El hombre de la federación bajó lentamente las escaleras hacia la pista.
Traje gris oscuro. Expresión seria. Una carpeta negra bajo el brazo.
Todo en él gritaba autoridad.
Evelyn sintió cómo el cuerpo de Noah se tensaba apenas a su lado.
Muy poco.
Pero suficiente para notarlo.
—Señor Hayes —repitió el hombre deteniéndose junto a la baranda—. Pensé que había quedado claro que no podía volver a entrenar oficialmente.
Richard cruzó los brazos.
—Todavía no está entrenando oficialmente.
“Todavía.”
Evelyn se aferró inmediatamente a esa palabra.
El hombre dirigió entonces la mirada hacia ella.
—Evelyn Carter.
Ella asintió apenas.
—Soy Daniel Foster, representante técnico de la federación juvenil.
Noah soltó una risa baja sin humor.
—También conocido como el hombre que disfruta arruinando vidas adolescentes.
Foster lo ignoró completamente.
—Tu padre solicitó una reevaluación especial para formar una nueva pareja competitiva debido a la lesión de Liam.
Evelyn parpadeó sorprendida.
Miró rápidamente a Richard.
Él evitó su mirada.
Claro.
Había hecho todo sin decirle nada.
—Sin embargo —continuó Foster—, si el candidato es Noah Hayes… la situación se vuelve complicada.
Noah apoyó los antebrazos sobre la baranda.
—Porque les asusta la prensa.
—Porque hay antecedentes.
El silencio cayó pesado.
Evelyn sintió rabia inmediatamente.
Porque la forma en que hablaban de Noah… como si fuera un arma rota… le revolvía algo dentro.
—No fue intencional —dijo ella antes de pensarlo demasiado.
Los tres hombres la miraron.
Foster suspiró lentamente.
—Eso no cambia lo ocurrido.
Noah apartó la vista.
Y esa pequeña reacción le dolió más de lo esperado.
Richard intervino entonces.
—Lo importante es si pueden funcionar como pareja competitiva.
Foster observó unos segundos a ambos sobre el hielo.
Evaluando.
Midiendo.
—Tienen exactamente dos semanas antes del clasificatorio regional —dijo finalmente—. Necesitarían un programa completo, sincronización y puntuación mínima para ser aceptados oficialmente.
Evelyn sintió el corazón acelerarse.
Dos semanas.
Era una locura.
Las parejas tardaban meses. Años.
Noah, en cambio, parecía completamente tranquilo.
Psicópata.
—Podemos hacerlo —dijo.
Foster soltó una pequeña risa incrédula.
—¿Y de dónde piensas sacar un programa competitivo en tan poco tiempo?
Noah giró apenas hacia Evelyn.
Y algo en sus ojos hizo que el aire se quedara atrapado en sus pulmones.
—Ya lo estoy imaginando.
El corazón de Evelyn tropezó consigo mismo.
Idiota. Su corazón era un idiota.
Foster cerró la carpeta con firmeza.
—Tienen una semana para mostrarme algo digno de evaluación preliminar.
Richard asintió inmediatamente.
—Lo tendrán.
—Espero que sí.
Pero antes de irse, Foster volvió a mirar directamente a Noah.
—Y si vuelves a cometer un error… será el final definitivo de tu carrera.
El estadio quedó en silencio cuando el hombre finalmente se alejó.
Evelyn miró automáticamente a Noah.
Esperando alguna reacción.
Algo.
Pero él solo permaneció quieto observando el hielo.
Como si aquellas palabras ya las hubiera escuchado demasiadas veces.
—Otra vez.
Evelyn soltó una exhalación agotada mientras intentaba recuperar aire.
Llevaban casi dos horas trabajando en pasos básicos de sincronización y Noah seguía corrigiendo absolutamente todo.
—Tu entrada está medio segundo tarde.
—No lo está.
—Sí lo está.
—Eres insoportable.
—Y tú terca.
Ella frenó bruscamente sobre el hielo.
—Llevamos repitiendo esto cuarenta minutos.
—Treinta y siete.
—Oh, perdón, eso cambia todo.
Noah ocultó apenas una sonrisa mientras volvía a colocarse frente a ella.
El programa corto empezaba a tomar forma lentamente.
Y aunque Evelyn odiaba admitirlo…
Noah tenía razón en casi todo.
Su conexión sobre el hielo mejoraba rápido. Demasiado rápido.
Como si sus cuerpos entendieran movimientos que sus mentes todavía no.
Eso daba miedo.
—De nuevo —murmuró Noah extendiendo la mano.
Evelyn lo miró unos segundos antes de tomarla.
El calor volvió inmediatamente.
Maldito contacto.
Comenzaron la secuencia otra vez.
Deslizándose juntos. Girando. Respirando al mismo ritmo.
Noah guiaba cada movimiento con precisión absoluta.
Y Evelyn empezó a notar algo extraño: él jamás dudaba cuando la sostenía.
Nunca.
Como si el miedo solo existiera dentro de su cabeza… y no en sus manos.
—Ahora el giro exterior.
Ella obedeció.
Los cuerpos acercándose mientras aumentaban velocidad.
Y entonces Noah tiró suavemente de ella hacia sí.
Demasiado rápido.
Evelyn chocó contra su pecho soltando un jadeo ahogado.
—¡Noah!
Él sostuvo su cintura con firmeza evitando que perdiera equilibrio.
Sus rostros quedaron a centímetros.
Otra vez.
Siempre demasiado cerca.
Evelyn podía sentir la respiración tibia de él mezclándose con la suya en el aire helado.
Y Noah…
Noah la estaba mirando de esa manera peligrosa otra vez.
Como si olvidara apartarse.
El corazón de Evelyn latía tan fuerte que empezaba a doler.
—Te desconcentras fácil —murmuró él.
Ella tragó saliva.
—Tú eres el problema.
Eso le arrancó una sonrisa pequeña.
Real.
Y Dios santo.
Evelyn acababa de descubrir algo peligrosísimo:
Noah Hayes sonriendo podía destruir vidas.
#2409 en Novela romántica
#224 en Thriller
#96 en Misterio
mafia romance y misterio, secreto pasado dolor superacion, romance deportivo
Editado: 04.06.2026