Deslizándome hacia ti

Capitulo 4: Primera caida

—¿ESTÁS COMPLETAMENTE LOCO?
La voz de Richard Carter resonó por todo el estadio.
Evelyn cerró los ojos apenas un segundo mientras Noah permanecía apoyado contra la baranda de la pista, totalmente tranquilo, como si no acabaran de lanzarle una bomba al entrenador más temperamental de Colorado.
—Papá.
—¡No! —Richard señaló directamente a Noah—. No voy a poner el futuro de mi hija en manos de un chico que desapareció del circuito sin explicación.
Noah ni siquiera pestañeó.
Eso solo empeoró las cosas.
Era irritantemente calmado.
—No necesito que confíe en mí —dijo él—. Solo necesito una oportunidad.
—¿Una oportunidad? —Richard soltó una risa seca—. Hace dos años eras una estrella juvenil y de pronto abandonaste todo. Nadie sabe por qué. Nadie sabe dónde estuviste. Y ahora apareces diciendo que quieres competir otra vez.
Noah sostuvo su mirada sin moverse.
—Sí.
Silencio.
Evelyn podía sentir la tensión flotando sobre el hielo.
Richard estaba furioso. Noah parecía una pared imposible de romper.
Y ella estaba atrapada justo en medio.
—Papá, escucha.
—Tú no entiendes lo que está en juego, Evelyn.
—Claro que lo entiendo.
—No, no lo entiendes. El nacional no es un juego. Una mala pareja puede destruir una carrera entera.
Eso hizo que Noah sonriera apenas. Pero fue una sonrisa amarga.
—Créame. Lo sé.
Por primera vez, algo cambió en el rostro de Richard.
Apenas un segundo.
Como si hubiera tocado una herida que no esperaba.
Pero desapareció rápido.
—Cinco minutos en la pista —dijo finalmente—. Eso es todo lo que voy a darte.
Evelyn abrió los ojos sorprendida.
—¿Qué?
Richard miró directamente a Noah.
—Si vas a hacerme perder el tiempo, al menos entretenme un poco.
Noah asintió lentamente.
—Perfecto.
Y entonces se quitó la campera.
Evelyn dejó de respirar por medio segundo.
No porque estuviera semidesnudo ni nada parecido.
Sino porque el cuerpo de Noah mostraba exactamente lo que el patinaje le había hecho durante años: hombros fuertes, músculos marcados, cicatrices pequeñas en brazos y clavícula.
Había una especialmente fea cerca del costado izquierdo de sus costillas.
Vieja. Profunda.
Él tomó unos patines negros gastados del bolso que había dejado junto a la entrada y comenzó a ajustarlos.
Sus movimientos eran automáticos. Precisos.
Como si nunca hubiera dejado el hielo.
Richard observaba en silencio desde las gradas inferiores.
Juzgando cada detalle.
Noah terminó de atarse los cordones y levantó la vista hacia Evelyn.
—¿Vienes o vas a seguir mirándome como si fuera un asesino serial?
Ella parpadeó rápidamente.
—No te estaba mirando.
—Ajá.
Maldito.
Evelyn tomó sus propios patines intentando ignorar el calor incómodo en sus mejillas.
Minutos después ambos estaban sobre el hielo.
Y algo cambió inmediatamente.
Noah se movía distinto.
Incluso deslizándose lentamente parecía más conectado a la pista que cualquier persona que Evelyn hubiera visto jamás.
Como si el hielo respondiera a él.
Richard también lo notó.
Ella pudo verlo en la forma en que dejó de fruncir el ceño apenas unos segundos.
—Muéstrame tu mano.
Evelyn lo miró confundida.
—¿Qué?
—Tu mano, Carter.
Ella se acercó lentamente.
Noah tomó su muñeca con suavidad y acomodó la posición de sus dedos.
El contacto le envió un pequeño escalofrío por el brazo.
—Demasiada tensión —murmuró él—. En pareja todo empieza aquí.
Sus ojos bajaron apenas hacia sus manos unidas.
Y por un instante Evelyn olvidó respirar.
Ridículo.
Absolutamente ridículo.
—Vamos a probar algo simple —continuó Noah soltándola—. Solo sígueme.
Él comenzó a deslizarse hacia atrás lentamente.
Evelyn lo siguió.
Primero incómoda. Descoordinada.
Pero Noah no apartaba la vista de ella ni un segundo.
—No mires tus pies.
—Estoy tratando de no caerme.
—Entonces confía.
Otra vez esa palabra.
Confía.
Evelyn tomó aire y levantó la mirada.
Error.
Porque Noah estaba demasiado cerca.
Sus ojos claros parecían todavía más intensos bajo las luces blancas del estadio.
—Bien —murmuró él—. Ahora giro exterior.
Se movieron juntos.
No perfecto. Ni cerca.
Pero por primera vez… se sintió natural.
Richard observaba desde las gradas completamente en silencio ahora.
Eso daba más miedo que sus gritos.
—Otra vez —dijo Noah.
Aumentaron velocidad.
Las cuchillas cortaron el hielo al mismo tiempo.
Evelyn intentó acompasar la respiración con la de él mientras giraban.
Y entonces ocurrió.
Una mala inclinación. Demasiado rápida.
Su cuchilla resbaló.
—Mierda.
Evelyn perdió el equilibrio hacia atrás.
Pero no cayó.
Noah la sostuvo de la cintura antes de que golpeara el hielo.
Todo ocurrió en segundos.
Su cuerpo quedó pegado al de él. Una mano firme rodeando su cintura. La otra sosteniendo su brazo.
Demasiado cerca.
Demasiado.
Evelyn levantó lentamente la mirada.
Y Noah ya la estaba mirando a ella.
Muy quieto.
Muy serio.
Ella podía sentir su respiración mezclándose con la suya.
El estadio entero pareció quedarse en silencio.
Incluso Richard.
—Te tengo —murmuró Noah.
Y algo en esas dos palabras…
Le desordenó completamente el corazón.




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