Deseo prohibido

10

El Señor, una sombra imponente en su vasta oficina, esperaba a su hijo con una impaciencia apenas contenida. Ansiaba llenar su mente de locuras, de un odio visceral contra el padre de Camille. Era crucial que Rodrigo aceptara convertirse en el vengador de su familia, el arma perfecta para sus maquinaciones. Daniel ya tenía todo planeado, cada pieza del ajedrez moviéndose en su mente, y convertir a su hijo en un peón se volvía la parte más exquisita de su elaborado plan. Quizás García era un hombre brillante en la creación de planes de robos, un estratega en el arte del hurto, pero Ferraioli, el Señor, era el maestro indiscutible en la maquinación de venganzas, un arquitecto de la destrucción. Rodrigo debía enterarse de todo, del pasado oscuro que los unía, y para eso, su padre había ideado la primera muerte que él debía ejecutar. El Señor estaba seguro de que al enterarse su hijo de lo que había hecho este hombre, lo querría matar, sin dudarlo, sin remordimientos.

¿Cuál era su plan? ¿En dónde lo había escrito y guardado? Solo en su cabeza, un laberinto de intrigas y venganzas. Tampoco tenía una hora o algo para citar a su hijo, una formalidad innecesaria. Él solo lo estaba esperando en la oficina, la puerta abierta, sabiendo que Rodrigo, como era costumbre, había ido a la universidad. Apenas escuchó el clic de la puerta principal, un sonido apenas perceptible, no dudó en estirar su brazo, un gesto autoritario, para llamar la atención de su hijo, el cual venía tarareando despreocupadamente una canción pegadiza de Dove Cameron. Su hijo observó el brazo del Señor, una invitación silenciosa, y se acercó, caminando con seguridad. Ingresó en la oficina de su padre, un santuario de poder y secretos, y se sentó en el lugar de los invitados, un asiento incómodo en el gran esquema de las cosas.

—Para empezar con la venganza, creo que te gustaría matar a Bautista Herrero. —El Señor murmuró aquello, su voz baja, casi un silbido, pero cargada de una intención letal.

Un silencio incómodo, denso como la niebla, reinó en la oficina en el momento en que el Señor pronunció aquel nombre. Las palabras resonaron, llenando el vacío con una tensión palpable. Sin embargo, la quietud se rompió cuando su hijo, Rodrigo, sintió la necesidad de hablar, de responder a la provocación. Pero su padre nunca se imaginó lo que se desprendería de los labios de Rodrigo. La sorpresa fue tal que hasta lo había asustado; por un instante, dudó que ese chico frente a él, con su expresión de incredulidad, fuera realmente su hijo, pero estaba seguro de que lo era, su sangre.

—¿Bautista Herrero? Padre, yo no pienso matar a nadie. —La voz de Rodrigo, aunque firme, contenía una mezcla de incredulidad y rechazo.

Ferraioli, antes de la reunión con su hijo, había hecho una con Rossi, un encuentro furtivo en las sombras. El plan consistía en que, dentro de tres horas, su hijo llegaría a casa, y quería que Rossi iniciara un ataque, una demostración de poder. Entonces, el Señor esperó a que eso sucediera, con una paciencia fría, para poder responder la pregunta de su hijo, para darle la "motivación" necesaria.

Cuando Rossi llegó a la casa de enfrente, un coche negro deslizándose sigilosamente por la calle, la calma se rompió con una ráfaga de disparos contra una de las ventanas que daban a la oficina del Señor. El vidrio estalló en mil pedazos, los fragmentos volando como cristales rotos. De inmediato, Ferraioli se lanzó sobre su hijo, su cuerpo pesado cubriéndolo, un escudo protector. El cuerpo de Rodrigo chocó contra el escritorio de su padre con un golpe seco, y Daniel se mantuvo protegiendo a su hijo hasta que los disparos cesaron, el silencio regresando, pesado y ominoso. Lo miró a los ojos, una conexión profunda y sin palabras. No hicieron falta palabras para entender que Rodrigo haría lo que fuera que su padre quisiera para devolverle el favor de haber salvado su vida; no obstante, el Señor, a pesar de la comprensión tácita, quiso decir algo.

—No puedo dejar que ese hombre mate a mi hijo. Esto no es un juego, Rodrigo. —La voz de Daniel era grave, cargada de una emoción que rara vez mostraba.

De un momento para otro, padre e hijo estaban gateando por el suelo, moviéndose con una urgencia primal, para salir de la oficina y esconderse. Las balas, como abejas furiosas, pasaban cerca de ellos, silbando, pero solo se impactaban contra la pared, dejando marcas de destrucción. Todo era un atentado programado, una coreografía macabra, ya que Rossi, con su precisión letal, podría haberlos matado con tan solo una bala.

—Estoy… estoy asustado —murmuró Rodrigo, su voz apenas un hilo, un eco de su terror—. Ya es mi segundo tiroteo y no me gusta.

—Lo sé, hijo, pero así es nuestra vida —respondió el Señor, su voz resignada, mientras llegaban a la puerta de una habitación oculta—. Entrá.

Se escuchó un fuerte estruendo proveniente del piso inferior, el sonido de algo rompiéndose, como si un objeto pesado hubiera caído. Ferraioli supo que algo en el piso inferior se había roto, ya que un montón de voces y murmullos se comenzaron a escuchar, sin contar con los sonidos ensordecedores de los tiros que resonaban por toda la zona, dejando sordo a cualquiera que pasara cerca.

El Señor comenzó a guiar a su hijo dentro de la habitación, un espacio oscuro y estrecho. Al hacerlo, con un movimiento simple de un libro en una estantería oculta, un pasadizo secreto se abrió ante ellos, revelando un túnel en la oscuridad. Se adentraron en él y comenzaron el viaje, los pasos resonando en el silencio. Caminaron durante treinta minutos, un tiempo que pareció una eternidad en la oscuridad, y entonces, la luz del sol los cegó, un blanco brillante que los hizo entrecerrar los ojos. Habían salido a las calles más concurridas de Argentina, volviendo al mundo exterior como fantasmas del pasado.

—Vamos a matar a Bautista —decidió Rodrigo, su voz ya sin rastro de duda, endurecida por la experiencia—. Cuando vaya a la escuela, lo mataré.



#419 en Detective
#322 en Novela negra
#1825 en Otros
#337 en Acción

En el texto hay: traicion, mafia, venganza

Editado: 30.05.2025

Añadir a la biblioteca


Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.