Deslizándome hacia ti

Capitulo 32: Lo que duele también sana

Noah intentó apartarse inmediatamente.
Instinto.
Como si incluso llorar frente a alguien fuera demasiado peligroso.
Pero Evelyn no lo dejó.
Lo sostuvo más fuerte.
Sus brazos rodeándolo con una firmeza suave que terminó de destruir las pocas defensas que todavía le quedaban.
El pecho de Noah subía y bajaba irregularmente mientras intentaba recuperar el control.
Años.
Llevaba años tragándose todo solo.
La culpa. El miedo. Los recuerdos.
Y ahora Evelyn estaba ahí… sosteniéndolo como si no hubiera nada vergonzoso en romperse un poco.
Eso dolía más que cualquier otra cosa.
Porque se sentía demasiado bien.
—Hey —susurró ella acariciando lentamente su espalda—. Está bien.
Noah soltó una pequeña risa rota contra su cabello.
—No tienes idea de lo mal que estoy manejando esto.
Evelyn se apartó apenas lo suficiente para mirarlo.
Y el corazón se le hizo pedazos.
Porque Noah realmente parecía avergonzado de estar sufriendo.
Ella levantó una mano hacia su rostro limpiando suavemente la humedad bajo sus ojos.
—No tienes que fingir conmigo.
Los ojos claros de Noah se cerraron un segundo.
Como si esas palabras le dolieran.
O lo salvaran.
Quizás ambas.
—Odio hablar del accidente —admitió en voz baja.
—Lo sé.
—Cada vez que lo hago siento que vuelvo ahí otra vez.
Evelyn tragó fuerte.
Porque podía verlo.
La forma en que el cuerpo de Noah se tensaba cada vez que mencionaban a Ava. Cómo evitaba ciertos saltos. Cómo se culpaba incluso cuando respiraba.
Y ahora todo tenía todavía más sentido.
Si alguien realmente había saboteado aquel programa…
Entonces Noah llevaba años castigándose por algo que quizás jamás fue culpa suya.
La rabia que sintió hacia Blake fue instantánea.
Violenta.
Noah bajó lentamente la mirada hacia ella.
Y aunque seguía roto… había algo distinto ahora.
Más abierto.
Como si finalmente hubiera dejado entrar a alguien en el lugar más oscuro de su cabeza.
—No quería que me vieras así.
Evelyn frunció el ceño inmediatamente.
—¿Así cómo?
Él dudó apenas.
—Débil.
Okay.
No. Eso no iba a pasar.
Ella tomó suavemente su rostro entre las manos.
Obligándolo a mirarla.
—Noah Hayes, literalmente eres la persona más fuerte que conozco.
Él soltó una pequeña exhalación incrédula.
—Lloré sobre ti hace treinta segundos.
—Y aun así sigues siendo fuerte.
Silencio.
Evelyn acarició apenas su mejilla con el pulgar.
—¿Sabes lo difícil que es sobrevivir algo así y seguir subiendo al hielo?
Noah apartó la mirada un segundo.
Como si jamás hubiera pensado en eso.
Porque claro.
Solo veía culpa. Nunca resistencia.
Ella se acercó apenas más.
—Tú no estás roto, Noah.
El corazón de él dio un golpe brutal dentro del pecho.
Porque nadie… nadie jamás le había dicho algo así.
Evelyn sonrió triste.
—Solo estás herido.
Dios.
Eso terminó de destruirlo emocionalmente.
Noah apoyó lentamente la frente contra la de ella cerrando los ojos.
Respirando.
Intentando memorizar ese momento.
Porque por primera vez en muchísimo tiempo…
No se sentía completamente solo dentro de su cabeza.
Más tarde esa noche, Noah acompañó a Evelyn hasta la residencia estudiantil.
La nieve seguía cayendo suavemente alrededor de ambos mientras caminaban en silencio.
Pero era un silencio distinto.
Más íntimo.
Más tranquilo.
Como si algo importante hubiera cambiado entre ellos después de aquella conversación.
Evelyn llevaba las manos escondidas dentro de las mangas del abrigo.
Congelada.
Noah la observó apenas.
—Tus manos están heladas.
—Porque estamos básicamente caminando dentro de un congelador gigante.
Él soltó una pequeña risa.
Y antes de que Evelyn pudiera reaccionar…
Tomó suavemente una de sus manos y la guardó dentro del bolsillo de su propio abrigo.
El corazón de ella tropezó violentamente.
Porque aquello fue absurdamente simple.
Y aun así… demasiado íntimo.
Noah bajó apenas la vista hacia ella.
—¿Mejor?
Evelyn intentó recordar cómo funcionaba respirar.
—Un poco.
Mentira absoluta.
Estaba empeorando. Muchísimo.
Porque Noah seguía mirándola de esa forma.
Suave. Cálida.
Completamente enamorada.
Cuando llegaron frente al edificio, ninguno habló enseguida.
La nieve caía lentamente entre ambos mientras las luces amarillas iluminaban el cabello oscuro de Noah.
Evelyn sintió el corazón latiendo demasiado fuerte.
Porque no quería subir todavía.
Y aparentemente Noah tampoco quería irse.
Él acarició apenas los dedos de ella dentro del bolsillo del abrigo.
Un gesto pequeño.
Pero devastador.
—Mañana va a ser horrible —murmuró Noah refiriéndose a la investigación.
Evelyn asintió apenas.
—Entonces sobrevivimos juntos.
Los ojos de Noah se suavizaron inmediatamente.
Y entonces hizo algo que casi mata a Evelyn emocionalmente:
Sonrió contra su frente antes de besarla suavemente.
Lento. Cálido.
Como una promesa silenciosa.
Y por un segundo…
Ella realmente creyó que todo podía salir bien.
Hasta que una sombra apareció observándolos desde el otro lado de la calle.
Y cuando Noah levantó la vista…
Su expresión cambió por completo.
Porque Blake Donovan seguía ahí.
Mirándolos.




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