Evelyn no durmió nada.
Cada vez que cerraba los ojos veía la imagen.
Ava en el aire. Noah mirando hacia arriba con terror. El segundo exacto antes de que todo se destruyera.
Y ahora esa foto vivía dentro de su cabeza como una maldita obsesión.
A las cinco y media de la mañana ya estaba despierta, sentada al borde de la cama con el celular entre las manos.
El número seguía siendo desconocido.
Bloqueado.
Sin respuestas.
Pero Evelyn no necesitaba demasiadas pistas para imaginar quién podía haber enviado aquello.
Madison. Blake. O ambos.
El problema era que había funcionado.
Porque el miedo había regresado.
Y eso la hacía sentir culpable.
Muy culpable.
Noah la encontró sola sobre el hielo media hora después.
Lakewood Ice Arena todavía estaba casi vacío y las luces seguían apagadas parcialmente, dejando sombras azuladas sobre la pista.
Evelyn practicaba giros básicos demasiado rápido. Demasiado agresiva.
Como si intentara escapar de sus propios pensamientos.
Noah se apoyó sobre la baranda observándola unos segundos.
—Vas a terminar mareándote.
Ella frenó de golpe.
Y casi pierde equilibrio.
Perfecto.
Noah frunció apenas el ceño.
—Hey.
Evelyn evitó mirarlo directamente.
Error enorme.
Porque Noah notaba todo.
—¿Qué pasó?
—Nada.
Silencio.
Después una exhalación suave de parte de él.
—Evelyn.
La forma en que dijo su nombre… tranquila, cercana, demasiado cálida…
Hizo que el pecho le doliera un poco.
Porque justo ahora no sabía cómo manejar lo que sentía.
Noah se acercó lentamente hasta quedar frente a ella sobre el hielo.
—Mírame.
Ella obedeció casi automáticamente.
Y Noah entendió inmediatamente que algo estaba mal.
Evelyn lo vio en sus ojos.
La preocupación apareciendo al instante.
—¿Quién te hizo llorar?
La pregunta la desarmó completamente.
Porque nadie preguntaba eso así. Con enojo suave. Con preocupación real.
Ella tragó saliva.
—No lloré.
—Tus ojos están rojos.
Maldito observador profesional.
Evelyn bajó la mirada un segundo antes de sacar lentamente el celular del bolsillo.
—Anoche me enviaron esto.
Noah tomó el teléfono.
Y apenas vio la imagen…
Todo su cuerpo se quedó inmóvil.
El color abandonó lentamente su rostro.
Silencio.
Uno horrible.
Evelyn sintió culpa inmediatamente.
Porque Noah estaba mirando esa foto como si acabara de regresar al peor día de su vida.
Sus dedos se tensaron alrededor del celular apenas.
—¿Quién te la mandó?
La voz salió completamente distinta.
Fría. Baja. Peligrosa.
Evelyn tragó saliva.
—No sé.
Noah siguió mirando la imagen unos segundos más.
Y entonces devolvió el teléfono lentamente.
Como si tocar aquello quemara.
—No deberías haber visto eso.
El corazón de Evelyn se encogió.
—Noah…
Él apartó la mirada hacia la pista vacía.
Y por primera vez…
Parecía realmente agotado.
No físicamente.
Emocionalmente.
—A veces pienso que Blake disfruta recordándome quién soy.
La frase golpeó directo en el pecho de Evelyn.
Porque él realmente lo creía.
Dios.
Ella dio un paso hacia él lentamente.
—Eso no te define.
Noah soltó una risa baja.
Vacía.
—Una chica quedó destruida por mi culpa, Evelyn.
—Fue un accidente.
—Pero pasó.
Silencio.
El dolor en su voz era tan real que casi costaba respirar escuchándolo.
Noah pasó una mano por su nuca.
Y habló sin mirarla.
—¿Sabes qué es lo peor?
Evelyn esperó.
—Que durante meses después del accidente… deseé haber sido yo quien cayó.
El aire desapareció completamente de los pulmones de Evelyn.
No.
No. No.
Ella sintió algo romperse dentro del pecho.
Porque nadie debería decir algo así con tanta honestidad.
Noah apoyó los antebrazos sobre la baranda mirando el hielo.
Perdido en algún recuerdo horrible.
—Ava era increíble —murmuró—. Merecía competir. Merecía todo.
Evelyn tragó fuerte.
Y entonces entendió algo.
Noah no estaba intentando castigarse por obligación.
Llevaba años destruyéndose solo.
Lentamente.
Todos los días.
Sin pensar demasiado, Evelyn se acercó más.
Y tomó suavemente una de sus manos.
Noah dejó de hablar inmediatamente.
Sus dedos estaban fríos.
Tensos.
Ella los sostuvo igual.
—Mírame.
Él dudó unos segundos.
Después obedeció.
Y Evelyn sintió el corazón romperse un poco más al ver sus ojos.
Tan cansados.
Tan llenos de culpa.
—No voy a dejar que te odies así para siempre —susurró.
Noah la observó en silencio.
Como si nadie le hubiera hablado de esa forma antes.
Como si no entendiera cómo alguien todavía podía mirarlo sin miedo.
Evelyn sintió lágrimas picándole otra vez.
Porque la verdad era horrible:
No le daba miedo Noah.
Le daba miedo cuánto estaba enamorándose de él.
#2409 en Novela romántica
#224 en Thriller
#96 en Misterio
mafia romance y misterio, secreto pasado dolor superacion, romance deportivo
Editado: 04.06.2026