Deslizándome hacia ti

Capitulo 11: El lenguaje del hielo

La primera vez que Noah sonrió de verdad…
Evelyn casi olvidó cómo respirar.
Y eso era un problema enorme.
Porque ahora, cada vez que lo veía acercarse sobre el hielo, una parte estúpida de su cerebro esperaba volver a verlo.
Lo peor era que Noah parecía no darse cuenta del efecto que tenía.
O fingía muy bien.
—Otra vez desde el inicio.
Evelyn soltó un gemido de cansancio mientras se apoyaba sobre las rodillas.
—Voy a morir joven por tu culpa.
—Al menos morirás con buena técnica.
—Te odio.
—No, no me odias.
Ella levantó inmediatamente la cabeza.
Noah seguía frente a ella, tranquilo, con esa expresión calmada que hacía querer besarlo o empujarlo contra una pared.
Quizá ambas.
Un segundo.
¿Qué?
Evelyn se incorporó rápidamente.
Necesitaba dormir. Urgente.
—¿Siempre eres tan arrogante?
Noah ladeó apenas la cabeza.
—¿Siempre piensas tan fuerte? Porque literalmente puedo ver el caos en tu cara.
Maldito.
Ella agarró una botella de agua intentando ignorar el calor subiendo a sus mejillas.
Llevaban cinco días entrenando juntos.
Cinco días de:
contacto constante,
discusiones,
miradas demasiado largas,
y Noah corrigiéndole cada mínimo error.
Pero también…
Cinco días donde Evelyn empezaba a notar cosas pequeñas sobre él.
Como que:
siempre llegaba primero al estadio,
tomaba café horrible,
se quedaba mirando el hielo cuando creía que nadie lo observaba,
y apretaba las manos hasta hacerse daño cuando recordaba algo de su pasado.
También descubrió algo peor:
Noah era increíble enseñando.
Porque nunca gritaba. Nunca humillaba. Nunca la hacía sentir insuficiente.
Solo… la hacía sentir capaz.
Y Evelyn no estaba acostumbrada a eso.
Richard apareció desde las gradas inferiores con la libreta en la mano.
—El lift todavía está inseguro.
Noah asintió apenas.
—Lo sé.
Richard miró directamente a Evelyn.
—Tú dudas antes de impulsarte.
Ella tensó la mandíbula.
—Estoy trabajando en eso.
—Trabaja más rápido.
Ahí estaba otra vez.
Esa presión constante aplastándole el pecho.
Noah debió notarlo.
Porque apenas Richard volvió a alejarse, habló en voz baja.
—No lo escuches demasiado.
Evelyn soltó una risa seca.
—Es fácil decirlo.
—No tanto.
Ella lo observó unos segundos.
Había algo raro en Noah hoy. Más callado de lo normal.
Más distante.
—¿Qué pasa contigo?
Él frunció apenas el ceño.
—Nada.
Mentira.
Evelyn ya empezaba a reconocer cuándo Noah escondía cosas.
Y en ese momento estaba completamente cerrado.
Pero antes de que pudiera insistir, las puertas del estadio se abrieron de golpe.
Madison Reed entró primero.
Perfecta como siempre.
Blake detrás de ella.
Y varios patinadores comenzaron inmediatamente a murmurar.
Porque ellos eran las estrellas del circuito.
Los favoritos.
Madison sonrió apenas al verlos juntos sobre el hielo.
—Mírenlos. Ya parecen una pareja de verdad.
Evelyn rodó los ojos.
—¿No tienes nada mejor que hacer?
—No realmente.
Blake observó a Noah unos segundos.
Después sonrió lentamente.
—Escuché que Foster aceptó evaluarlos.
Noah no respondió.
Madison bajó unos escalones de las gradas.
—Qué valiente de tu parte volver a levantar chicas en el aire.
El ambiente se congeló.
Evelyn vio inmediatamente cómo la mandíbula de Noah se tensaba.
—Madison —dijo Blake suavemente, aunque claramente divertido—. Sé amable.
—Lo intento.
Pero no lo hacía.
Ni un poco.
Evelyn sintió rabia creciendo dentro del pecho.
Porque Noah no respondía. Solo soportaba los golpes.
Como si creyera merecerlos.
Y eso empezaba a dolerle más de lo normal.
—¿Sabes qué? —dijo Evelyn finalmente—. Al menos Noah no necesita sabotear gente para ganar.
Silencio.
La sonrisa de Madison desapareció apenas un segundo.
Blake entrecerró los ojos.
—Cuidado con lo que insinuas, Carter.
Evelyn sostuvo su mirada.
—Cuidado con amenazar personas en hospitales.
Ahora sí.
Silencio absoluto.
Algunos patinadores cercanos dejaron incluso de moverse.
Madison bajó lentamente el último escalón.
Su expresión seguía tranquila. Pero sus ojos no.
—No tienes idea de con quién estás jugando.
Evelyn dio un paso hacia adelante.
—Ni tú conmigo.
Noah tomó suavemente su brazo antes de que pudiera acercarse más.
El contacto la frenó inmediatamente.
—Déjalo —murmuró él.
Ella giró hacia Noah sorprendida.
Y entonces entendió algo.
No la estaba deteniendo porque tuviera miedo de Madison.
La estaba deteniendo porque tenía miedo de sí mismo.
De reaccionar.
Blake sonrió apenas al notar el gesto.
—Sigues igual de roto, Hayes.
Eso hizo que algo oscuro cruzara el rostro de Noah.
Rápido. Intenso.
Peligroso.
Por un instante Evelyn realmente creyó que iba a golpearlo.
Pero Noah soltó lentamente el brazo de ella.
Y dio un paso atrás.
Controlándose.
Madison volvió a sonreír satisfecha.
Como si hubiera ganado algo.
—Nos vemos en la regional.
Ella y Blake finalmente se alejaron hacia la otra pista.
Los murmullos regresaron poco a poco.
Pero Noah seguía quieto.
Demasiado quieto.
Evelyn lo observó preocupada.
—Noah…
Él evitó mirarla.
Y eso le dolió más de lo esperado.
—Vamos otra vez desde el lift —murmuró.
Como si lo único que pudiera hacer cuando el mundo lo golpeaba…
Fuera seguir entrenando hasta romperse.




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