Evelyn no pudo concentrarse el resto de la noche.
Las palabras de Blake seguían girando dentro de su cabeza mientras caminaba hacia los vestuarios con los patines colgando del hombro.
“La noche en que arruinó la carrera de su antigua compañera.”
Noah nunca hablaba demasiado. Nunca explicaba nada. Y todos parecían saber algo sobre él… excepto ella.
Eso debería haberle dado igual.
Pero no le daba igual.
Y odiaba eso.
Cuando entró al vestuario femenino, Sophie ya estaba ahí cambiándose después de su entrenamiento.
Le bastó una mirada para notar que algo ocurría.
—Okay. ¿Quién murió?
Evelyn dejó el bolso sobre el banco.
—Blake Donovan.
Sophie arqueó una ceja.
—Ojalá.
Evelyn suspiró y comenzó a desatarse los patines.
—Dijo algo raro sobre Noah.
—Todo sobre Noah es raro.
Punto válido.
Sophie se acercó un poco más, claramente interesada.
—¿Qué dijo exactamente?
Evelyn dudó apenas.
—Que Noah arruinó la carrera de su antigua compañera.
El rostro de Sophie cambió inmediatamente.
Y eso no pasó desapercibido.
—Tú sabes algo.
—Todo el mundo sabe algo —murmuró ella.
—Sophie.
Su amiga hizo una pequeña mueca incómoda antes de sentarse frente a ella.
—Hace dos años Noah competía con una chica llamada Ava Miller.
El nombre no le sonaba.
—Eran increíbles —continuó Sophie—. Literalmente los favoritos para llegar a juveniles olímpicos.
Evelyn frunció el ceño.
—Entonces ¿qué pasó?
Sophie bajó la voz instintivamente.
—Nadie sabe la historia completa. Pero durante una práctica… Ava tuvo una caída horrible.
Un frío extraño recorrió la espalda de Evelyn.
—¿Qué tan horrible?
—Se rompió la columna.
Silencio.
El aire pareció desaparecer del vestuario.
—¿Qué…?
—No volvió a competir nunca más.
Evelyn sintió un vacío abrirse lentamente en el pecho.
No.
Eso no podía ser lo que Blake había insinuado…
¿O sí?
—Dicen que Noah cometió un error durante un levantamiento —susurró Sophie—. Otros dicen que discutieron antes de salir a entrenar. Y algunos creen que él estaba distraído y…
No terminó la frase.
No hacía falta.
Evelyn bajó la mirada lentamente.
Recordó las manos firmes de Noah sosteniéndola. La seguridad con la que la atrapaba cada vez que perdía equilibrio.
“No voy a dejarte caer.”
¿Por eso lo decía tanto?
¿Porque ya había dejado caer a alguien antes?
La puerta del vestuario se abrió de repente.
Evelyn levantó la cabeza automáticamente.
Y Noah apareció del otro lado.
El silencio fue instantáneo.
Sophie casi saltó del banco.
—Yo… eh… tengo que irme.
Cobarde.
Evelyn la vio escapar prácticamente corriendo mientras Noah permanecía cerca de la entrada.
Sus ojos fueron primero hacia Sophie… después hacia Evelyn.
Y algo en su expresión cambió apenas.
Como si ya supiera exactamente de qué estaban hablando.
—¿Es cierto?
La pregunta salió antes de que pudiera detenerla.
Noah se quedó inmóvil.
—¿Qué cosa?
Evelyn tragó saliva.
—Lo de tu compañera.
Silencio.
Largo. Pesado.
Noah apartó la mirada primero.
Eso fue suficiente respuesta para que algo se hundiera dentro de ella.
—Sí —dijo finalmente.
El vestuario se sintió demasiado pequeño de golpe.
Evelyn se puso lentamente de pie.
—¿La dejaste caer?
Noah cerró los ojos apenas un segundo.
Y por primera vez desde que lo conocía…
Pareció cansado de verdad.
—Sí.
La honestidad de esa respuesta dolió más que una mentira.
Porque no intentó defenderse. Ni justificarlo.
Nada.
Evelyn sintió un escalofrío recorrerle los brazos.
—¿Cómo esperas que confíe en ti después de eso?
Noah levantó lentamente la vista hacia ella.
Y había algo devastador en sus ojos.
Algo roto.
—No espero que lo hagas.
Eso la desarmó un poco.
Maldita sea.
Porque él no sonaba arrogante ahora. Ni misterioso.
Sonaba culpable.
Y eso era peor.
—Entonces ¿por qué volviste? —preguntó Evelyn más suave.
Noah tardó en responder.
Demasiado.
—Porque el hielo era lo único que me hacía sentir vivo.
La forma en que lo dijo…
Como si admitirlo doliera.
Evelyn apretó los dedos contra el bolso intentando ordenar sus pensamientos.
—¿Y qué pasó con Ava?
Noah tragó saliva apenas.
—No volvió a caminar igual.
El pecho de Evelyn se contrajo.
Dios.
Noah soltó una pequeña risa amarga.
—Ahora entiendes por qué tu padre me odia.
Ella lo observó en silencio.
Y entonces notó algo.
Las manos de Noah.
Temblaban apenas.
Muy poco. Casi imperceptible.
Pero temblaban.
Como si hablar de aquello todavía lo estuviera destruyendo por dentro.
El silencio entre ambos se volvió insoportable.
Hasta que Noah dio un paso hacia atrás.
—No voy a obligarte a patinar conmigo, Carter.
Su voz volvió a sonar fría. Controlada.
La máscara regresando otra vez.
—Si quieres terminar esto ahora… lo entenderé.
Evelyn debería haber dicho que sí.
Debería haber salido corriendo.
Porque confiar tu cuerpo a alguien en el hielo era literalmente poner tu vida en sus manos.
Y Noah ya había roto a alguien una vez.
Pero mientras lo miraba ahí parado…
Solo podía pensar en una cosa.
La culpa en sus ojos había sido demasiado real para fingirla.
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Editado: 04.06.2026