿Devon ha intentado fugarse?

No sé si debería hablar con él. No estoy muy segura de si querrá escucharme después de todo.

—Sí, la primera noche que pasasteis aquí. El tipo sabe pegar pero se llevó un recordatorio.

Lo miro con las cejas alzadas. Devon seguramente quiso huir para hablar con la policía. Es normal que alguien como él, que no está acostumbrado a la dinámica de la mafia, quiera acudir a las autoridades.

—¿Sabes dónde está?

—Te vi muy interesada en sus abdominales en el gimnasio.

Siento mis mejillas enrojecer. Con paso rápido me dirijo a la habitación en cuestión. Devon ha cambiado de ejercicio y ahora se encuentra de espaldas corriendo en la cinta. Con mi pijama de ositos, me pongo frente a él. Su ojo derecho está negro e hinchado y tiene pinta de doler. Mi perro guardián —no porque lo diga yo, sino porque así se denominó a sí mismo— se ubica a mi lado con una sonrisa socarrona. Devon le dedica una mirada de odio profundo. Al menos, hay una persona que el alemán odia más que yo en este momento.

—¿Cómo te encuentras? —tanteo el terreno.

—De maravilla, mi hermana está secuestrada por el Comando Gambiarra y yo por el Comando Cabeleireiro. Las dos bandas que controlan todo Brazil. Seguramente mis padres ahora mismo se están tomando una caipirinha sin la menor preocupación.

—No estás secuestrado. ¿Prefieres salir ahí fuera y que te maten? —replico molesta por su ironía.

—Teniendo en cuenta de que si intento irme lo van a hacer igualmente, prefiero arriesgarme.

—Cuando quieras te vuelvo a recordar por qué se deben cumplir las normas en esta casa —se entromete mi perro guardián y Devon se acerca amenazadoramente a él. Me interpongo entre ambos aunque la cantidad de testosterona me esté ahogando.

—No empecéis una pelea. No necesito lidiar con más problemas en este momento.

—¿Ser la heredera de la mafia brasileña te complica mucho la vida? —las palabras de Devon me molestan pero decido no manifestarlo.

—Ella es la princesa del Comando Cabeleireiro, obviamente su posición no le facilita las cosas. La otra banda está intentando asesinarla y como no pueden, han decidido jugar con Marcia un rato hasta que de un paso en falso. ¿Eso te parece tener la vida fácil?

—No hace falta que me defiendas, perro guardián.

—Mi nombre es Estevao —lo ignoro mientras vuelvo a enfocarme en el alemán.

—Entiendo tu enfado, Devon. No quiero ni imaginarme por lo que estás pasando estos momentos, pero es necesario que tú también entiendas mi situación. Yo no elegí que mi padre se convirtiera en el líder del Comando Cabeleireiro. Nunca me interesó la mafia y he decidido volver a involucrarme después de tres años para salvar a Mila.

—Es bueno saber que lidias por ti misma los problemas que causas.

Siento sus palabras como un golpe en el estómago. Me acerco con el rostro rojo al alemán. Aunque me saca más de una cabeza de altura, levanto mi mentón para hacerle frente. Su rostro también está enojado y sus ojos miel tienen un brillo diferente, el de las lágrimas contenidas. Tomo una pequeña respiración recordándome que es su hermana quien está secuestrada y que tiene todo el derecho de estar molesto con nosotros.




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