Las puertas de la posada se abrieron despacio, dejando salir al grupo mientras el sol iluminaba las calles llenas de vida. El bullicio de mercaderes, aventureros y transeúntes llenaba el aire, pero ninguna de ellas tenía idea de que, al mismo tiempo, todos los foros y redes del juego seguían ardiendo en discusiones sobre la dracónida que caminaba al lado de la famosa Domadora.
Aoi, ajena a todo eso, levantó los brazos con alegría y estiró la espalda hasta escuchar un leve crujido. Una sonrisa brillante iluminó su rostro:
—¡Por fin! Ahora sí puedo explorar todo lo que quiera —dijo dando un paso decidido hacia el camino que llevaba al bosque—. Ya no cambia de forma, así que aprovecharé para terminar de recorrerlo entero.
Pero apenas había avanzado unos centímetros cuando sintió que el suelo se alejaba bajo sus pies.
—¿Eh?
Miró hacia abajo: una mano grande y firme la sostenía suavemente por la parte trasera de su ropa, levantándola del suelo con la misma facilidad con la que alguien alza a un gatito. Aoi giró la cabeza y se encontró con la mirada tranquila y serena de Zeriska.
—Zeri… ¿qué haces?
La dracónida inclinó levemente la cabeza, sin dejar de sostenerla:
—Disculpe si soy impertinente, Ama. Pero usted regresó hace muy poco de una batalla contra una criatura de nivel legendario. Cruzó un bosque peligroso durante días, durmió muy poco, recibió heridas que aún no han sanado por completo… y su cuerpo pide reposo aunque usted no quiera escucharlo. Por lo tanto: hoy descansará.
Aoi parpadeó varias veces:
—Pero… ¡estoy bien! Quiero ir a ver qué hay más allá del río…
—Mañana —respondió Zeriska con calma absoluta.
—¡Pero es muy temprano!
—Mañana.
—¡Solo un ratito!
—Mañana.
No importaba cuánto se agitará, pataleará o suplicará: la expresión de Zeriska no cambiaba ni un ápice. Simplemente comenzó a caminar por la acera, llevándose a Aoi colgando de su mano como si fuera algo totalmente natural.
—¡Suéltame, por favor! —se quejaba la pequeña moviendo brazos y piernas en el aire sin lograr nada—. ¡Prometo no correr tanto!
—No —fue la única respuesta.
Fern observó la escena un instante, luego apartó la mirada con aire de quien piensa “tú te lo buscaste”. Lyn soltó un graznido alegre y se elevó en círculos sobre ellas; Puddle rebotaba detrás como si fuera lo más divertido del mundo; y Regulus caminaba tranquilamente junto a Zeriska, totalmente acostumbrado ya a que ella tomara las riendas cuando hacía falta.
Antes de doblar la esquina, Zeriska se detuvo un momento y miró a las hermanas:
—Señorita Kaede, señorita Hina. Aprovecharé para mostrarle la ciudad y que coma algo tranquilo antes de que descanse. ¿Les parece bien?
Kaede sonrió con ternura:
—Claro que sí, muchas gracias.
Hina levantó el pulgar con una sonrisa traviesa:
—Adelante. No te dejes convencer por ella.
Aoi abrió los ojos como platos y extendió las manos hacia ellas:
—¡¿Cómo que sí?! ¡Ayúdenme! ¡No me dejen con ella!
—Negativo —dijo Hina cruzándose de brazos.
—¿Por qué? ¡Soy la domadora del grupo!
—Porque siendo sinceras —respondió Kaede riendo suavemente—, hacía falta alguien que te pusiera un freno de verdad. Y parece que ella es la indicada.
Aoi se quedó inmóvil en el aire, mirando a una y otra, luego a Zeriska… y finalmente dejó caer los hombros con total derrota:
—¿Me han traicionado…?
—Completamente —confirmó Hina con una sonrisa satisfecha—. Disfruta tu descanso.
Zeriska asintió satisfecha y siguió su camino, con Aoi todavía colgando y balanceándose suavemente de un lado a otro, sin dejar de mirar atrás con una expresión que mezclaba indignación y resignación.
Los transeúntes y aventureros que se cruzaban con ellos se detenían uno tras otro, mirando con los ojos muy abiertos:
—¿Está… cargando a la Domadora?
—Parece que sí… ¿y ella no puede bajarse?
—Creo que la está castigando por irse de aventuras sin descansar… ¡qué miedo y qué ternura a la vez!
Varios sacaron sus dispositivos de inmediato. Minutos después, una nueva imagen llenaba los foros:
【NUEVA FOTO】La Maid Guerrera ahora lleva a la Domadora como si fuera una niña traviesa
Y las respuestas no tardaron en llover:
JAJAJAJA ¡ahora sí se sabe quién manda de verdad!
Confirmado: la dracónida es la verdadera jefa del grupo.
Primero derrota a monstruos legendarios, ahora controla a la propia Domadora… ¡es perfecta!
Pobre Aoi… aunque hace falta alguien que la cuide así.
Alguien más piensa que esto es lo más tierno que ha visto en el juego?
Mientras tanto, Aoi seguía extendiendo la mano hacia donde sus hermanas se habían quedado:
—¡Hinaaa! ¡Kaedeee! ¡Volved!
Y ellas solo saludaron con la mano, sonriendo, viendo cómo Zeriska se alejaba con su pequeña ama colgando, convencida de que, por primera vez en mucho tiempo, alguien se había preocupado por ella lo suficiente como para decirle que no.
El recorrido continuaba por las calles llenas de gente, aunque para Zeriska era un paseo tranquilo y ordenado, para Aoi se sentía más como una escolta estricta sin derecho a réplica. La pequeña caminaba con los brazos cruzados y los mofletes ligeramente inflados, soltando quejidos cada poco paso:
—Todavía podríamos ir un ratito…
—No —respondía Zeriska sin dudar.
—Solo media hora…
—No.
—¿Ni siquiera diez minutos?
—No.
Aoi soltó un suspiro tan largo que pareció desinflarse por completo.
Detrás de ellas, Fern caminaba con la cabeza gacha; Lyn revoloteaba muy bajito, casi rozando el suelo; Regulus avanzaba sin hacer ruido; y Puddle rebotaba de un lado a otro como si nada pasara, aunque todos tenían ese aire de quien sabe que ha hecho algo mal y no se atreve a decir nada.
Aoi los miró de reojo:
—¿Por qué están tan callados todos? Parecen niños a punto de ser regañados.