El estadio quedó completamente en silencio.
Evelyn seguía aferrada a Noah mientras ambos permanecían arrodillados sobre el hielo.
Respirando agitados.
Demasiado cerca.
Pero esta vez no había tensión romántica flotando entre ellos.
Había otra cosa.
Algo más intenso.
Más peligroso.
Porque Noah estaba pálido.
De verdad.
Sus manos seguían sujetándola con fuerza alrededor de la cintura, como si todavía creyera que podía caer otra vez.
Y sus ojos…
Dios.
Evelyn jamás había visto tanto miedo en una persona.
—Noah…
Él reaccionó apenas al escuchar su voz.
Como si hubiera vuelto de algún lugar horrible.
—¿Estás bien? —preguntó inmediatamente.
Demasiado rápido. Demasiado alterado.
Evelyn parpadeó sorprendida.
—Sí.
—¿Te golpeaste?
—No.
—¿El tobillo?
—Estoy bien.
Pero Noah seguía observándola como si necesitara comprobarlo diez veces más.
Richard se acercó desde afuera de la pista.
—Otra vez.
La cabeza de Evelyn giró automáticamente hacia él.
—¿Qué?
—El eje estuvo mal en el aterrizaje —dijo fríamente—. Corrígelo y repitan.
Noah se puso de pie lentamente.
Y algo en su expresión hizo que incluso el aire pareciera tensarse.
—No.
Richard frunció el ceño.
—¿Perdón?
—Dije que no.
Evelyn sintió un escalofrío recorrerle la espalda.
Porque Noah nunca levantaba la voz.
Pero en ese momento sonó peligrosamente cerca.
—Está cansada. Y el tobillo todavía no está estable.
Richard soltó una risa incrédula.
—El deporte no espera estabilidad emocional, Hayes.
Error.
Gravísimo error.
Evelyn vio inmediatamente cómo algo oscuro cruzaba el rostro de Noah.
Algo contenido durante demasiado tiempo.
—¿Eso es lo que le dices a todos tus atletas? —preguntó en voz baja—. ¿Que sigan hasta romperse?
Silencio.
Richard bajó un escalón más hacia la pista.
—No voy a recibir lecciones tuyas.
—No. Claro que no.
La mandíbula de Noah se tensó.
—Porque entonces tendrías que aceptar que eres parte del problema.
Evelyn dejó de respirar un segundo.
Richard dio otro paso.
—Ten cuidado con cómo me hablas.
—¿O qué? ¿También vas a destruirme a mí?
Okay. Esto ya era malo.
Muy malo.
Evelyn se puso rápidamente de pie entre ambos antes de que aquello explotara peor.
—¡Basta!
Los dos la miraron inmediatamente.
El corazón le golpeaba tan fuerte que dolía.
—No quiero seguir haciendo esto.
Richard abrió la boca para responder.
Pero Evelyn habló antes.
—No hoy.
El silencio cayó pesado sobre la pista.
Richard la observó unos segundos.
Claramente molesto.
Pero finalmente tomó la libreta y cerró el cronómetro con fuerza.
—Mañana a las seis.
Y se fue.
Simplemente así.
Como si no acabaran de destrozarse emocionalmente frente a todo el estadio.
Las puertas se cerraron de golpe detrás de él.
El silencio volvió.
Evelyn soltó lentamente el aire contenido.
Y recién entonces notó que Noah seguía temblando apenas.
Muy poco.
Pero lo suficiente.
—Hey…
Él apartó la mirada inmediatamente.
Como si no quisiera que ella lo viera así.
Eso le apretó algo dentro del pecho.
—Noah.
—Estoy bien.
Mentira.
Ella ya aprendía a reconocerlas.
Evelyn dio un paso hacia él lentamente.
—Me atrapaste.
Noah soltó una risa seca.
Sin humor.
—Por poco.
—Pero lo hiciste.
Él finalmente levantó la vista.
Y había algo roto ahí.
Algo que casi dolía mirar.
—No entiendes.
La voz salió más baja de lo normal.
Más vulnerable.
—Cuando te vi caer…
Se detuvo.
Tragó saliva.
Como si las palabras pesaran demasiado.
Evelyn sintió el corazón encogerse apenas.
—Pensaste en Ava.
Noah cerró los ojos.
Y eso fue suficiente respuesta.
Dios.
Todo este tiempo él había estado luchando contra eso solo.
Cada levantamiento. Cada salto. Cada vez que la sostenía.
Siempre aterrorizado.
Evelyn sintió una punzada horrible de tristeza.
Porque nadie debería cargar algo así con dieciocho años.
Sin pensar demasiado, levantó una mano lentamente.
Y tocó su rostro.
Suave.
Apenas rozándolo.
Noah abrió los ojos de golpe.
Sorprendido.
La respiración de ambos se mezcló en el aire helado.
—No pasó nada —susurró Evelyn—. Estoy aquí.
El mundo entero pareció detenerse.
Noah la miró de una forma distinta entonces.
Completamente distinta.
Como si aquellas palabras hubieran atravesado todas las paredes que intentaba mantener levantadas.
Su mano subió lentamente hasta cubrir la de ella contra su mejilla.
Y el corazón de Evelyn casi explotó.
Porque el gesto fue tan suave… tan cuidadoso…
Que dolió.
—No deberías ser tan buena conmigo —murmuró Noah.
Ella frunció apenas el ceño.
—¿Por qué?
Los ojos claros de Noah bajaron lentamente hacia sus labios.
Otra vez.
Y esta vez no apartó la mirada.
—Porque no sé cómo dejar de querer estar cerca tuyo.
El aire desapareció completamente de los pulmones de Evelyn.
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Editado: 04.06.2026