DesextinciÓn: La Segunda Edad de la Tierra

Capítulo 4: Cuando el silencio empezó a pesar

Nota del compilador

Tras la difusión del último metraje, algo cambió.

No fue pánico inmediato.

No hubo evacuaciones.

No se decretaron estados de emergencia.

Pero la conversación se volvió distinta.

El registro del streamer identificado como R. circuló con rapidez inusual. No por su calidad técnica ni por su duración, sino por lo que mostraba y, sobre todo, por lo que ocurrió después.

R. no volvió a publicar contenido.

No hubo explicaciones.

No hubo aclaraciones.

No hubo desmentidos.

Para alguien con una presencia constante en línea, ese silencio fue más inquietante que cualquier imagen.

La desaparición del emisor convirtió el video en algo más que una curiosidad. La duda comenzó a transformarse en paranoia contenida. No generalizada, pero persistente.

El siguiente archivo corresponde a una conversación registrada pocos días después.

[Archivo 09 – Interior / Tarde]

La cámara está apoyada sobre una repisa. El encuadre muestra a Matías sentado en la cama, con el teléfono en la mano. Sebastián está de pie frente al escritorio, revisando información en el computador.

—¿Viste que no subió nada más? —dice Sebastián, sin girarse.

—Puede estar descansando —responde Matías—. O preparando otro video. Los streamers hacen eso todo el tiempo.

Sebastián niega con la cabeza.

—No así. No después de algo así.

Matías desliza el dedo por la pantalla de su teléfono.

—Capaz que le bajaron el canal —dice—. O lo denunció medio internet.

—O salió corriendo —responde Sebastián—. Como cualquiera haría.

Matías levanta la vista.

—¿Corriendo de qué?

Sebastián se gira lentamente.

—De lo que grabó.

Se hace un silencio incómodo.

—Sebastián… —empieza Matías—. Todavía no sabemos qué fue eso.

—Yo sí tengo una idea bastante clara —responde—. Y no me gusta.

Sebastián se acerca al computador y muestra una imagen detenida del metraje de R. La criatura aparece congelada en medio del movimiento, borrosa pero reconocible en su silueta general.

—Era pequeño —dice—. Bípedo. Rápido. Extremidades traseras largas, cola rígida para equilibrar la carrera.

—Eso describe a un montón de cosas —contesta Matías, aunque su tono ya no es firme.

—No describe a ningún animal actual de esa zona —replica Sebastián—. Y menos con esa postura.

Matías se frota la cara con la mano.

—Ok —dice—. Supongamos que no era falso. Supongamos que no era IA. Supongamos que… era real.

Sebastián espera.

—Eso no significa que sea lo que tú crees —añade Matías—. Podría ser algo nuevo. Un animal que no conocemos.

Sebastián lo observa en silencio unos segundos.

—¿Te das cuenta de que hace dos semanas te habrías reído de esa idea? —pregunta.

Matías no responde de inmediato.

—Sí —admite finalmente—. Pero ahora…

Deja la frase inconclusa.

—Ahora ya no suena tan ridículo —termina Sebastián por él.

Matías suspira.

—No digo que tengas razón —aclara—. Solo digo que… no sé qué pensar.

Sebastián asiente.

—Eso es peor —dice—. Cuando ya no puedes descartarlo.

Ambos vuelven la mirada al computador. La imagen pausada de la criatura parece observarlos desde la pantalla.

—Si eso es real —dice Matías, en voz baja—, entonces alguien debería estar diciendo algo.

—Y no lo están —responde Sebastián.

El silencio vuelve a instalarse.

—¿Sabes qué es lo que más me inquieta? —pregunta Sebastián.

—¿Qué?

—Que si eso era pequeño… —dice—. Entonces no era lo primero. Y probablemente no sea lo último.

Matías traga saliva.

—No empieces.

—No estoy empezando —responde Sebastián—. Solo estoy mirando lo que ya está ahí.

La cámara sigue grabando unos segundos más. Ninguno habla.

El archivo termina.

Nota del compilador

Ese fue el punto exacto en que la neutralidad comenzó a desaparecer.

No por pruebas irrefutables.

No por confirmaciones oficiales.

Sino porque la negación empezó a requerir más esfuerzo que la duda.

A partir de aquí, el mundo no volvió a mirar los registros de la misma forma.

Y pronto, mirar dejaría de ser suficiente.

Nota del compilador

Tras la difusión del metraje grabado por R., comenzaron a aparecer comunicados oficiales de manera intermitente. Sin embargo, la mayoría de los registros noticiosos de ese período no sobrevivieron.

Los archivos eran subidos y eliminados en cuestión de horas.

Algunos nunca llegaron a almacenarse.

Otros fueron retirados antes de ser replicados.

No puedo confirmar si estas acciones respondían a protocolos de contención del pánico o a directrices más amplias. Solo puedo afirmar que el resultado fue el mismo: la información desaparecía.

El siguiente registro no proviene de un medio oficial, sino de una grabación doméstica realizada por una familia en Sídney. El archivo fue almacenado de forma local y no compartido en su momento.

Es uno de los pocos fragmentos que se conservan de los intentos iniciales por desacreditar lo que ya no podía ser ignorado.

[Archivo 10 – Interior / Noche / Sídney]

La grabación comienza con una imagen ligeramente inclinada. El encuadre muestra una sala de estar. Se escucha el sonido distante del tráfico nocturno. Una televisión encendida domina el fondo de la imagen.

Una voz femenina se escucha fuera de cuadro.

—Déjalo ahí… graba por si acaso.

La cámara se estabiliza sobre una mesa baja, apuntando directamente a la pantalla del televisor.

En el noticiero aparece un presentador de traje oscuro, expresión rígida, postura cuidadosamente neutral. Detrás de él, una imagen congelada del video viral aparece difuminada, con marcas gráficas superpuestas.

—Buenas noches —dice el presentador—. En los últimos días ha circulado en distintas plataformas un video que ha generado confusión y preocupación innecesaria entre usuarios de redes sociales.



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En el texto hay: ficcion, post-apocalíptico / fin del mundo, fan fotage

Editado: 01.08.2026

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