Deslizándome hacia ti

Capitulo 2: El chico que desaparecio

El dolor en el tobillo no la dejó dormir.
Evelyn pasó gran parte de la noche girando en la cama mientras el reloj avanzaba lentamente hacia las cuatro y media de la mañana. Afuera, la ciudad todavía estaba oscura, cubierta por la nieve de finales de enero.
Colorado siempre era frío. Pero últimamente todo en su vida se sentía congelado.
Suspiró y terminó levantándose antes de que sonara la alarma.
Sabía que su padre ya estaría despierto.
Siempre lo estaba.
Cuando bajó a la cocina, el aroma amargo del café llenaba el ambiente. Richard Carter revisaba videos de competencias desde la tablet mientras tomaba notas en una carpeta gruesa llena de rutinas y puntuaciones.
Ni siquiera levantó la vista al verla.
—¿El tobillo?
—Mejor.
Mentira.
Cada paso todavía dolía.
Richard deslizó el dedo sobre la pantalla hasta detener una presentación en pareja.
Madison Reed y Blake Donovan aparecieron ejecutando un levantamiento perfecto frente a una multitud.
Elegantes. Precisos. Intocables.
Evelyn apartó la mirada.
—Su secuencia de pasos subió dos puntos esta temporada —comentó él—. Y Blake mejoró las recepciones en los throw jumps.
Ella tomó una botella de agua del refrigerador.
—Qué bueno por ellos.
Richard finalmente levantó la vista.
—Eso significa que tú necesitas mejorar el triple Axel o van a aplastarte en el nacional.
Directo. Como siempre.
Evelyn tragó saliva.
—Liam y yo todavía tenemos tiempo.
El silencio que siguió fue extraño.
Pesado.
Su padre dejó lentamente la taza sobre la mesa.
—Liam no volverá esta temporada.
El mundo pareció detenerse un instante.
—¿Qué?
—Acaban de confirmar la cirugía de su rodilla.
El aire abandonó los pulmones de Evelyn.
No.
No, no, no.
—Eso no estaba decidido todavía…
—Ahora sí.
Richard volvió a mirar la tablet como si acabara de comentar el clima.
—Necesitamos buscar otro compañero.
Evelyn sintió una presión horrible en el pecho.
—No puedes simplemente reemplazarlo.
—Puedo y voy a hacerlo.
Ella apretó los dedos alrededor de la botella.
—Es mi compañero desde hace ocho años.
—Y ahora está lesionado.
La frialdad de esas palabras dolió más de lo que deberían.
Richard siempre había sido duro, pero escuchar aquello sobre Liam le revolvió el estómago.
Porque Liam no era solo su compañero.
Era familia.
Habían crecido juntos. Aprendido a caer juntos. Ganado juntos.
Y ahora todo parecía reducirse a que ya no servía.
Evelyn dejó la botella sobre la mesada con fuerza.
—Voy al hospital.
Richard no intentó detenerla.
—No vuelvas tarde. Entrenamos esta noche.
Claro.
Siempre entrenaban.
Aunque el mundo se estuviera derrumbando.
El Saint Joseph Hospital olía a desinfectante y café viejo.
Evelyn caminó rápido por los pasillos sosteniendo el ramo pequeño de flores que había comprado de camino. El tobillo le dolía con cada paso, pero apenas lo notaba.
Solo podía pensar en Liam.
Cuando abrió la puerta de la habitación, lo encontró recostado sobre la cama mirando televisión.
Y sonriendo apenas la vio.
—Wow. Pareces horrible.
Evelyn soltó una risa entrecortada.
—Tú tampoco luces muy bien.
Liam tenía ojeras marcadas y algunos raspones todavía visibles cerca del cuello. Su rodilla derecha estaba inmovilizada.
Verlo así le apretó el corazón.
Él notó inmediatamente la expresión en su rostro.
—Hey —murmuró—. No me mires como si estuviera muriendo.
Ella dejó las flores sobre la mesa y se acercó.
—Papá me dijo lo de la cirugía.
Liam suspiró.
—Sí.
—¿Por qué no me llamaste?
—Porque ibas a venir corriendo igual.
Eso era cierto.
Evelyn se sentó junto a la cama.
Por unos segundos ninguno habló.
La televisión seguía encendida en volumen bajo mientras afuera comenzaba a nevar otra vez.
—Fue raro, Evie —dijo Liam finalmente.
Ella levantó la vista.
—¿El accidente?
Él asintió lentamente.
—Los frenos del auto no respondieron.
Un escalofrío le recorrió la espalda.
—¿Qué?
—La policía dice que probablemente fue por el hielo… pero no lo sé.
La expresión de Liam cambió apenas.
Más seria.
Más inquieta.
—Sentí que alguien me venía siguiendo después del entrenamiento.
Evelyn frunció el ceño.
—¿Crees que alguien hizo eso a propósito?
—No sé.
Pero sí lo había pensado.
Ella podía verlo en sus ojos.
Y eso daba miedo.
Mucho miedo.
Antes de que pudiera responder, Liam sonrió de lado intentando aliviar la tensión.
—Aunque si fue Blake Donovan, al menos tendría sentido. Ese tipo da vibras de asesino serial.
Evelyn soltó una pequeña risa.
—Idiota.
—Lo digo en serio.
—Tú crees que todo el mundo quiere matarte.
—Porque soy adorable y talentoso.
Ella negó con la cabeza.
Y por primera vez en días, se sintió un poco más liviana.
Hasta que Liam volvió a hablar.
—¿Ya apareció otro compañero?
La pregunta cayó como una piedra.
Evelyn apartó la mirada.
—Papá quiere buscar uno.
—Pero tú no quieres.
—No es tan simple.
Liam la observó unos segundos.
Después sonrió apenas.
—¿Conociste a alguien?
Ella abrió la boca para responder automáticamente que no.
Pero entonces recordó unos ojos claros observándola desde las gradas.
“Saltas con miedo de caer.”
Su corazón dio un pequeño vuelco extraño.
Molesto.
Confuso.
—Tal vez —admitió.
Liam arqueó una ceja.
—Oh, esto se puso interesante.
Evelyn rodó los ojos.
—No es eso.
—Ajá.
—Ni siquiera me cae bien.
—Entonces definitivamente es eso.
Ella tomó una almohada y se la lanzó directo a la cara.
Liam soltó una carcajada.
Y justo en ese momento, alguien golpeó suavemente la puerta de la habitación.
Evelyn giró la cabeza.
Y el aire se congeló en sus pulmones.
Noah Hayes estaba parado en la entrada.




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