El ruido volvió a escucharse.
Más fuerte esta vez.
Metal golpeando contra algo.
Noah reaccionó inmediatamente.
Su expresión cambió por completo en un segundo: la suavidad desapareció, la calma también.
Instinto puro.
—Quédate aquí —dijo avanzando hacia la salida de la pista.
Evelyn lo siguió igual.
—Ni loca.
Noah abrió la boca para protestar. Demasiado tarde.
Ella ya iba detrás de él.
Ambos avanzaron rápidamente por el pasillo lateral del estadio mientras el eco del golpe todavía vibraba en las paredes vacías.
Lakewood Ice Arena se sentía extraño tan temprano.
Oscuro. Silencioso.
Casi inquietante.
Otro sonido.
Esta vez proveniente de los vestuarios principales.
Noah aceleró el paso.
Evelyn sintió el corazón golpeándole las costillas mientras lo seguía.
Y entonces—
La puerta del vestuario masculino estaba entreabierta.
Noah se detuvo en seco.
Algo no estaba bien.
Ella lo supo antes incluso de entrar.
Porque Noah había quedado completamente inmóvil.
Tenso.
—¿Noah…?
Él empujó lentamente la puerta.
Y Evelyn sintió el aire desaparecer de sus pulmones.
Todo estaba destruido.
Taquillas abiertas. Ropa tirada. Patines en el suelo. Bolsos vaciados.
Como si alguien hubiera arrasado el lugar buscando algo… o enviando un mensaje.
El pecho de Evelyn se apretó de golpe.
—Dios…
Noah avanzó lentamente entre el desastre observando todo en silencio.
Demasiado silencio.
Y entonces Evelyn lo vio.
Los patines de Noah.
Tirados en el suelo.
Con las cuchillas completamente destrozadas.
Alguien las había rayado brutalmente contra cemento hasta deformarlas.
Inutilizándolas.
El corazón de Evelyn cayó directo al vacío.
—Noah…
Él se agachó lentamente frente a los patines.
Sin tocarlos todavía.
Como si ya supiera exactamente lo que significaba aquello.
Evelyn sintió rabia inmediata recorriéndole el cuerpo.
Porque esto no era una broma. Ni rivalidad deportiva.
Era sabotaje.
Y lo peor era que todos sabían quién podía haber sido.
Noah finalmente tomó uno de los patines entre las manos.
La mandíbula marcada. Los ojos completamente vacíos.
Eso asustó más a Evelyn que verlo furioso.
Porque parecía… apagado.
Ella se acercó rápidamente.
—Vamos a decirle a la federación.
Noah soltó una pequeña risa amarga.
—¿Y decir qué exactamente?
Evelyn frunció el ceño.
—¡Que alguien destruyó tus patines!
—No tenemos pruebas.
Maldita sea.
Tenía razón.
Pero igual…
—Fueron ellos.
Noah no respondió.
Y eso le dio aún más bronca.
—¡Noah!
Él levantó lentamente la vista hacia ella.
Y había algo peligrosamente cansado en sus ojos.
—Esto recién empieza, Evelyn.
La frase le heló la sangre.
Ella tragó saliva.
—¿Qué quieres decir?
Noah se puso de pie lentamente sosteniendo el patín roto.
—Blake no amenaza por diversión.
El silencio se volvió pesado.
Porque ahora ya no parecía paranoia.
Parecía real.
Muy real.
Evelyn apretó las manos.
—No voy a dejar que hagan esto.
Noah la observó unos segundos.
Y entonces algo cambió apenas en su expresión.
Más suave.
Más preocupado.
—Eso es exactamente lo que me asusta.
Antes de que ella pudiera responder, otra voz apareció detrás de ellos.
—¿Qué demonios pasó aquí?
Richard.
Evelyn giró rápidamente.
Su padre acababa de entrar al vestuario y quedó paralizado observando el desastre.
Sus ojos bajaron inmediatamente hacia los patines dañados de Noah.
Y por primera vez desde que ella recordaba…
Richard Carter pareció genuinamente impactado.
Noah dejó lentamente los patines sobre una banca.
—Alguien entró anoche.
Richard recorrió el lugar con la mirada.
Cada detalle. Cada daño.
La expresión endureciéndose más y más.
—¿Vieron a alguien?
—No —respondió Evelyn rápidamente—. Pero sabemos quién fue.
Richard la miró.
Y aunque no dijo nombres…
Todos pensaron exactamente lo mismo.
Madison. Blake.
Richard pasó una mano por su mandíbula claramente furioso.
—Voy a revisar las cámaras.
Eso hizo que Noah levantara apenas la cabeza.
Primera reacción real desde que entraron.
—¿Hay cámaras en este pasillo?
—Sí.
El corazón de Evelyn dio un salto.
Okay. Bien. Perfecto.
Finalmente algo.
Pero entonces Richard agregó:
—Aunque casualmente dejaron de grabar entre las dos y las cuatro de la mañana.
Silencio absoluto.
Noah soltó una exhalación por la nariz.
Sin sorpresa.
Como si ya esperara algo así.
Evelyn sintió rabia hirviendo dentro del pecho.
—No pueden seguir haciendo esto.
Richard observó a Noah unos segundos.
Después habló más bajo.
Más serio.
—¿Tienes otro par?
Noah negó apenas.
—No para competir.
Maldita sea.
Los clasificatorios eran en pocos días.
Y unos patines nuevos tardaban semanas en adaptarse completamente.
Evelyn vio cómo Noah apartaba la mirada hacia el suelo otra vez.
Y entendió inmediatamente lo que estaba pensando.
No el sabotaje.
No la competencia.
El miedo.
Porque otra vez el universo parecía decirle exactamente lo mismo:
“No deberías estar aquí.”
Y Evelyn se negó completamente a permitir que creyera eso otra vez.
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Editado: 04.06.2026